05 enero 2016

Villa Quijano; El Capricho de Gaudí (Comillas, Cantabria)


Una de las primeras obras del arquitecto Antoni Gaudí, que se conservan en la actualidad, es la casa que diseñó para Máximo Díaz de Quijano. Un soltero acaudalado, concuñado de Antonio López López primer Marqués de Comillas, que necesitaba una villa de veraneo en Cantabria.

Corría el año 1883 (diez años antes de que se declarara el modernismo de Víctor Horta como estilo arquitectónico en Bruselas), en San Petersburgo se iniciaban las obras de la Iglesia de la Resurrección de Cristo, y dirigiendo la construcción que comenzaba en Comillas, se encontraba un compañero de promoción de Gaudí de la Escuela de Arquitectura de Barcelona: el arquitecto Cristóbal Cascante Colom. Con las órdenes que recibía de Gaudí desde Barcelona (el arquitecto se encontraba levantando la Casa Vicens y no podía desplazarse hasta Comillas) y con una minuciosa maqueta y multitud de planos detallados se creó El Capricho de Gaudí que se terminaría en 1885. La casa destaca por su llamativo color y esa reminiscencia árabe y orientalista que evoca a las Mil y Una Noches y que estuvo muy presente en las primeras obras de Antoni Gaudí.

Esta casa es un girasol


Uno de los detalles que más te van a sorprender cuando visites esta casa, es que fue diseñada para que cada estancia de la vivienda fuera “iluminada” por el astro rey, a la hora exacta en que fuera necesario. La “tecnología” usada no es otra que la del aprovechamiento de la trayectoria solar desde el amanecer hasta el ocaso. Esa es la razón por la que el girasol forma parte de la colorida decoración de El Capricho, en clara alusión a esta particularidad solar. Además, Máximo Díaz de Quijano era amante de las plantas y de la música, elementos muy presentes en las diferentes estancias de esta casa.


El recubrimiento del exterior del edificio es de ladrillo visto, intercalando piezas de tonalidad amarilla y rojiza con cenefas de cerámica vidriada en relieve que imitan hojas de un verde intenso y delicadas flores de girasol. Estas piezas hechas a mano recorren simétricamente en líneas horizontales todo el perímetro de la casa y enmarcan el contorno de las ventanas, las chimeneas y la cornisa del tejado.

El dormitorio principal
La primera época gaudiniana tiene muchos detalles del arte mudéjar, en El Capricho se pueden encontrar por ejemplo en los techos de las habitaciones decorados con bellos artesonados. La luz matinal entra a través de un gran ventanal que ilumina el dormitorio principal a primera hora de la mañana, así como el semisótano. Es la estancia más grande de la casa después del invernadero y posee una chimenea decorada con detalles cerámicos florales.


Bajo la terraza del dormitorio, el desnivel del terreno permitió a Gaudí situar la cochera, donde hoy en día se encuentra situada la tienda de regalos y recuerdos de El Capricho. El cuerpo es una gruesa base de piedra almohadillada muy visible desde el camino de entrada actual. El resto del semisótano serviría para instalar la cocina, el almacén o despensa, así como otras estancias del servicio repartidas también en la planta de arriba donde se encuentra el desván.

El Invernadero


Máximo Díaz de Quijano era un abogado soltero que había hecho fortuna en Cuba. Como muchos de los Indianos que volvieron de América, su casa reflejaba el exotismo de aquellas tierras lejanas. La opulencia de la riqueza ganada aquí era evidente en el caprichoso arte de cultivar plantas exóticas de las Américas. El invernadero con paredes de vidrio se situó como sala principal ocupando toda la fachada sur, la parte más soleada del edificio. A este espacio acristalado se le añadiría el resto de habitaciones, como piezas que encajan perfectamente alrededor de un pasillo en forma de U. El invernadero se podía utilizar como salón de invierno gracias a la luz y temperatura que se alcanzaba en la sala y que además servía gracias a un sistema de aire, distribuir el calor a las otras habitaciones. En la actualidad un vídeo introduce al visitante en la época y en la historia que rodea Villa Quijano.

El patio y terraza


Frente al invernadero se levanta un original muro de contención de ladrillo y detalles cerámicos que Gaudí convirtió en un banco-jardinera. Una pequeña obra que el arquitecto desarrollaría más tarde y a mayor escala en el Park Güell y también en los Jardines Artigas, con soluciones parecidas como las escaleras que esconden un túnel. En uno de los lados se encuentra la estatua de Antoni Gaudí que contempla embelesado su obra.

El comedor y el salón para fumar


Situado a poniente, el “salón de fumar” o el Salón de Juego permitía que la luz del atardecer inundara la estancia cuando se ocupaba por la tarde. Una pequeña chimenea de carbón preside una de las esquinas del comedor adosado al salón de fumar gracias a una gran abertura. La estancia recibe el sol del mediodía gracias a las ventanas situadas en el lado sur. El techo luce un bonito y elaborado artesonado con flores de yeso que imitan a la madera, mientras una cenefa de cerámica con motivos vegetales y animales recorre el zócalo de madera de la pared.

La torre y la entrada principal


Una única torre en forma de minarete persa acapara todas las miradas de la entrada principal. Está recubierta de baldosas de cerámica de color verde, granate, hojas y flores de girasol. El remate en forma de turbante no deja a nadie indiferente. Un balcón de forja con diseños de hojas de parra y claves de sol bordea este mirador exclusivo que Gaudí reproduciría en la Torre Bellesguard y en los Pabellones del Park Güell. El bosque de castaños que rodeaba la finca impedía una buena vista panorámica del Mar Cantábrico y este mirador solucionaba el problema. Una escalera de caracol recorre su interior iluminada por estrechas ventanas dispuestas de forma alternada en la torre. Por motivos de seguridad no está permitido el acceso a la torre.

El pórtico de entrada está presidido por cuatro columnas de piedra decoradas con capiteles vegetales con hojas de palmito cinceladas y donde se pueden ver también, unas palomas esculpidas. Aunque no pudieron ser terminadas a causa de la repentina enfermedad y fallecimiento del propietario. Las columnas que están situadas en los cuatro puntos cardinales, dan paso al recibidor donde se conserva una puerta con coloridas vidrieras de inspiración floral.

Sala de música


La fachada norte está presidida por dos balcones con dosel convertidos en bancos de hierro forjado. Permitían estar sentado cómodamente en el jardín sin salir de casa. Están orientados hacia el interior del salón principal, donde se encuentra la sala de música, como si fueran los asientos de un palco real reservado para el disfrute de las artes. ¿Te imaginas escuchar música en verano en la parte más fresca de la casa?. Entre los dos balcones Gaudí diseñó un gran ventanal con un complicado sistema de contrapesos que permitía que al levantar las ventanas de guillotina, se emitiera un musical tintineo, gracias a unos tubos metálicos que cimbrean en su interior. En la pared que separa la sala del invernadero se abrió un juego de cuatro ventanas que permite el paso de luz en todas las direcciones.

El baño


Una de las vidrieras más antiguas de Gaudí se conservan en el baño de Villa Quijano. El genial arquitecto combinó la pasión por la música y la naturaleza del propietario, y plasmó una imagen de una abeja que parece que toque la guitarra y un gorrión posado sobre las teclas de un órgano. Aunque no se ha conservado ninguna pieza del sanitario del baño, los azulejos blancos que cubren la pared, lucen con formas y texturas sinuosas. ¿No te recuerda a la imagen de los círculos que hace el agua cuando cae una gota? El espacio tenía vestidor, una zona donde se ubicaba la bañera y un inodoro escondido tras la puerta como se puede ver en el baño principal de la Casa-museo de Victor Horta en Bruselas.

Planta superior


Dos escaleras situadas en el hall de entrada y junto al invernadero llevan a la planta donde se encuentra el desván que presenta un complejo sistema de vigas de madera. Aunque el espacio permanece vacío, sin decoración alguna, tiene acceso a una terraza que rodea la cubierta del invernadero. En la parte exterior destacan las distintas chimeneas de formas geométricas y que recuerdan al estilo cubista.

Jardines y gruta


Dicen que los jardines de Villa Quijano son uno de los pocos proyectos de paisajismo originales que se han conservado de Antoni Gaudí. El espacio situado frente al cenador de poniente tiene forma de herradura lo que facilitaba el acceso a la puerta principal y las maniobras de los carruajes. Aquí se encuentra una pequeña gruta que ofrecía un espacio fresco para sentarse en verano.

En 1885 fallecía el dueño de Villa Quijano, su sobrino Eusebio López y Díaz de Quijano realizaría reformas en 1914 sustituyendo el invernadero y las tejas cerámicas. Tras la Guerra Civil fue paulatinamente abandonado y estuvo a punto de desaparecer, a pesar de que en 1969 se declaró Bien de Interés Cultural. Estuvo a la venta e incluso se planteó el traslado del edificio a Reus, los únicos que parecían interesarlos en salvarlo. En 1989 se convirtió en restaurante y más tarde fue vendido a una empresa japonesa, para finalmente acabar en el año 2009 convertido en museo.


Más información: Dirección: Barrio de Sobrellano s/n, 39520 Comillas (Cantabria). Teléfono: (+0034) 942 720 365. Cómo llegar: desde Santander hay autobuses de la Compañía Cantábrica que recorren diariamente la ruta hacia Comillas y regresan a Santander al finalizar el día. Se puede consultar horarios en la Estación Central de autobuses de Santander o en el teléfono (+0034) 942 720 822. Precio del billete de autobús: 4 €. Precio de entrada a El Capricho de Gaudí: 5 €. Horario: De noviembre a febrero: diariamente de 10:30 a 17:30 h. De marzo a junio y octubre: diariamente de 10:30 a 20 h. De julio a septiembre: diariamente de 10:30 a 21 h. Hay disponible de forma gratuita un mapa para la visita así como visitas guiadas sin coste adicional a las 11, 12, 13 y 16 h. Web: El Capricho de Gaudí.

Gracias a Carlos Mirapeix por mostrarme El Capricho de Gaudí y contarme algunos de sus secretos.

6 comentarios:

jordi (milviatges) dijo...

Visité Comillas hace más de 15 años. Me debería plantear volver por la cornisa cantábrica. La verdad es que desde fuera tiene cierta semejanza con la Casa Vicens, de Barcelona. Me hay gustado el artículo!

Luis Fernández del Campo dijo...

Muy buena descripción del Capricho, del que se dice es la única obra de Gaudí que su autor no llegó a ver en persona, pues nunca viajó a Comillas.
Allí, cuando era restaurante, en 2006 celebramos la última comida familiar con mi padre, que fallecía unas semanas después. Un marco incomparable para un recuerdo imborrable.

Planeta Dunia dijo...

Dicen que El Capricho de Gaudí es tan "perfecto" y fiel al estilo del arquitecto que creen que hizo una visita de incógnito para ver cómo estaba quedando. Creo que en una biografía de Josep María Sert comenta que Gaudí hizo un viaje a Galicia y creen que podría haber hecho un alto en el camino en Cantabria.
Los genios siempre están rodeados de leyendas ¿verdad?
Gracias por vuestros comentarios

maria dijo...

Quién es ahora su propietario?

Planeta Dunia dijo...

Hola María, desconozco el nombre y apellidos del propietario, por lo que sé, en la actualidad es una propiedad privada.

Anónimo dijo...

Hola por favor tendrías alguna foto que me pudieses enseñar de el lugar donde están ubicadas las cerámicas marrones con pájaros y mariposas, tengo una de esas piezas y no se donde se encuentran tu descripción es fantástica pero querría ubicar este socalo gracias
luis

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