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| Vista de la entrada al castillo de Carcassonne y su puente sobre el foso |
El castillo es la edificación más imponente de la
Ciudadela de Carcassonne; es el testigo de piedra de una compleja
transición política. Erigido sobre el punto más alto del espolón rocoso, este
castillo define la silueta de la fortaleza medieval y actúa como la última línea de defensa de la
ciudad. Recorrer sus estancias permite comprender cómo una residencia señorial
del siglo XII se transformó, a través de la estrategia militar y el poder real,
en una fortaleza inexpugnable. Para
entender la singularidad de este castillo, es necesario mirar más allá de sus
murallas y comprender la convulsión histórica que lo moldeó durante el siglo
XIII.
Historia del castillo condal: De los Trencavel a la corona real
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| El castillo de Carcassonne fue el más moderno de su época |
La historia del castillo de
Carcassonne está intrínsecamente ligada a la poderosa dinastía de los Trencavel —vizcondes de Béziers y Carcassonne—,
quienes durante el siglo XII dominaron la región. En esta época de prosperidad,
dotaron a la ciudad de un palatium,
la residencia que constituye el núcleo
original del actual castillo. Los Trencavel
lograron mantener un delicado equilibrio de poder frente a los condes de
Toulouse y Barcelona, consolidando su autonomía en la zona.
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| Soldados defendiendo la fortaleza desde el interior de un cadalso. Imagen generada con IA |
Sin embargo, esta estabilidad se
truncó con
la cruzada contra los
albigenses (1209-1229). El 15 de agosto de 1209, tras un asedio de 15 días,
la Ciudadela cayó y el vizconde
Raymond-Roger Trencavel fue depuesto,
dando paso a
Simon de Montfort. Como líder
militar de la cruzada, este personaje se convertiría en el ejecutor de una
política de terror, tristemente célebre por el episodio de Béziers, donde
profirió la terrible orden:
“Matadlos a
todos, Dios reconocerá a los suyos”. Un suceso brutal que relato con más
detalle en mi
escapada de fin de semana a Béziers.
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| Cuando Luis IX mandó reparar la muralla, algunas partes tenían ya mil años |
En 1226, el vizcondado se integró
formalmente en el dominio real francés. Fue bajo el reinado de Luis IX (San Luis) cuando el antiguo palacio de los Trencavel sufrió su transformación más radical: se convirtió en un castillo-fortaleza,
sede del senescal del rey. Como figura principal de la administración real, el senescal era el encargado de impartir
justicia en nombre del rey, recaudar los impuestos reales y, fundamentalmente,
asegurar que este bastión estratégico permaneciera bajo el control férreo de
Francia, disuadiendo cualquier intento de rebelión en un territorio que,
durante décadas, había mantenido su propia independencia.
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| Planta del castillo de Carcassonne. Imagen generada con IA |
La planta del castillo es
rectangular y está flanqueada por torres almenadas, las cuales desvelan
el avance técnico logrado por los
arquitectos reales desde la época de Felipe
II de Francia, más conocido como Philippe
Auguste (1165–1223). Al observar los lienzos
de muralla, se distingue claramente el sector que corresponde a la época medieval, situado a mano
izquierda, al oeste. Por otro lado, a mano derecha, al norte, se encuentra el
lienzo de muralla que preserva la esencia galorromana del siglo IV.
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| Vista panorámica del castillo y su potente sistema defensivo medieval |
Se trata de los vestigios
galorromanos que representan la capa
defensiva más antigua de toda la Ciudadela de Carcassonne, sobre cuya base
se asentó posteriormente la fortificación medieval. Es fascinante observar
cómo, en este punto preciso del castillo, las torres en forma de «U»—características de la fortificación
galorromana original, con su lado redondeado
orientado al exterior— conviven con todo lo construido o modificado bajo el
mandato de los reyes de Francia (especialmente Luis IX), demostrando que la técnica romana siguió siendo eficaz
siglos después.
Barbacana del castillo
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| Los muros de la barbacana protegían el acceso fortificado |
La primera estructura defensiva
que sale a nuestro encuentro es la barbacana, una trampa estratégica diseñada para
diezmar a cualquier atacante. Erigida durante el siglo XIII y reparada por Felipe III, «el Atrevido», esta fortificación
avanzada tenía como misión principal proteger el acceso al castillo de
Carcassonne. De planta semicircular,
la obra se encuentra flanqueada por caminos
de ronda y un coronamiento almenado, exponiendo al enemigo a un espacio
confinado y vulnerable ante la defensa superior, protegida por un conjunto de saeteras —abertura estrecha y alargada
en un muro, diseñada específicamente para que los arqueros o ballesteros
pudieran disparar hacia el exterior, mientras quedaba protegido el arquero, ya
que el hueco era lo suficientemente pequeño como para que fuera difícil
acertarle desde fuera—.
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| Sistema exterior defensivo concebido para retrasar y hostigar el avance enemigo |
El piso superior de esta
barbacana estaba completamente abierto
hacia el lado del castillo. De este modo, si los atacantes lograban rebasar los
accesos y tomar esta plataforma, quedaban
atrapados en un callejón sin salida. Al carecer de protección por la
retaguardia, les resultaba imposible utilizarla como bastión fortificado desde
el cual defenderse, ya que la guarnición los podía aniquilar por completo desde la seguridad del recinto interior. A
pesar de su carácter marcadamente militar, se trata de una construcción
notable, de excelente factura.
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| La barbacana se levanta delante del foso seco |
Tras superar la barbacana, el siguiente
obstáculo crítico era un foso seco
excavado directamente en la roca en el siglo XII. Se extendía a lo largo de
tres de sus lados, para aislar y proteger el castillo, que sería ampliado en el
siglo siguiente. Salvar este abismo exigía cruzar un sofisticado sistema defensivo que, durante la Edad
Media, combinaba un puente de piedra que terminaba a dos metros de la puerta de
entrada, a la que solo se podía llegar añadiendo un puente de madera
desmontable. El puente original fue sustituido por el actual puente de piedra que data del siglo XVII.
Entrada principal del castillo
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| La puerta principal estaba custodiada por dos imponentes torres defensivas |
La entrada principal del castillo
de Carcassonne constituye una espectacular pieza de ingeniería defensiva
flanqueada por dos torres gemelas,
cuya protección se estructuraba en varios niveles de seguridad. En los dos
primeros pisos, las defensas frontal y posterior se articulaban mediante un matacán —la abertura cenital de piedra
destinada al lanzamiento de proyectiles sobre los atacantes— y un sistema de reja levadiza. En la planta baja, una puerta doble reforzaba el cierre hacia
el interior, mientras que el tercer piso, dotado de un suelo de madera, permitía a los defensores el acceso directo a las
almenas para las operaciones de combate.
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| Detalle del tejado cónico de pizarra que rematan las torres del acceso principal |
Las torres albergan dos niveles
abovedados, perforados por saeteras,
mientras que los dos pisos superiores se encontraban separados por forjados de
madera. Ambas torres están unidas por una construcción sobre un arco de medio punto que cubre la puerta
con un matacán. La puerta se cerraba
por un rastrillo; ese tipo de puerta
enrejada que tiene forma de peine y que sale en todas las películas medievales,
cerrándose siempre en el último segundo. Al que le seguía una puerta con
armazón de hierro, seguido de otro rastrillo. El acceso a este espacio se
realizaba a través de una escalera de
madera dispuesta contra la pared plana de la puerta, orientada hacia el
patio, o bien a través de los caminos de
ronda de los lienzos de muralla.
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| Sala de guardia en el interior de las torres de la entrada |
Un detalle arquitectónico curioso
es que, si bien las torres presentan una forma cilíndrica desde el exterior,
sus niveles superiores tienen un interior de planta poligonal con ángulos cortados. Esta decisión respondía a
una necesidad técnica, ya que resultaba mucho más sencillo y eficiente diseñar
la carpintería de las techumbres sobre esta traza geométrica que sobre uno
circular, que habría exigido maderas curvas y ensamblajes complejos.
Patio de honor
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| Núcleo central del palacio condal alrededor del cual se estructuraban las dependencias |
Cruzado el umbral de la entrada,
accedemos al patio de honor del
castillo (cour d'honneur), un espacio
situado al oeste, sobre un promontorio que domina el cauce del río Aude —el
antiguo Atax de los romanos—. El
primer castillo feudal de la alta Edad Media, ya mencionado en el siglo XI como
residencia habitada, albergaba un gran salón, cocinas y establos, contaba con una
torre de vigilancia y una imponente torre del homenaje, que podemos ver
frente a nosotros tras cruzar la puerta de acceso al patio.
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| Plano del Palacio Real de Carcassonne. Imagen generada con IA |
Los dos edificios residenciales principales se distribuyen en forma de «L» partiendo
de la torre del homenaje. En su fachada todavía se perciben los contornos del
antiguo palacio feudal, mientras que a la derecha se extienden los cuerpos de
edificio que conformaban el corazón del palacio
de los Trencavel en el siglo XII.
Este núcleo residencial también experimentó profundas modificaciones para mejorar la comodidad y facilitar las
funciones de la administración real.
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| Detalle ornamental en un muro del antiguo palacio condal |
Sin embargo, con el declive de la
ciudadela y la preferencia de la monarquía por la ciudad baja, el castillo
perdió su estatus residencial para convertirse en un cuartel militar. La función castrense mantuvo ocupadas sus
dependencias hasta bien entrado el siglo XX y dejó algunos añadidos sobre las
fortificaciones medievales. Fue gracias a las intensas labores de restauración
acometidas en el siglo XIX cuando el complejo recuperó la silueta del castillo real propia de los siglos XIII y
XIV que contemplamos hoy.
Sala de proyección Viollet-le-Duc
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| Espacio audiovisual dedicado a la ambiciosa restauración decimonónica del conjunto monumental |
Para continuar la visita,
ascendemos por la gran escalera
situada a la izquierda de la entrada al patio, que nos conduce directamente
hasta el segundo piso. Nos
encontramos en el ala residencial del
castillo, que se extiende justo detrás de las torres de entrada. Antaño se ubicaban
los aposentos de los señores, una gran sala y, en los sótanos, las cocinas. Hoy
en día, este espacio alberga la Sala
Viollet-le-Duc, donde se proyecta a lo largo de toda una pared «Tras los pasos de la Cité», un cortometraje subtitulado de once
minutos de duración. La filmación explica la evolución histórica del monumento,
detallando las etapas clave de su
restauración.
Sala de la maqueta
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| Reproducción a escala que detalla la compleja morfología de la fortaleza defensiva |
Siguiendo el recorrido, la visita
nos conduce hasta la Sala de la maqueta.
Este espacio expone una minuciosa maqueta
de madera a escala 1/100 que reproduce con total fidelidad las fortificaciones de la Ciudadela y su
basílica. Fue realizada por el artesano local Louis Lacombe (1856-1933), cariñosamente apodado «Cigalet», quien dedicó cuarenta años de su vida a esta obra, declarada
monumento histórico en 1961.
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| Vista cenital que ayuda a comprender la topografía de la Ciudadela de Carcassonne |
La maqueta engloba los recintos
amurallados, el castillo, la iglesia de Saint-Nazaire e incluso la desaparecida
gran barbacana occidental. No obstante, al no haberse reconstruido el interior
de la ciudad, la maqueta ofrece la falsa impresión de un núcleo deshabitado, una imagen casi profética si tenemos en cuenta
que hoy en día la ciudad histórica fortificada de Carcassonne apenas cuenta con
una veintena de habitantes. Los paneles
informativos completan la visita explicando el declive de la fortaleza tras
perder su valor fronterizo en el siglo XVII y su posterior renacimiento
monumental.
Gran barbacana exterior del castillo
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| Restos de la Grand Caponniére y línea almenada con saeteras |
A la salida de la Sala de la
Maqueta podemos ver donde se encontraba la gran
barbacana exterior del castillo y, justo allí, la Iglesia de Saint-Gimer, una de las tres iglesias diseñadas por Eugène Viollet le Duc, cuya construcción se prolongó entre 1849 y 1859. Esta
imponente obra defensiva, erigida bajo el reinado de Luis IX, contaba con dos
rangos de saeteras y rampas
fortificadas, como la llamada “Grand
Caponniére”, un camino cubierto que conectaba el conjunto directamente con
la fortaleza. Que podemos ver aquí tras la línea almenada donde se puede ver
los merlones tallados con aspilleras.
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| Desde 1850, la iglesia de Saint-Gimer ocupa el lugar de la gran barbacana |
Demolida en 1816 para construir
una fábrica textil (Usine de l'Île),
hoy apenas subsisten en el suelo de la Place
Saint-Gimer los cimientos documentados por el propio arquitecto. Este
vestigio hoy desaparecido era un formidable
dispositivo encargado de controlar el flanco occidental junto al río Aude. Se
sospecha que tal vez estuviera conectado de forma subterránea con el molino
fortificado del rey para asegurar una vía
de escape de la guarnición hasta el agua en caso de necesidad.
Tour Pinte: la atalaya principal de la fortaleza
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| La Tour Pinte en el Cour du midi |
Tras la sala de la maqueta, el itinerario nos guía hacia la izquierda para atravesar la Tour Pinte, la torre más alta del castillo, concebida para vigilar el horizonte y emitir señales estratégicas (Tour de Guet). Con sus treinta metros de altura, esta construcción del siglo XII destaca de inmediato por una singularidad arquitectónica: es la única torre de planta cuadrada del castillo y la segunda de toda la ciudad medieval, un rasgo atípico que en el pasado llevó a suponer erróneamente un origen árabe.
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| Viollet-le-Duc dictaminó que la Tour Pinte era románica |
Alzada sobre una sólida base galorromana, su interior se
presenta insólitamente diáfano, careciendo de bóvedas. Antaño solo contenía unas
escaleras de madera para acceder a
sus diez plantas con suelos de madera. Abierta hacia el paisaje del Aude, la torre conserva intacto su coronamiento
original, donde se ven los huecos destinados al cadalso —la estructura defensiva de madera adosada al exterior de
los muros para que los defensores pudieran disparar o arrojar objetos sobre los
atacantes, sin estar expuestos—. Se disponían muy próximos entre sí para
soportar con firmeza los fieros vientos de la región.
Cour du midi
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| Vista del Cour du midi, el camino de ronda y la Tour Saint-Paul |
Al salir de la torre, el itinerario prosigue en altura por un camino de ronda que resigue el espacio al aire libre formado por el patio sur o cour du midi. Este rincón del castillo atesora vestigios materiales de su intensa actividad residencial y administrativa. Entre los siglos XIII y XV, una parte de este patio estuvo ocupada por una sala de recepciones o salón de estado, cuyo suelo de madera reposaba sobre sólidos pilares y ménsulas de piedra, y que contaba con una chimenea y un ventanal gótico.
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| Las marcas del suelo y las paredes indican las grandes remodelaciones góticas |
Justo bajo el emplazamiento de
esta antigua sala, abierto en el suelo del patio, aún hoy se distingue
claramente el profundo pozo del castillo,
testimonio indispensable para el abastecimiento de agua de la guarnición. Desde este enclave elevado, la panorámica nos muestra la muralla medieval situada al oeste y se
abre de forma excepcional sobre el territorio, ofreciendo una perspectiva
privilegiada del corredor natural que discurre entre la Montagne Noire al norte
y las Corbières y los Pirineos al sur.
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| Vistas de la muralla medieval del tramo occidental |
La mirada abarca todo el valle del Aude
y pone de relieve la incalculable
posición geopolítica de la fortaleza, erigida para vigilar estrechamente la
ruta histórica que conectaba el reino francés con los dominios de la Corona de
Aragón. Al otro lado de la frontera, estos mismos pasos eran observados de
cerca desde el Palacio de los Reyes de Mallorca en Perpiñán, el bastión que cerraba el paso hacia el sur.
Tour Saint-Paul
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| Elemento defensivo del flanco estratégico que protege los puntos más vulnerables |
Tras recorrer todo el muro
cortina del lado sur, el camino de ronda nos conduce hasta el ángulo sureste,
donde se alza la Tour Saint-Paul (Torre
de San Pablo). Esta torre forma parte del entramado de torres feudales del
siglo XII —junto con las torres de la puerta del castillo, la Tour des
Casernes, la Tour du Major y la Tour du Degré— que protegían el castillo, del
lado de la ciudad, por sus frentes sureste, este, noreste y norte,
respectivamente.
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| Estructura defensiva levantada durante las obras de ampliación del castillo en 1226 |
Todas estas torres comparten una
cuidada estandarización defensiva: pequeñas salas abovedadas con cúpulas hemisféricas, idéntica disposición de
almenas, saeteras, cadalsos y características cubiertas piramidales. Sin
embargo, la Torre de San Pablo —al igual que la Tour du Major— presenta una
notable excepción arquitectónica: es una de las pocas que cuenta con escaleras de caracol de piedra en su
interior.
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| Cadalso con saeteras y matacanes en el camino de ronda almenado |
Continuando por el camino de
ronda, pasamos por el segundo piso del châtelet
de la puerta principal del castillo. A medida que avanzamos por este tramo del
paseo de la muralla, resulta de gran interés fijarse en las ménsulas que sobresalen de los
paramentos; estas fuertes protuberancias de piedra o madera estaban concebidas
precisamente para soportar el peso de las vigas estructurales, las cornisas y los
armazones en voladizo. El trayecto por las galerías de madera reconstruidas por
Viollet-le-Duc nos lleva hacia la
Tour des Casernes.
Tour des Casernes
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| Vista de las galerías de madera voladizas destinadas al combate vertical |
Al continuar nuestro avance por
el camino de ronda desde las torres de la puerta principal del castillo, nos
adentramos de lleno en los sistemas de
defensa activa de la fortaleza. Es el tramo de la Tour des Casernes (Torre de los Cuarteles) se comprende la
verdadera función de los cadalsos: las
galerías o andamios de madera que se montaban en voladizo sobre el coronamiento
de los muros y torres, en caso de inminente asedio. Al sobresalir hacia el
exterior de las murallas, estas plataformas permitían a los defensores proteger
la base de los muros. A menudo eran temporales y se instalaban solo durante un
asedio.
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| Estructura militar destinada al acuartelamiento y defensa del perímetro occidental |
Desde ellas, la guarnición podía
disparar flechas y ballestas en ángulo vertical y arrojar
pesados proyectiles de piedra a
través de las aberturas practicadas en
el suelo, impidiendo que el enemigo se acercara a minar los cimientos o
colocara escalas y torres de asedio. Aunque su eficacia táctica era inmensa, el
gran talón de Aquiles de estos cadalsos de madera era su absoluta
vulnerabilidad frente a los proyectiles incendiarios de los asediadores. Este
ingenioso sistema defensivo en picado fue el precursor directo de los matacanes de piedra, que ofrecerían la
misma capacidad defensiva, pero con resistencia al fuego. La visita continúa
por el camino de ronda hasta llegar a la siguiente torre: la Tour du Major.
Tour du Major
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| Torre angular del siglo XII provista de una escalera de caracol interna de piedra |
Gracias a los recientes trabajos de adecuación y seguridad, una pasarela permite recorrer también el tramo que discurre hacia el sur desde la Tour du Major (La Torre Mayor), avanzando a través de la Tour du Degré y la Tour de la Chapelle hasta conectar de manera natural con la Tour de la Poudre. Situada en la esquina noreste del conjunto, la Tour du Major es una notable construcción feudal del siglo XII.
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| Cadalso en dirección a la Tour du Major |
A diferencia de las torres de
flanqueo secundarias, esta torre de ángulo presenta un saliente mucho más pronunciado, un diseño concebido
estratégicamente para blindar los puntos
más vulnerables de la fortaleza. Su complejo sistema defensivo incluye saeteras, salas abovedadas en cúpula
hemisférica y un coronamiento almenado
con tejado piramidal. Además, posee una singularidad arquitectónica muy
destacada: junto con la torre Saint-Paul, es la única del castillo que contiene
en su interior una escalera de caracol
de piedra.
Tour du Degré
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| Atardecer frente a la Tour du Degré |
El recorrido prosigue hasta
alcanzar la Tour du Degré (los
españoles, que son muy dados a castellanizar todo lo que tocan, la han llamado la
Torre del Escalón o incluso Torre Escalonada). Desde este punto de observación,
la panorámica se abre hacia el norte. Históricamente, la ciudadela de
Carcassonne dominaba desde esta posición privilegiada las rutas comerciales de minerales, mármol y oro procedentes de la
Montagne Noire. Una parte del remate
y de los paramentos interiores
pertenece a la época galorromana (finales del siglo III y principios del siglo
IV).
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| Torre intermedia del recorrido amurallado situada entre la zona norte y sur |
Estas antiguas torres romanas,
levantadas muy próximas entre sí para garantizar una cobertura y protección
mutuas, se distinguen claramente por su morfología —planas en su fachada
posterior y semicirculares hacia el exterior—. Constructivamente, están edificadas
con pequeñas piedras combinadas con hileras horizontales de ladrillo, y sus
sólidas bases macizas las dotaban de una resistencia
excepcional. Su interior disponía de dos niveles defensivos para los
soldados, perforados con vanos y aberturas diseñados para el lanzamiento de jabalinas o pilum y piedras mediante hondas.
Tour de la Chapelle
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| Vista de la Tour de la Chapelle (a la izquierda) y Tour du Degré (a la derecha) |
El itinerario avanza hasta
alcanzar la última torre del recorrido del segundo piso: la Tour de la Chapelle (Torre de la
Capilla). El conjunto del castillo y sus murallas cuenta con nueve torres, de
las cuales dos conservan un origen
visigodo: esta misma torre y la Tour Pinte. Formando parte del dispositivo
defensivo orientado hacia el flanco del río Aude, sus muros exteriores muestran
un paramento provisto de una puerta y
una saetera, coronado por una plataforma
almenada, que sella y protege los accesos directos al recinto. A este punto
elevado se accedía mediante una escalera
de piedra situada en el ángulo de la torre.
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| Torre histórica vinculada al emplazamiento original de la antigua capilla románica |
La torre toma su nombre de su
estrecha relación con la desaparecida Chapelle
Sainte-Marie. Aunque hoy ya no se levanta en pie, las marcas trazadas sobre el suelo del patio señalan su emplazamiento
exacto. Se trataba de una capilla
románica, dedicada a la Virgen María,
erigida hacia 1150 por la dinastía Trencavel
en el ala norte de su residencia como prolongación del palacio. Aquella
edificación, que conformaba un conjunto en forma de «U» en torno al patio
central, fue trágicamente destruida durante la Revolución Francesa (1789-1799).
Tour de la Poudre
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| Vista de la Tour de la Poudre desde el patio de honor |
Continuando nuestra visita por el
camino de ronda, alcanzamos la Tour de
la Poudre (Torre de la Pólvora); cruzando a través de ella se accede
directamente a la primera planta del castillo. Esta construcción fue levantada en
el siglo XIII bajo el reinado de Luis IX
sobre el emplazamiento de una torre del recinto primitivo galorromano. A los
pies de su estructura exterior se abre un interesante vestigio arquitectónico,
una puerta de trazo ojival. Hoy está
completamente tapiada y parcialmente sepultada bajo el nivel del suelo de las lizas.
El Museo Lapidario del castillo: Sala Pierre Embry
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| Exterior del Museo Lapidario que alberga piezas arqueológicas clave de Carcassonne |
Descendemos hasta la primera
planta del castillo para visitar la Sala
Pierre Embry, el primer espacio expositivo del museo lapidario. Este museo reúne una rica colección arqueológica
procedente de Carcassonne y su comarca, con obras en piedra que abarcan desde la Antigüedad hasta el siglo
XVII, organizándose cada sala en torno a un periodo histórico más o menos específico.
La primera sala del museo lapidario custodia dos tesoros originales que fueron rescatados de su ubicación
exterior para garantizar su conservación y sustituidos allí por réplicas.
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| Virgen de la Porte Narbonnaise y Dame Carcas |
Por un lado, destaca la
majestuosa Virgen de la Porte
Narbonnaise, una escultura de 1,55 metros que estuvo policromada en su día —aún
se aprecian restos de rojo y azul en los pliegues del manto— y que presidía la puerta
principal para proteger la ciudadela de Carcassonne. Aunque el Niño Jesús ha desaparecido con los
siglos, todavía se adivina uno de sus pequeños
pies sobre la cadera de la Virgen. La sala también exhibe las cinco piezas
de piedra originales que componen el famoso busto de la legendaria Dame Carcas.
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| Dame Carcas arroja el último cerdo a las tropas de Carlomagno. Imagen generada con IA |
Esta escultura sirve para
recordar la célebre leyenda que
envuelve a la heroína y que, según la tradición popular, dio nombre a la ciudad. La ciudad de Carcassonne estuvo asediada durante cinco largos años por las
tropas de Carlomagno. Cuando las reservas de alimentos empezaron a agotarse, la
reina sarracena que defendía la Cité
prácticamente sola —con apenas unos pocos soldados— ideó una última
estratagema: alimentó al último cerdo que les quedaba con el poco trigo
disponible y lo arrojó por encima de las almenas a los pies de los invasores.
Al estrellarse contra el suelo ante el campamento franco, Carlomagno creyó que los defensores
desperdiciaban tal cantidad de comida porque debían de tener provisiones inagotables, lo que le convenció de levantar el asedio.
Al ver huir al enemigo, la reina
mandó que repicaran todas las campanas de la ciudad, momento en el que un
caballero exclamó: «¡Dame Carcas sonne!»
(¡Señora Carcas hace sonar [las campanas]!), bautizando la ciudad para la posteridad
como Carcassonne.
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| Ménsulas de época medieval |
Otra de las piezas interesantes
que custodia este espacio son los modillones
escultóricos, ornamentos que se colocaban bajo las cornisas y que en este caso
inmortalizan los rostros de los
hombres y mujeres que vivieron en la ciudad medieval de Carcassonne. Lejos de
idealizaciones cortesanas, estas piezas reflejan quienes eran los artesanos y comerciantes locales. Con este
testimonio del arte y la sociedad medieval, el itinerario nos invita a
continuar hacia la siguiente sala del museo.
Sala de los Arcos
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| Arcada de la antigua casa Grassalio |
Esta sala reúne un notable
conjunto de elementos arquitectónicos y escultóricos rescatados de diversos
enclaves históricos de la ciudad. El elemento más imponente es una arcada gótica del siglo XIV con tres
ventanas de arenisca, procedente de la antigua casa Grassalio de la ciudad baja
—un edificio derribado en 1902—, en cuyas intersecciones de arcos destacan
delicadas cabezas esculpidas.
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| Bajorrelieve medieval con seis personajes expuesto en el museo |
El espacio también custodia
valiosos vestigios procedentes de la catedral de Saint-Nazaire, datados
igualmente en el siglo XIV, como un friso
con motivos vegetales sostenido por ocho canecillos con rostros humanos y
varios capiteles de decoración
naturalista, junto a un expresivo bajorrelieve
de seis personajes. La visita a este espacio se completa con una bella
escultura en piedra de Santa Basilisa, también del siglo
XIV.
Sala Gótica
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| Clave de bóveda de San Pablo y San Pedro (s. XIV) |
Continuamos nuestro recorrido por
el museo lapidario para adentrarnos en la Sala
Gótica. Este espacio reúne un valioso repertorio de elementos arquitectónicos
y artísticos que documentan la vida y la estética de la época: capiteles, claves de bóveda (una de las cuales con la efigie de San Luis), lápidas, fragmentos de esculturas,
balas de cañón de piedra, una pila de agua bendita y delicadas vidrieras góticas procedentes de una
mansión privada de la vecina Bastide Saint-Louis.
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| Talla funeraria medieval que representa la efigie de un noble caballero |
Sin embargo, la pieza que acapara
todas las miradas es el imponente caballero
yacente de finales del siglo XIII. Tallada en arenisca y procedente de la
histórica Abadía de Lagrasse —fundada por el propio Carlomagno—, la estatua representa al noble recostado en su
descanso eterno, con su espada
ceñida a la izquierda y un animal
(probablemente un león, símbolo de valor y fidelidad) a los pies. Su
indumentaria ofrece una lección magistral de equipamiento militar de la época.
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| Detalle del sepulcro esculpido con los atributos militares propios del difunto |
Viste cofia y una larga cota de
malla protectora, cubierta exteriormente por la sobreveste decorada con su escudo
de armas heráldico. Esta magnífica escultura funeraria nos evoca la
evolución de la figura caballeresca en el medievo: si en sus orígenes el
caballero era ante todo un guerrero a caballo al servicio de un señor, con los
siglos aquella función estrictamente militar terminó por institucionalizarse,
consagrándose como el estamento por excelencia de la nobleza medieval.
Torre del Homenaje
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| Escenas de combates caballerescos que reflejan los ideales cortesanos del siglo XII |
El recorrido nos lleva ahora al
corazón político del antiguo palacio de los vizcondes de Trencavel: la torre del
homenaje, cuya imponente mole vimos al acceder al Patio de Honor. Como
principal bastión y símbolo supremo del poder señorial, esta torre constituía
el centro administrativo de los
señores feudales de Carcassonne. En su interior se esconde la sala abovedada de la cámara —la
elegante camera rotunda donde se
celebraban las reuniones de gobierno, se ratificaban los documentos cruciales y
se dispensaba hospitalidad a trovadores y juglares—.
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| Fragmentos de policromía medieval que ornamentan las estancias privadas de la torre |
Este ambiente cortesano y caballeresco cobra vida gracias a los extraordinarios restos de pinturas murales románicas que decoran sus muros. Descubiertas en 1926 por el propio Pierre Embry bajo una gruesa capa de cal, estas pinturas datan de finales del siglo XII y ofrecen una escena principal de gran dinamismo: un enfrentamiento épico entre caballeros cristianos de blanco contra sarracenos con escudo redondo. La obra podría estar inspirada en las canciones de gesta del medievo o bien podría hacer referencia a cuando Bernardo Aton IV Trencavel, fundador de la dinastía que luchó contra los infieles en Tierra Santa.
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| El Calvario de Villanière destaca por su cuidada decoración en bajorrelieve |
Presidiendo este espacio se alza
el Calvario de Villanière, una
notable obra en piedra arenisca de finales del siglo XV procedente de la
iglesia de Villanière que alcanza los tres
metros de altura. Su original y compleja estructura se compone de un pilar central en forma de cruz que
actúa como eje principal, flanqueado por dos robustos bloques laterales profundamente esculpidos tanto en su
parte frontal como posterior.
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| Relieve que muestra a Pilatos presentando a Cristo y a la derecha sus verdugos |
Por el anverso, el conjunto narra
los episodios de la Pasión. En la parte
superior del fuste octogonal se representa a Cristo crucificado, coronado
de ángeles y acompañado a sus pies por María
Magdalena, con la Virgen María a
la izquierda y San Juan a la derecha.
En la base, flanqueando la columna, dos bloques escultóricos completan la
escena: a la izquierda, Poncio Pilatos
(cuya figura ha perdido la cabeza) presenta al pueblo a Cristo con la corona de
espinas; a la derecha, un grupo de ocho verdugos y soldados romanos contempla la escena con gestos de
burla.
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| Escultura superior del calvario con la Virgen y el Niño flanqueados por santos |
Por el reverso, la temática
cambia para centrarse en la Anunciación
y la devoción mariana. La parte superior muestra a la Virgen y el Niño flanqueados por dos santos, mientras que a los
pies de la estructura se sitúan las figuras de la escena principal: el Ángel de la Anunciación a la izquierda
y la Virgen María a la derecha, esta
última conservando todavía restos de su
policromía original. La visita avanza hacia el siguiente espacio: la sala
románica.
Sala Románica
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| Sarcófago paleocristiano del siglo IV |
Esta sala exhibe un fascinante repertorio de piezas medievales, entre las que destacan capiteles decorados con bestiarios fantásticos, esculturas románicas, características cruces discoidales de los siglos XII y XIV y un sarcófago paleocristiano del siglo IV decorado con hojas de parra. Entre todas las piezas expuestas sobresale una auténtica obra maestra: la fuente de abluciones de mármol blanco, tallada en la segunda mitad del siglo XII y procedente de la histórica abadía de Fontfroide.
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| Fuente de abluciones empleada antiguamente para rituales de purificación y limpieza litúrgica |
El exterior de la pila despliega una delicada decoración de zarcillos, racimos de uva, flores y pájaros, mientras que el agua fluía antaño a través de doce mascarones con rostros humanos y de león. Esta pila era utilizada por los monjes benedictinos o cistercienses para lavarse en ella como medida de purificación y limpieza antes de las comidas y de acceder al interior de la iglesia. Tras contemplar este testimonio del monacato medieval, el itinerario avanza hasta la última sala del museo, dedicada a los vestigios de época romana.
Sala Romana
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| Miliario, ánforas y muelas de piedra |
Esta sala alberga una fascinante
colección de vestigios de la Antigüedad clásica, que incluye sarcófagos, miliarios —marcadores de piedra que señalaban las distancias a lo
largo de las principales vías en millas romanas, equivalentes a unos 1460
metros—, ánforas, tejas (tegulae), piedras de molino
portátiles y cabezas esculpidas. Entre estas piezas destaca con luz propia el cipo funerario (una pequeña estela
funeraria adornada con inscripciones) de Caius
Julius Niger (natural de Carcassonne, c. fines del siglo I a. C. -
Maguncia, c. 40 d. C.).
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| Cipo funerario de Caius Julius Niger y exvoto galorromano del siglo I |
Hijo de Caius y perteneciente a la tribu de los volcas, se enroló en el
ejército romano, al igual que muchos otros soldados. Sirvió durante diecisiete
años en la II Legión Augusta —creada en el año 43 a. C.— y falleció a los
cuarenta y cinco años a orillas del Rin. Su conmovido epitafio se compone de dieciséis líneas grabadas en latín. En
ellos se alternan los recuerdos de la estancia de la legión en la Alta Germania
antes de su marcha a Britania con la expresión sincera de la nostalgia y las
penalidades de la vida en los campamentos militares.
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| Sarcófago de Tournissan decorado con relieves |
Cabe destacar que el original de esta pieza fue descubierto en Maguncia (Alemania) y lo que vemos en el museo lapidario del castillo de Carcassonne es solo una reproducción en yeso de la misma. Otra de las joyas del museo lapidario es el Sarcófago de Tournissan, una pieza paleocristiana de mármol blanco datada en el siglo V. Sus paredes muestran diversas escenas bíblicas talladas tanto en ambos laterales como en su cara principal. En esta última, destaca un medallón central rodeado de figuras que alberga el retrato esculpido de una pareja, probablemente los difuntos a quienes estaba destinado el sepulcro.
Dos tramos de muralla
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| Adarve y torres medievales en el sector occidental de la muralla |
Una vez concluida la visita al
interior del castillo de Carcassonne y a sus salas museográficas, desde el
propio edificio es posible acceder directamente a dos tramos diferenciados de
las murallas exteriores, de una duración aproximada de 1 hora y 15 minutos cada
uno. Por un lado, se encuentra el tramo
norte de la muralla galorromana, al que se accede desde el Patio de Honor y
que recorre el camino de ronda desde la Tour de la Charpentière hasta la Tour
du Trésau. Por otro lado, está el tramo
oeste de la muralla medieval, accesible desde el Patio del Sur y que se
extiende desde la Tour de la Justice hasta la torre-puerta de Saint-Nazaire.
Más información:
Castillo de Carcassonne. Dirección:
1 Rue Viollet-le-Duc, 11000 Carcassonne. Entrada: 19 €. Es necesario reservar con antelación. Hay servicio de audioguía en varios idiomas, entre ellos el español, por 5 €. Horario: de octubre a marzo, de 9:30 a 17 h. De abril a septiembre, de 10 a 18:30 h. Web:
Castillo de Carcassonne.