Castillo de Carcassonne: Recorrido de la visita

Entrada principal
Vista de la entrada al castillo de Carcassonne y su puente sobre el foso

El castillo es la edificación más imponente de la Ciudadela de Carcassonne; es el testigo de piedra de una compleja transición política. Erigido sobre el punto más alto del espolón rocoso, este castillo define la silueta de la fortaleza medieval y actúa como la última línea de defensa de la ciudad. Recorrer sus estancias permite comprender cómo una residencia señorial del siglo XII se transformó, a través de la estrategia militar y el poder real, en una fortaleza inexpugnable. Para entender la singularidad de este castillo, es necesario mirar más allá de sus murallas y comprender la convulsión histórica que lo moldeó durante el siglo XIII.

Historia del castillo condal: De los Trencavel a la corona real


Dependencias privadas del palatium
El castillo de Carcassonne fue el más moderno de su época

La historia del castillo de Carcassonne está intrínsecamente ligada a la poderosa dinastía de los Trencavel —vizcondes de Béziers y Carcassonne—, quienes durante el siglo XII dominaron la región. En esta época de prosperidad, dotaron a la ciudad de un palatium, la residencia que constituye el núcleo original del actual castillo. Los Trencavel lograron mantener un delicado equilibrio de poder frente a los condes de Toulouse y Barcelona, consolidando su autonomía en la zona. 

Rconstrucción dibujo Viollet-le-Duc
Soldados defendiendo la fortaleza desde el interior de un cadalso. Imagen generada con IA

Sin embargo, esta estabilidad se truncó con la cruzada contra los albigenses (1209-1229). El 15 de agosto de 1209, tras un asedio de 15 días, la Ciudadela cayó y el vizconde Raymond-Roger Trencavel fue depuesto, dando paso a Simon de Montfort. Como líder militar de la cruzada, este personaje se convertiría en el ejecutor de una política de terror, tristemente célebre por el episodio de Béziers, donde profirió la terrible orden: “Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”. Un suceso brutal que relato con más detalle en mi escapada de fin de semana a Béziers

Vista del Castillo de Carcassonne
Cuando Luis IX mandó reparar la muralla, algunas partes tenían ya mil años

En 1226, el vizcondado se integró formalmente en el dominio real francés. Fue bajo el reinado de Luis IX (San Luis) cuando el antiguo palacio de los Trencavel sufrió su transformación más radical: se convirtió en un castillo-fortaleza, sede del senescal del rey. Como figura principal de la administración real, el senescal era el encargado de impartir justicia en nombre del rey, recaudar los impuestos reales y, fundamentalmente, asegurar que este bastión estratégico permaneciera bajo el control férreo de Francia, disuadiendo cualquier intento de rebelión en un territorio que, durante décadas, había mantenido su propia independencia. 

Dependencias del Castillo de Carcassonne
Planta del castillo de Carcassonne. Imagen generada con IA

La planta del castillo es rectangular y está flanqueada por torres almenadas, las cuales desvelan el avance técnico logrado por los arquitectos reales desde la época de Felipe II de Francia, más conocido como Philippe Auguste (1165–1223). Al observar los lienzos de muralla, se distingue claramente el sector que corresponde a la época medieval, situado a mano izquierda, al oeste. Por otro lado, a mano derecha, al norte, se encuentra el lienzo de muralla que preserva la esencia galorromana del siglo IV. 

Vista panorámica del Castillo de Carcassonne y su puente de piedra sobre el foso
Vista panorámica del castillo y su potente sistema defensivo medieval

Se trata de los vestigios galorromanos que representan la capa defensiva más antigua de toda la Ciudadela de Carcassonne, sobre cuya base se asentó posteriormente la fortificación medieval. Es fascinante observar cómo, en este punto preciso del castillo, las torres en forma de «—características de la fortificación galorromana original, con su lado redondeado orientado al exterior— conviven con todo lo construido o modificado bajo el mandato de los reyes de Francia (especialmente Luis IX), demostrando que la técnica romana siguió siendo eficaz siglos después.

Barbacana del castillo


Entrada al Castillo de Carcassonne
Los muros de la barbacana protegían el acceso fortificado

La primera estructura defensiva que sale a nuestro encuentro es la barbacana, una trampa estratégica diseñada para diezmar a cualquier atacante. Erigida durante el siglo XIII y reparada por Felipe III, «el Atrevido», esta fortificación avanzada tenía como misión principal proteger el acceso al castillo de Carcassonne. De planta semicircular, la obra se encuentra flanqueada por caminos de ronda y un coronamiento almenado, exponiendo al enemigo a un espacio confinado y vulnerable ante la defensa superior, protegida por un conjunto de saeteras —abertura estrecha y alargada en un muro, diseñada específicamente para que los arqueros o ballesteros pudieran disparar hacia el exterior, mientras quedaba protegido el arquero, ya que el hueco era lo suficientemente pequeño como para que fuera difícil acertarle desde fuera—. 

Barbacana del Castillo de Carcassonne
Sistema exterior defensivo concebido para retrasar y hostigar el avance enemigo

El piso superior de esta barbacana estaba completamente abierto hacia el lado del castillo. De este modo, si los atacantes lograban rebasar los accesos y tomar esta plataforma, quedaban atrapados en un callejón sin salida. Al carecer de protección por la retaguardia, les resultaba imposible utilizarla como bastión fortificado desde el cual defenderse, ya que la guarnición los podía aniquilar por completo desde la seguridad del recinto interior. A pesar de su carácter marcadamente militar, se trata de una construcción notable, de excelente factura.

Barbacana exterior del Castillo de Carcassonne
La barbacana se levanta delante del foso seco

Tras superar la barbacana, el siguiente obstáculo crítico era un foso seco excavado directamente en la roca en el siglo XII. Se extendía a lo largo de tres de sus lados, para aislar y proteger el castillo, que sería ampliado en el siglo siguiente. Salvar este abismo exigía cruzar un sofisticado sistema defensivo que, durante la Edad Media, combinaba un puente de piedra que terminaba a dos metros de la puerta de entrada, a la que solo se podía llegar añadiendo un puente de madera desmontable. El puente original fue sustituido por el actual puente de piedra que data del siglo XVII.

Entrada principal del castillo 

Entrada principal al Castillo de Carcassonne con el puente de piedra y las torres gemelas defensivas
La puerta principal estaba custodiada por dos imponentes torres defensivas

La entrada principal del castillo de Carcassonne constituye una espectacular pieza de ingeniería defensiva flanqueada por dos torres gemelas, cuya protección se estructuraba en varios niveles de seguridad. En los dos primeros pisos, las defensas frontal y posterior se articulaban mediante un matacán —la abertura cenital de piedra destinada al lanzamiento de proyectiles sobre los atacantes— y un sistema de reja levadiza. En la planta baja, una puerta doble reforzaba el cierre hacia el interior, mientras que el tercer piso, dotado de un suelo de madera, permitía a los defensores el acceso directo a las almenas para las operaciones de combate.

Defensas del Castillo de Carcassonne
Detalle del tejado cónico de pizarra que rematan las torres del acceso principal

Las torres albergan dos niveles abovedados, perforados por saeteras, mientras que los dos pisos superiores se encontraban separados por forjados de madera. Ambas torres están unidas por una construcción sobre un arco de medio punto que cubre la puerta con un matacán. La puerta se cerraba por un rastrillo; ese tipo de puerta enrejada que tiene forma de peine y que sale en todas las películas medievales, cerrándose siempre en el último segundo. Al que le seguía una puerta con armazón de hierro, seguido de otro rastrillo. El acceso a este espacio se realizaba a través de una escalera de madera dispuesta contra la pared plana de la puerta, orientada hacia el patio, o bien a través de los caminos de ronda de los lienzos de muralla.

Sala de guardia en el interior de las torres de la entrada principal del castillo
Sala de guardia en el interior de las torres de la entrada

Un detalle arquitectónico curioso es que, si bien las torres presentan una forma cilíndrica desde el exterior, sus niveles superiores tienen un interior de planta poligonal con ángulos cortados. Esta decisión respondía a una necesidad técnica, ya que resultaba mucho más sencillo y eficiente diseñar la carpintería de las techumbres sobre esta traza geométrica que sobre uno circular, que habría exigido maderas curvas y ensamblajes complejos.

Patio de honor


Vista del patio de honor en el interior del castillo de Carcassonne rodeado por los edificios residenciales
Núcleo central del palacio condal alrededor del cual se estructuraban las dependencias

Cruzado el umbral de la entrada, accedemos al patio de honor del castillo (cour d'honneur), un espacio situado al oeste, sobre un promontorio que domina el cauce del río Aude —el antiguo Atax de los romanos—. El primer castillo feudal de la alta Edad Media, ya mencionado en el siglo XI como residencia habitada, albergaba un gran salón, cocinas y establos, contaba con una torre de vigilancia y una imponente torre del homenaje, que podemos ver frente a nosotros tras cruzar la puerta de acceso al patio.

El Palacio de Trencavel
Plano del Palacio Real de Carcassonne. Imagen generada con IA

Los dos edificios residenciales principales se distribuyen en forma de «L» partiendo de la torre del homenaje. En su fachada todavía se perciben los contornos del antiguo palacio feudal, mientras que a la derecha se extienden los cuerpos de edificio que conformaban el corazón del palacio de los Trencavel en el siglo XII. Este núcleo residencial también experimentó profundas modificaciones para mejorar la comodidad y facilitar las funciones de la administración real. 

Decoración palaciega medieval
Detalle ornamental en un muro del antiguo palacio condal

Sin embargo, con el declive de la ciudadela y la preferencia de la monarquía por la ciudad baja, el castillo perdió su estatus residencial para convertirse en un cuartel militar. La función castrense mantuvo ocupadas sus dependencias hasta bien entrado el siglo XX y dejó algunos añadidos sobre las fortificaciones medievales. Fue gracias a las intensas labores de restauración acometidas en el siglo XIX cuando el complejo recuperó la silueta del castillo real propia de los siglos XIII y XIV que contemplamos hoy.

Sala de proyección Viollet-le-Duc

Película sobre el castillo de Carcassonne
Espacio audiovisual dedicado a la ambiciosa restauración decimonónica del conjunto monumental

Para continuar la visita, ascendemos por la gran escalera situada a la izquierda de la entrada al patio, que nos conduce directamente hasta el segundo piso. Nos encontramos en el ala residencial del castillo, que se extiende justo detrás de las torres de entrada. Antaño se ubicaban los aposentos de los señores, una gran sala y, en los sótanos, las cocinas. Hoy en día, este espacio alberga la Sala Viollet-le-Duc, donde se proyecta a lo largo de toda una pared «Tras los pasos de la Cité», un cortometraje subtitulado de once minutos de duración. La filmación explica la evolución histórica del monumento, detallando las etapas clave de su restauración.

Sala de la maqueta


Vista de la maqueta detallada que muestra la morfología y la estructura defensiva del castillo
Reproducción a escala que detalla la compleja morfología de la fortaleza defensiva

Siguiendo el recorrido, la visita nos conduce hasta la Sala de la maqueta. Este espacio expone una minuciosa maqueta de madera a escala 1/100 que reproduce con total fidelidad las fortificaciones de la Ciudadela y su basílica. Fue realizada por el artesano local Louis Lacombe (1856-1933), cariñosamente apodado «Cigalet», quien dedicó cuarenta años de su vida a esta obra, declarada monumento histórico en 1961. 

Maqueta del Castillo de Carcassonne
Vista cenital que ayuda a comprender la topografía de la Ciudadela de Carcassonne

La maqueta engloba los recintos amurallados, el castillo, la iglesia de Saint-Nazaire e incluso la desaparecida gran barbacana occidental. No obstante, al no haberse reconstruido el interior de la ciudad, la maqueta ofrece la falsa impresión de un núcleo deshabitado, una imagen casi profética si tenemos en cuenta que hoy en día la ciudad histórica fortificada de Carcassonne apenas cuenta con una veintena de habitantes. Los paneles informativos completan la visita explicando el declive de la fortaleza tras perder su valor fronterizo en el siglo XVII y su posterior renacimiento monumental.

Gran barbacana exterior del castillo


Castillo de Carcassonne
Restos de la Grand Caponniére y línea almenada con saeteras

A la salida de la Sala de la Maqueta podemos ver donde se encontraba la gran barbacana exterior del castillo y, justo allí, la Iglesia de Saint-Gimer, una de las tres iglesias diseñadas por Eugène Viollet le Duc, cuya construcción se prolongó entre 1849 y 1859. Esta imponente obra defensiva, erigida bajo el reinado de Luis IX, contaba con dos rangos de saeteras y rampas fortificadas, como la llamada “Grand Caponniére”, un camino cubierto que conectaba el conjunto directamente con la fortaleza. Que podemos ver aquí tras la línea almenada donde se puede ver los merlones tallados con aspilleras.

Carcassonne
Desde 1850, la iglesia de Saint-Gimer ocupa el lugar de la gran barbacana

Demolida en 1816 para construir una fábrica textil (Usine de l'Île), hoy apenas subsisten en el suelo de la Place Saint-Gimer los cimientos documentados por el propio arquitecto. Este vestigio hoy desaparecido era un formidable dispositivo encargado de controlar el flanco occidental junto al río Aude. Se sospecha que tal vez estuviera conectado de forma subterránea con el molino fortificado del rey para asegurar una vía de escape de la guarnición hasta el agua en caso de necesidad.

Tour Pinte: la atalaya principal de la fortaleza

Tour Pinte, torre con vestigios de origen visigodo
La Tour Pinte en el Cour du midi

Tras la sala de la maqueta, el itinerario nos guía hacia la izquierda para atravesar la Tour Pinte, la torre más alta del castillo, concebida para vigilar el horizonte y emitir señales estratégicas (Tour de Guet). Con sus treinta metros de altura, esta construcción del siglo XII destaca de inmediato por una singularidad arquitectónica: es la única torre de planta cuadrada del castillo y la segunda de toda la ciudad medieval, un rasgo atípico que en el pasado llevó a suponer erróneamente un origen árabe.

Vista de la Tour Pinte en el recinto amurallado
Viollet-le-Duc dictaminó que la Tour Pinte era románica

Alzada sobre una sólida base galorromana, su interior se presenta insólitamente diáfano, careciendo de bóvedas. Antaño solo contenía unas escaleras de madera para acceder a sus diez plantas con suelos de madera. Abierta hacia el paisaje del Aude, la torre conserva intacto su coronamiento original, donde se ven los huecos destinados al cadalso —la estructura defensiva de madera adosada al exterior de los muros para que los defensores pudieran disparar o arrojar objetos sobre los atacantes, sin estar expuestos—. Se disponían muy próximos entre sí para soportar con firmeza los fieros vientos de la región.

Cour du midi


Vista del Cour du Midi en el interior del conjunto fortificado del castillo de Carcassonne
Vista del Cour du midi, el camino de ronda y la Tour Saint-Paul
Al salir de la torre, el itinerario prosigue en altura por un camino de ronda que resigue el espacio al aire libre formado por el patio sur o cour du midi. Este rincón del castillo atesora vestigios materiales de su intensa actividad residencial y administrativa. Entre los siglos XIII y XV, una parte de este patio estuvo ocupada por una sala de recepciones o salón de estado, cuyo suelo de madera reposaba sobre sólidos pilares y ménsulas de piedra, y que contaba con una chimenea y un ventanal gótico.

Castillo de Carcassonne
Las marcas del suelo y las paredes indican las grandes remodelaciones góticas

Justo bajo el emplazamiento de esta antigua sala, abierto en el suelo del patio, aún hoy se distingue claramente el profundo pozo del castillo, testimonio indispensable para el abastecimiento de agua de la guarnición. Desde este enclave elevado, la panorámica nos muestra la muralla medieval situada al oeste y se abre de forma excepcional sobre el territorio, ofreciendo una perspectiva privilegiada del corredor natural que discurre entre la Montagne Noire al norte y las Corbières y los Pirineos al sur. 

Paño de muralla de la Ciudadela de Carcassonne
Vistas de la muralla medieval del tramo occidental

La mirada abarca todo el valle del Aude y pone de relieve la incalculable posición geopolítica de la fortaleza, erigida para vigilar estrechamente la ruta histórica que conectaba el reino francés con los dominios de la Corona de Aragón. Al otro lado de la frontera, estos mismos pasos eran observados de cerca desde el Palacio de los Reyes de Mallorca en Perpiñán, el bastión que cerraba el paso hacia el sur.

Tour Saint-Paul


Vista de la Tour Saint-Paul y los elementos defensivos en las murallas del castillo
Elemento defensivo del flanco estratégico que protege los puntos más vulnerables

Tras recorrer todo el muro cortina del lado sur, el camino de ronda nos conduce hasta el ángulo sureste, donde se alza la Tour Saint-Paul (Torre de San Pablo). Esta torre forma parte del entramado de torres feudales del siglo XII —junto con las torres de la puerta del castillo, la Tour des Casernes, la Tour du Major y la Tour du Degré— que protegían el castillo, del lado de la ciudad, por sus frentes sureste, este, noreste y norte, respectivamente. 

Castillo de Carcassonne
Estructura defensiva levantada durante las obras de ampliación del castillo en 1226

Todas estas torres comparten una cuidada estandarización defensiva: pequeñas salas abovedadas con cúpulas hemisféricas, idéntica disposición de almenas, saeteras, cadalsos y características cubiertas piramidales. Sin embargo, la Torre de San Pablo —al igual que la Tour du Major— presenta una notable excepción arquitectónica: es una de las pocas que cuenta con escaleras de caracol de piedra en su interior. 

Reconstrucción histórica del interior de un cadalso de madera defensivo durante un asedio
Cadalso con saeteras y matacanes en el camino de ronda almenado

Continuando por el camino de ronda, pasamos por el segundo piso del châtelet de la puerta principal del castillo. A medida que avanzamos por este tramo del paseo de la muralla, resulta de gran interés fijarse en las ménsulas que sobresalen de los paramentos; estas fuertes protuberancias de piedra o madera estaban concebidas precisamente para soportar el peso de las vigas estructurales, las cornisas y los armazones en voladizo. El trayecto por las galerías de madera reconstruidas por Viollet-le-Duc nos lleva hacia la Tour des Casernes.

Tour des Casernes

Tour des Casernes y pasarela histórica de madera en el perímetro amurallado.
Vista de las galerías de madera voladizas destinadas al combate vertical
Al continuar nuestro avance por el camino de ronda desde las torres de la puerta principal del castillo, nos adentramos de lleno en los sistemas de defensa activa de la fortaleza. Es el tramo de la Tour des Casernes (Torre de los Cuarteles) se comprende la verdadera función de los cadalsos: las galerías o andamios de madera que se montaban en voladizo sobre el coronamiento de los muros y torres, en caso de inminente asedio. Al sobresalir hacia el exterior de las murallas, estas plataformas permitían a los defensores proteger la base de los muros. A menudo eran temporales y se instalaban solo durante un asedio.

Tour des Casernes y galerías defensivas
Estructura militar destinada al acuartelamiento y defensa del perímetro occidental

Desde ellas, la guarnición podía disparar flechas y ballestas en ángulo vertical y arrojar pesados proyectiles de piedra a través de las aberturas practicadas en el suelo, impidiendo que el enemigo se acercara a minar los cimientos o colocara escalas y torres de asedio. Aunque su eficacia táctica era inmensa, el gran talón de Aquiles de estos cadalsos de madera era su absoluta vulnerabilidad frente a los proyectiles incendiarios de los asediadores. Este ingenioso sistema defensivo en picado fue el precursor directo de los matacanes de piedra, que ofrecerían la misma capacidad defensiva, pero con resistencia al fuego. La visita continúa por el camino de ronda hasta llegar a la siguiente torre: la Tour du Major.

Tour du Major

Vista de la Tour du Major con su estructura defensiva en las murallas del castillo
Torre angular del siglo XII provista de una escalera de caracol interna de piedra
Gracias a los recientes trabajos de adecuación y seguridad, una pasarela permite recorrer también el tramo que discurre hacia el sur desde la Tour du Major (La Torre Mayor), avanzando a través de la Tour du Degré y la Tour de la Chapelle hasta conectar de manera natural con la Tour de la Poudre. Situada en la esquina noreste del conjunto, la Tour du Major es una notable construcción feudal del siglo XII.

Galería de madera defensiva o cadalso
Cadalso en dirección a la Tour du Major
A diferencia de las torres de flanqueo secundarias, esta torre de ángulo presenta un saliente mucho más pronunciado, un diseño concebido estratégicamente para blindar los puntos más vulnerables de la fortaleza. Su complejo sistema defensivo incluye saeteras, salas abovedadas en cúpula hemisférica y un coronamiento almenado con tejado piramidal. Además, posee una singularidad arquitectónica muy destacada: junto con la torre Saint-Paul, es la única del castillo que contiene en su interior una escalera de caracol de piedra.

Tour du Degré 

Vista de la Tour du Degré integrada en el tramo de las murallas del castillo de Carcassonne
Atardecer frente a la Tour du Degré

El recorrido prosigue hasta alcanzar la Tour du Degré (los españoles, que son muy dados a castellanizar todo lo que tocan, la han llamado la Torre del Escalón o incluso Torre Escalonada). Desde este punto de observación, la panorámica se abre hacia el norte. Históricamente, la ciudadela de Carcassonne dominaba desde esta posición privilegiada las rutas comerciales de minerales, mármol y oro procedentes de la Montagne Noire. Una parte del remate y de los paramentos interiores pertenece a la época galorromana (finales del siglo III y principios del siglo IV). 

Vista del camino de Ronda hacia la Tour du Degré
Torre intermedia del recorrido amurallado situada entre la zona norte y sur

Estas antiguas torres romanas, levantadas muy próximas entre sí para garantizar una cobertura y protección mutuas, se distinguen claramente por su morfología —planas en su fachada posterior y semicirculares hacia el exterior—. Constructivamente, están edificadas con pequeñas piedras combinadas con hileras horizontales de ladrillo, y sus sólidas bases macizas las dotaban de una resistencia excepcional. Su interior disponía de dos niveles defensivos para los soldados, perforados con vanos y aberturas diseñados para el lanzamiento de jabalinas o pilum y piedras mediante hondas.

Tour de la Chapelle

Vista de la Tour de la Chapelle en el interior del conjunto fortificado de Carcassonne
Vista de la Tour de la Chapelle (a la izquierda) y Tour du Degré (a la derecha)

El itinerario avanza hasta alcanzar la última torre del recorrido del segundo piso: la Tour de la Chapelle (Torre de la Capilla). El conjunto del castillo y sus murallas cuenta con nueve torres, de las cuales dos conservan un origen visigodo: esta misma torre y la Tour Pinte. Formando parte del dispositivo defensivo orientado hacia el flanco del río Aude, sus muros exteriores muestran un paramento provisto de una puerta y una saetera, coronado por una plataforma almenada, que sella y protege los accesos directos al recinto. A este punto elevado se accedía mediante una escalera de piedra situada en el ángulo de la torre. 

Tour de la Chapelle
Torre histórica vinculada al emplazamiento original de la antigua capilla románica

La torre toma su nombre de su estrecha relación con la desaparecida Chapelle Sainte-Marie. Aunque hoy ya no se levanta en pie, las marcas trazadas sobre el suelo del patio señalan su emplazamiento exacto. Se trataba de una capilla románica, dedicada a la Virgen María, erigida hacia 1150 por la dinastía Trencavel en el ala norte de su residencia como prolongación del palacio. Aquella edificación, que conformaba un conjunto en forma de «U» en torno al patio central, fue trágicamente destruida durante la Revolución Francesa (1789-1799).

Tour de la Poudre 

Vista de la Tour de la Poudre en el extremo del recorrido amurallado del castillo de Carcassonne
Vista de la Tour de la Poudre desde el patio de honor

Continuando nuestra visita por el camino de ronda, alcanzamos la Tour de la Poudre (Torre de la Pólvora); cruzando a través de ella se accede directamente a la primera planta del castillo. Esta construcción fue levantada en el siglo XIII bajo el reinado de Luis IX sobre el emplazamiento de una torre del recinto primitivo galorromano. A los pies de su estructura exterior se abre un interesante vestigio arquitectónico, una puerta de trazo ojival. Hoy está completamente tapiada y parcialmente sepultada bajo el nivel del suelo de las lizas.

El Museo Lapidario del castillo: Sala Pierre Embry

Vista exterior del Museo Lapidario del castillo
Exterior del Museo Lapidario que alberga piezas arqueológicas clave de Carcassonne

Descendemos hasta la primera planta del castillo para visitar la Sala Pierre Embry, el primer espacio expositivo del museo lapidario. Este museo reúne una rica colección arqueológica procedente de Carcassonne y su comarca, con obras en piedra que abarcan desde la Antigüedad hasta el siglo XVII, organizándose cada sala en torno a un periodo histórico más o menos específico. La primera sala del museo lapidario custodia dos tesoros originales que fueron rescatados de su ubicación exterior para garantizar su conservación y sustituidos allí por réplicas. 

Museo Lapidario del Castillo de Carcassonne
Virgen de la Porte Narbonnaise y Dame Carcas

Por un lado, destaca la majestuosa Virgen de la Porte Narbonnaise, una escultura de 1,55 metros que estuvo policromada en su día —aún se aprecian restos de rojo y azul en los pliegues del manto— y que presidía la puerta principal para proteger la ciudadela de Carcassonne. Aunque el Niño Jesús ha desaparecido con los siglos, todavía se adivina uno de sus pequeños pies sobre la cadera de la Virgen. La sala también exhibe las cinco piezas de piedra originales que componen el famoso busto de la legendaria Dame Carcas

Asedio de Carcassonne del ejército de Carlomagno
Dame Carcas arroja el último cerdo a las tropas de Carlomagno. Imagen generada con IA

Esta escultura sirve para recordar la célebre leyenda que envuelve a la heroína y que, según la tradición popular, dio nombre a la ciudad. La ciudad de Carcassonne estuvo asediada durante cinco largos años por las tropas de Carlomagno. Cuando las reservas de alimentos empezaron a agotarse, la reina sarracena que defendía la Cité prácticamente sola —con apenas unos pocos soldados— ideó una última estratagema: alimentó al último cerdo que les quedaba con el poco trigo disponible y lo arrojó por encima de las almenas a los pies de los invasores.

 

Al estrellarse contra el suelo ante el campamento franco, Carlomagno creyó que los defensores desperdiciaban tal cantidad de comida porque debían de tener provisiones inagotables, lo que le convenció de levantar el asedio. Al ver huir al enemigo, la reina mandó que repicaran todas las campanas de la ciudad, momento en el que un caballero exclamó: «¡Dame Carcas sonne!» (¡Señora Carcas hace sonar [las campanas]!), bautizando la ciudad para la posteridad como Carcassonne. 

Detalle de los modillones escultóricos que representan rostros humanos medievales de Carcassonne
Ménsulas de época medieval

Otra de las piezas interesantes que custodia este espacio son los modillones escultóricos, ornamentos que se colocaban bajo las cornisas y que en este caso inmortalizan los rostros de los hombres y mujeres que vivieron en la ciudad medieval de Carcassonne. Lejos de idealizaciones cortesanas, estas piezas reflejan quienes eran los artesanos y comerciantes locales. Con este testimonio del arte y la sociedad medieval, el itinerario nos invita a continuar hacia la siguiente sala del museo.

Sala de los Arcos


Vista de la arcada gótica del siglo XIV con tres ventanas de arenisca y cabezas esculpidas procedente de la casa Grassalio
Arcada de la antigua casa Grassalio

Esta sala reúne un notable conjunto de elementos arquitectónicos y escultóricos rescatados de diversos enclaves históricos de la ciudad. El elemento más imponente es una arcada gótica del siglo XIV con tres ventanas de arenisca, procedente de la antigua casa Grassalio de la ciudad baja —un edificio derribado en 1902—, en cuyas intersecciones de arcos destacan delicadas cabezas esculpidas.

Detalle de un bajorrelieve medieval con seis figuras religiosas de pie
Bajorrelieve medieval con seis personajes expuesto en el museo

El espacio también custodia valiosos vestigios procedentes de la catedral de Saint-Nazaire, datados igualmente en el siglo XIV, como un friso con motivos vegetales sostenido por ocho canecillos con rostros humanos y varios capiteles de decoración naturalista, junto a un expresivo bajorrelieve de seis personajes. La visita a este espacio se completa con una bella escultura en piedra de Santa Basilisa, también del siglo XIV.

Sala Gótica


Detalle de la clave de bóveda del siglo XIV con la representación de San Pablo y San Pedro en la Sala Gótica
Clave de bóveda de San Pablo y San Pedro (s. XIV)

Continuamos nuestro recorrido por el museo lapidario para adentrarnos en la Sala Gótica. Este espacio reúne un valioso repertorio de elementos arquitectónicos y artísticos que documentan la vida y la estética de la época: capiteles, claves de bóveda (una de las cuales con la efigie de San Luis), lápidas, fragmentos de esculturas, balas de cañón de piedra, una pila de agua bendita y delicadas vidrieras góticas procedentes de una mansión privada de la vecina Bastide Saint-Louis. 

Escultura funeraria de arenisca de un caballero yacente del siglo XIII procedente de la Abadía de Lagrasse
Talla funeraria medieval que representa la efigie de un noble caballero

Sin embargo, la pieza que acapara todas las miradas es el imponente caballero yacente de finales del siglo XIII. Tallada en arenisca y procedente de la histórica Abadía de Lagrasse —fundada por el propio Carlomagno—, la estatua representa al noble recostado en su descanso eterno, con su espada ceñida a la izquierda y un animal (probablemente un león, símbolo de valor y fidelidad) a los pies. Su indumentaria ofrece una lección magistral de equipamiento militar de la época. 

Detalle de la indumentaria militar del caballero yacente con cota de malla y sobreveste
Detalle del sepulcro esculpido con los atributos militares propios del difunto

Viste cofia y una larga cota de malla protectora, cubierta exteriormente por la sobreveste decorada con su escudo de armas heráldico. Esta magnífica escultura funeraria nos evoca la evolución de la figura caballeresca en el medievo: si en sus orígenes el caballero era ante todo un guerrero a caballo al servicio de un señor, con los siglos aquella función estrictamente militar terminó por institucionalizarse, consagrándose como el estamento por excelencia de la nobleza medieval.

Torre del Homenaje 

Restos de pinturas murales románicas del siglo XII en la torre del homenaje, con la escena de combate entre caballeros cristianos y sarracenos
Escenas de combates caballerescos que reflejan los ideales cortesanos del siglo XII

El recorrido nos lleva ahora al corazón político del antiguo palacio de los vizcondes de Trencavel: la torre del homenaje, cuya imponente mole vimos al acceder al Patio de Honor. Como principal bastión y símbolo supremo del poder señorial, esta torre constituía el centro administrativo de los señores feudales de Carcassonne. En su interior se esconde la sala abovedada de la cámara —la elegante camera rotunda donde se celebraban las reuniones de gobierno, se ratificaban los documentos cruciales y se dispensaba hospitalidad a trovadores y juglares—.

Detalle de los frescos románicos de finales del siglo XII que muestran las figuras de caballeros descubiertas bajo la cal
Fragmentos de policromía medieval que ornamentan las estancias privadas de la torre
Este ambiente cortesano y caballeresco cobra vida gracias a los extraordinarios restos de pinturas murales románicas que decoran sus muros. Descubiertas en 1926 por el propio Pierre Embry bajo una gruesa capa de cal, estas pinturas datan de finales del siglo XII y ofrecen una escena principal de gran dinamismo: un enfrentamiento épico entre caballeros cristianos de blanco contra sarracenos con escudo redondo. La obra podría estar inspirada en las canciones de gesta del medievo o bien podría hacer referencia a cuando Bernardo Aton IV Trencavel, fundador de la dinastía que luchó contra los infieles en Tierra Santa.

Vista frontal completa del grupo escultórico gótico del Calvario de Villanière, ubicado en la torre del homenaje
El Calvario de Villanière destaca por su cuidada decoración en bajorrelieve

Presidiendo este espacio se alza el Calvario de Villanière, una notable obra en piedra arenisca de finales del siglo XV procedente de la iglesia de Villanière que alcanza los tres metros de altura. Su original y compleja estructura se compone de un pilar central en forma de cruz que actúa como eje principal, flanqueado por dos robustos bloques laterales profundamente esculpidos tanto en su parte frontal como posterior. 

Detalle de la figura de Pilatos, Cristo y sus captores, en el relieve gótico del Calvario de Villanière
Relieve que muestra a Pilatos presentando a Cristo y a la derecha sus verdugos

Por el anverso, el conjunto narra los episodios de la Pasión. En la parte superior del fuste octogonal se representa a Cristo crucificado, coronado de ángeles y acompañado a sus pies por María Magdalena, con la Virgen María a la izquierda y San Juan a la derecha. En la base, flanqueando la columna, dos bloques escultóricos completan la escena: a la izquierda, Poncio Pilatos (cuya figura ha perdido la cabeza) presenta al pueblo a Cristo con la corona de espinas; a la derecha, un grupo de ocho verdugos y soldados romanos contempla la escena con gestos de burla. 

Primer plano de las esculturas de la Virgen María y San Juan Evangelista flanqueando la cruz en el Calvario de Villanière.
Escultura superior del calvario con la Virgen y el Niño flanqueados por santos

Por el reverso, la temática cambia para centrarse en la Anunciación y la devoción mariana. La parte superior muestra a la Virgen y el Niño flanqueados por dos santos, mientras que a los pies de la estructura se sitúan las figuras de la escena principal: el Ángel de la Anunciación a la izquierda y la Virgen María a la derecha, esta última conservando todavía restos de su policromía original. La visita avanza hacia el siguiente espacio: la sala románica.

Sala Románica


Vista de un sarcófago paleocristiano del siglo IV tallado con motivos vegetales y hojas de parra del museo lapidario
Sarcófago paleocristiano del siglo IV
Esta sala exhibe un fascinante repertorio de piezas medievales, entre las que destacan capiteles decorados con bestiarios fantásticos, esculturas románicas, características cruces discoidales de los siglos XII y XIV y un sarcófago paleocristiano del siglo IV decorado con hojas de parra. Entre todas las piezas expuestas sobresale una auténtica obra maestra: la fuente de abluciones de mármol blanco, tallada en la segunda mitad del siglo XII y procedente de la histórica abadía de Fontfroide.

Vista de la fuente de abluciones de mármol blanco del siglo XII con decoración de zarcillos y mascarones, procedente de la abadía de Fontfroide y expuesta en el castillo
Fuente de abluciones empleada antiguamente para rituales de purificación y limpieza litúrgica
El exterior de la pila despliega una delicada decoración de zarcillos, racimos de uva, flores y pájaros, mientras que el agua fluía antaño a través de doce mascarones con rostros humanos y de león. Esta pila era utilizada por los monjes benedictinos o cistercienses para lavarse en ella como medida de purificación y limpieza antes de las comidas y de acceder al interior de la iglesia. Tras contemplar este testimonio del monacato medieval, el itinerario avanza hasta la última sala del museo, dedicada a los vestigios de época romana.

Sala Romana

Vista de un miliario romano, varias ánforas y muelas de piedra expuestas en el interior de la Sala Romana del castillo de Carcassonne
Miliario, ánforas y muelas de piedra

Esta sala alberga una fascinante colección de vestigios de la Antigüedad clásica, que incluye sarcófagos, miliarios —marcadores de piedra que señalaban las distancias a lo largo de las principales vías en millas romanas, equivalentes a unos 1460 metros—, ánforas, tejas (tegulae), piedras de molino portátiles y cabezas esculpidas. Entre estas piezas destaca con luz propia el cipo funerario (una pequeña estela funeraria adornada con inscripciones) de Caius Julius Niger (natural de Carcassonne, c. fines del siglo I a. C. - Maguncia, c. 40 d. C.).

Vista del cipo funerario dedicado a Caius Julius Niger y un exvoto galorromano del siglo I expuestos en la Sala Romana del castillo
Cipo funerario de Caius Julius Niger y exvoto galorromano del siglo I

Hijo de Caius y perteneciente a la tribu de los volcas, se enroló en el ejército romano, al igual que muchos otros soldados. Sirvió durante diecisiete años en la II Legión Augusta —creada en el año 43 a. C.— y falleció a los cuarenta y cinco años a orillas del Rin. Su conmovido epitafio se compone de dieciséis líneas grabadas en latín. En ellos se alternan los recuerdos de la estancia de la legión en la Alta Germania antes de su marcha a Britania con la expresión sincera de la nostalgia y las penalidades de la vida en los campamentos militares.

Vista frontal de los relieves esculpidos con escenas bíblicas y el medallón de la pareja en el sarcófago paleocristiano de Tournissan del siglo V, expuesto en la Sala Romana.
Sarcófago de Tournissan decorado con relieves
Cabe destacar que el original de esta pieza fue descubierto en Maguncia (Alemania) y lo que vemos en el museo lapidario del castillo de Carcassonne es solo una reproducción en yeso de la misma. Otra de las joyas del museo lapidario es el Sarcófago de Tournissan, una pieza paleocristiana de mármol blanco datada en el siglo V. Sus paredes muestran diversas escenas bíblicas talladas tanto en ambos laterales como en su cara principal. En esta última, destaca un medallón central rodeado de figuras que alberga el retrato esculpido de una pareja, probablemente los difuntos a quienes estaba destinado el sepulcro.

Dos tramos de muralla 

Vista del adarve y las torres medievales en el tramo de la muralla del sector occidental de Carcassonne
Adarve y torres medievales en el sector occidental de la muralla

Una vez concluida la visita al interior del castillo de Carcassonne y a sus salas museográficas, desde el propio edificio es posible acceder directamente a dos tramos diferenciados de las murallas exteriores, de una duración aproximada de 1 hora y 15 minutos cada uno. Por un lado, se encuentra el tramo norte de la muralla galorromana, al que se accede desde el Patio de Honor y que recorre el camino de ronda desde la Tour de la Charpentière hasta la Tour du Trésau. Por otro lado, está el tramo oeste de la muralla medieval, accesible desde el Patio del Sur y que se extiende desde la Tour de la Justice hasta la torre-puerta de Saint-Nazaire.

Más información: Castillo de Carcassonne. Dirección: 1 Rue Viollet-le-Duc, 11000 Carcassonne. Entrada: 19 €. Es necesario reservar con antelación. Hay servicio de audioguía en varios idiomas, entre ellos el español, por 5 €. Horario: de octubre a marzo, de 9:30 a 17 h. De abril a septiembre, de 10 a 18:30 h. Web: Castillo de Carcassonne

Los viajes más populares