15 mayo 2013

Barcelona, la ciudad salpicada por las olas


Barcelona es una ciudad imprescindible en cualquier mente viajera. Para esos viajeros de mentes abiertas escribo este post que entrará a formar parte de la guía de 100 ciudades donde intercambiar antes de morir que muy amablemente ha elegido el equipo de Knok. Ellos apuestan por el intercambio de casas, un sistema algo novedoso en nuestro país, pero que poco a poco va adquiriendo adeptos ya que ofrece muchas ventajas. La que más me gusta es que permite al viajero sentirse como en casa. Y de casas quiero hablaros en esta entrada, de las casas modernistas que más me gustan de Barcelona.

Mi día perfecto en la Ciudad Condal, como también se conoce a Barcelona, empieza siempre paseando a pie por el Passeig de Gràcia. Aquí quiso Antonio Gaudí i Cornet cubrir el pavimento con una alfombra natural que perdurara en el tiempo, ¡y creo que lo consiguió!. A través de unas baldosas hexagonales con textura y formas sinuosas. Según se coloquen los hexágonos se puede ver un fondo marino lleno de conchas y tentáculos, o bien un jardín exótico de flores y caracoles trepando.

Dejando atrás Plaça Catalunya y subiendo por el Passeig de Gràcia, se llega pronto a la Manzana de la discordia, recibe este nombre ya que en esta manzana de casas comprendida entre el Carrer del Consell de Cent y el Carrer d'Aragó se construyeron o se rehabilitaron, entre 1898 y 1906, tres edificios a cual más bello y exuberante: la Casa Lleó Morera, la Casa Amatller y la Casa Batlló. Tres arquitectos distintos que supieron dejar su huella indisoluble en estilo modernista.

Balcones, miradores, fachadas, vidrieras, cornisas y ventanas, claman aquí un lugar privilegiado para ser admiradas y aplaudidas por las miradas sorprendidas de los transeúntes. Aunque pase mil veces por este lugar, mil veces que mis ojos buscan las guirnaldas de piedra que rematan las columnas de mármol rosa de la Casa Lleó Morera. Con la mirada subo por la cornisa escalonada de Casa Amatller y espero impaciente a que abran el museo, a finales del 2013, donde se explicará su historia. ¿El dragón que soporta las luces de la entrada ruge por las noches?. Justo al lado se alza un arco iris convertido en edificio, se trata de la Casa Batlló es la única de este conjunto que en estos momentos puede ser visitada por completo. Conserva sorprendentes detalles de época ¡tan originales! que no hay lugar en el mundo que te transporte a un lugar tan mágico y lleno de simbología como esta vivienda. Una casa que se viste de Carnaval y luce máscaras y confeti, pero también la terrible morada de un dragón dormido en el tejado, los huesos de sus víctimas aún pueden verse en la fachada, recordando que no debe ser molestado.

Si no te quedas inmensamente prendado de los encantos de la Manzana de la discordia, mi consejo es que dirijas tus pasos hasta la pétrea Casa Milà ubicada igualmente en el Passeig de Gràcia. Aquí el movimiento de las olas, ha dejado la marca en la fachada, que vuelve ondulada a la piedra. La casa también es conocida con el nombre de La Pedrera pero que no os asuste su tonalidad grisácea, la explosión de color se encuentra en su interior donde el vestíbulo te recibe como si atravesaras un jardín de los que pintaba Monet.

Me gusta encaminar mis pasos hasta la Avinguda Diagonal y girar hacia la derecha en busca de dos edificios más que me transportan a los cuentos medievales. El primero se encuentra ubicado a la derecha en el número 373, es el Palau Barón Quadras antigua sede de la Casa Asia. Su imponente balcón ocupa toda la fachada, hay esculpidas ocho parejas de donceles y doncellas que imagino siguen enamorados porque llevan juntos toda la vida. La ornamentación sigue en el interior de la casa que puede ser visitada y en la que disfrutaréis con los detalles orientales.

Siguiendo hacia el este, a escasos 300 metros, se alza otra magnífica vivienda que se asemeja a un castillo, se trata de la Casa Terrades, también conocida con el nombre de Casa de les Punxes. Una antigua leyenda, cuenta que el primer dueño encerró a sus hijas en cada una de las torres, con esta medida tan drástica impedía a las jóvenes casarse y así podían quedarse con él toda la vida; pero esto es sólo una leyenda. De nuevo las flores lo inundan todo y la magia hace florecer margaritas en la forja, tréboles en el cristal y rosas en la piedra, un jardín eterno que también puede ser contemplado desde una de las cafeterías con más encanto de Barcelona. La Cafetería Clarés donde podéis reposar de esta caminata a través de la arquitectura de Barcelona, en una época en la que aun se creía en la magia.


Si te gusta la época de Gaudí y el modernismo te recomiendo visitar el Museu del Modernisme. Además en la provincia de Barcelona tienes que descubrir la obra de Jujol, otro genial arquitecto que construyó en Sant Joan Despí magníficas obras.

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