01 abril 2014

Ruta básica por Rajastán (India)


No importa las ganas o el tiempo que tengas para visitar India, ambos conceptos pierden toda validez, si no das el paso definitivo y viajas hasta uno de los países que más controversias genera. Con más de tres millones de kilómetros cuadrados y más de mil millones de habitantes, lo que menos importa es cuánto se va a recorrer y cuánto se va a poder visitar. Hace falta una vida para dejar de odiarla y más de una para amarla.

Aquí os dejo una lista de lugares imprescindibles para visitar en Rajastán; un estado que no deja indiferente.

- Shekhawati; está región, situada a dos horas aproximadamente de New Delhi, destaca por un numeroso grupo de casas, llamadas havelis, que están pintadas y decoradas con frescos. Las pinturas fueron realizadas entre 1750 y 1930. Algunas havelis han sido restauradas y están abiertas al público, una oportunidad única para ver la distribución de las casas rajastanís, y los muebles y enseres más curiosos y auténticos del país. Nawalgarh y Fatehpur son algunas de las localidades que conservan este estilo decorativo que mezcla detalles mogoles con la modernidad anglosajona de principios del siglo XX.

- Bikaner; situada en el pleno corazón del Desierto del Thar, late con vida propia gracias a su muralla medieval que acoge más de 37 palacios. Poco masificada por el turismo, es posible encontrar quien te haga un vestido a medida en una tarde, pero ¡ojo! aunque te tomen las medidas, el vestido te quedará pequeño. Desde aquí es posible llegar al singular Templo de Karni Mata en Deshnoke; un lugar donde se venera a las ratas y se deja que campen a sus anchas.

- Jaisalmer; sí es la “Perla del Desierto” y una de las joyas de la región. Aunque te entren ganas de tirarte desde lo alto de sus murallas en noches de luna llena. Si consigues sobrevivir al acoso de los vendedores y conductores de tuc-tuc, quizás puedas maravillarte con sus 99 torreones dorados y sus impresionantes havelis que nada tienen que ver con las de Shekhawati. Aquí se cincelaron columnas, ventanas y balcones como si fueran encaje.

- Osiyan; los diez templos jainistas y los seis templos hindúes de Osiyan, son un buen aperitivo para comenzar a familiarizarse con los dioses del panteón hindú y las filigranas decorativas que irán aumentando en belleza y complejidad a medida que vamos descubriendo la región. Algunos templos fueron tallados a principios del siglo VIII, así que su valor histórico es incalculable.

- Jodhpur; conocida como “La Ciudad Azul por el color de sus casas; una ciudad pitufa menos idílica de lo que nos tratan de vender en los circuitos turísticos. Las medidas y extensiones escapan lo abarcable. Con un ostentoso Palacio, el de Umaid Bhawan con más de trescientas habitaciones y el Fuerte de Mehrangarh con 10 kilómetros de longitud, los días se volatilizan entre pasillos, balancines y callejones azul celeste.

- Monte Abu; según una leyenda este monte es “Hijo del Himalaya”, situado en la cordillera de los Aravalli; una de las cadenas montañosas más antiguas del país, es lugar sagrado y de peregrinación para los jainistas (religión mezcla de hinduismo y budismo que respetan la vida hasta cotas insospechadas). Aquí el tiempo cambia radicalmente, así que el paisaje se torna verde y frondoso. El viaje hasta aquí vale la pena sólo por visitar el Conjunto de Dilwara; nada de lo que hayáis visto es comparable a la maestría decorativa de este lugar.

- Ranakpur; otro enclave jainista que te mantendrá con la boca abierta y los ojos salidos de las órbitas. Aquí encontré a los únicos hindúes simpáticos, agradables y buena gente de todo el viaje que me hicieron sacar una sonrisa y quise hasta que me adoptaran. El Templo Adinatha conocido también como Templo Chaumukha “Templo de las Cuatro Caras”, es el templo jainista más extraordinario, espectacular e impresionante de la India. Consta de aproximadamente 66 santuarios y tan sólo en el templo principal existen 1444 columnas de mármol blanco (todas ellas distintas). Pedid a los dioses que se detenga aquí el tiempo, porque vale la pena.

- Udaipur; llamada “La Ciudad de los Sueños” o “La Venecia de Oriente”, su nombre significa “La Ciudad del Sol” y en mi opinión son tres nombres que le quedan grandes. En Udaipur hay la misma suciedad en las calles que en las demás ciudades del Rajastán, los precios se multiplican independientemente de lo que ponga escrito en los carteles, porque los hindúes son así; canallas con el extranjero, “por pedir” que no quede, ese es su lema. El Palacio Real de Udaipur se encuentra a orillas del famoso Lago Pichola, protagonista en la ficción de la película de James Bond, Octopussy. En la realidad el lago es protagonista de la contaminación y basura que se acumula por doquier. Los atardeceres que os vendan bajo el uso de Photoshop no justifican una estancia en el Jag Niwas; el Palacio del Lago, en otro tiempo el Palacio de Placer del príncipe Jagat Singh.

- Ajmer; lugar poco turístico y lugar de peregrinaje musulmán, aquí cambia la fisonomía de los habitantes, el carácter e incluso un poco las costumbres. Mezquitas y palacios comparten protagonismo con el Lago Ana Sagar rodeado por un par de parques. Es un buen lugar para hospedarse (y coger fuerzas) de camino a nuestro siguiente destino:

- Pushkar; vendido como lugar de relax, lo cierto es que sobrevivir al acoso de los hindúes es tarea más que heroica. Lugar sagrado para los hinduistas, destaca por sus 52 palacios, la Feria anual de Camellos y su lago: la perfecta trampa para turistas. Cuando te acercas a una de las escaleras de acceso al lago, los ascetas te pedirán unas rupias por enseñarte el camino, cuando bajes los escalones te invitarán a dejar el calzado vigilado por unas cuantas rupias más y cuando por fin llegues a la orilla te pedirán que pagues por sentarte. Cuando creas que el factor “soy un dólar andante” ha terminado, vendrán un grupo de gurús para que hagas una ofrenda floral y te aseguro que la negación no es sinónimo de “salir airoso”.

- Jaipur; conocida con el nombre de “La Ciudad Rosa” por el color de sus edificios y muralla, antaño era conocida como “La Ciudad Esmeralda” por ser aquí, donde se hacía toda la talla y el pulido de esmeraldas del mundo. Actualmente es la capital del Rajastán y el caos, el ruido y los bocinazos, comparten el protagonismo con las calles y mercados atestados de gente. El Palacio Real de Jaipur ocupa 1/7 parte de la ciudad, así que os recomiendo paciencia y slow travel para la visita. Aunque el edificio que más representa esta ciudad es el Hawa Mahal o Palacio de los Vientos, una impresionante fachada de arenisca de cinco pisos de altura que simplemente es eso, una fachada. Con más de novecientas ventanas con celosías, servía para que las princesas y damas de la corte observaran la vida y los eventos de la ciudad sin ser vistas.

- Amber; se encuentra en un valle que cambia la fisonomía de la ciudad y la imagen que se obtiene del Fuerte de Amber. En el interior de esta muralla se encuentra un complejo palaciego de más de seis siglos de antigüedad. Aquí todo el mundo aprovecha para subir a lomos de un elefante y entrar por una de sus puertas de esa guisa. Vale la pena aprovechar la cercanía y visitar el Fuerte de Jaigarh donde se encuentra una de las pocas fundiciones de cañones de época medieval que se conservan, así como el cañón con ruedas, más grande del mundo (50 toneladas, 3 metros de alto y 6 de largo).

Hasta aquí, mi ruta básica de dos semanas por Rajastán. Si en este punto las ganas de abandonar el país no han hecho mella, os recomiendo acercarse hasta Agra donde se encuentra el increíble Monumento del Taj Mahal.

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