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Château de l’Engarran: cuatro siglos de tradición vitivinícola

Montpellier
En el siglo XVIII se construyó la “folie” y su jardín de estilo francés
El Château de l’Engarran tiene una rica historia que se remonta al siglo XVII, cuando Henri d’Engarran funda el dominio alrededor de una humilde granja y un viñedo de nueve hectáreas. Durante el siglo XVIII, se construyó la “folie” y el jardín de estilo francés que hoy podemos visitar cerca de Montpellier. Desde entonces, el viñedo ha continuado expandiéndose y en la actualidad está en manos femeninas. 

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Rodeado de exuberantes jardines y esculturas, el Château de l’Engarran fascina a los visitantes

Mujeres que han sido merecedoras en 2023 de los “Trophées de l’Œnotourisme” de la guía dedicada al vino “Terre de Vins”, en la categoría de “Arquitectura y paisajes”. Estos premios son un referente importante en el sector del enoturismo en Francia, que premia a las bodegas, dominios y castillos vitivinícolas que destacan por ofrecer experiencias enoturísticas excepcionales.

La historia del Château de l’Engarran 

Montpellier
El Château de l’Engarran, con su impresionante reja, invita a explorar su historia

El Château de l’Engarran, ubicado en las afueras de Montpellier, es una joya arquitectónica y natural reconocida oficialmente como Monumento Histórico. Este reconocimiento no solo resalta la belleza e importancia de esta villa aristocrática, sino también la del jardín que lo rodea, ambos dignos de conservación. Desde el momento en que uno pone un pie en la propiedad, queda cautivado por la elegancia de la mansión, adornada con numerosas esculturas que rinden homenaje a la viticultura.

La verja histórica de l’Engarran 

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Corona con la flor de lis y tres estrellas en la verja recuperada del Château de la Mosson

La verja  de hierro forjado tiene su propia historia. Fue encargada en 1723 por Joseph I Bonnier de la Mosson al maestro herrero Catrix para cerrar el Château de la Mosson. Fue adquirida por la ciudad de Montpellier en 1758 tras la demolición de dicho castillo, por un precio de cinco mil quinientas libras. Un grabado de L. Coste, muestra que la verja se encontraba en la Place de la Comédie y en la actual Rue de la Loge de Montpellier. Esta verja, de tres paneles de quince metros de largo, permaneció en el centro histórico de Montpellier hasta el comienzo de la Revolución, cuando fue comprada por Jean Vassal, el propietario de l’Engarran en aquella época.

Folie vitivinícola 

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El Château de l’Engarran queda reflejado en uno de los estanques del jardín francés

Esta folie, como ya vimos en el Château de Flaugergues se encuentra a unos 8 km de Montpellier, en Lavérune. Al acercarnos, lo primero que nos llama la atención es su magnífica verja de hierro forjado, los jardines a la francesa decorados con estatuas y jarrones, dos estanques y una hermosa fuente. Dicen que el diseño del conjunto se construyó específicamente para que el Château de l’Engarran quedará reflejado en su espejo de agua. 

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Dos atlantes y tres querubines enmarcan la puerta de entrada al Château de l’Engarran

La residencia es rica en detalles arquitectónicos visibles en sus dos fachadas, que hacen referencia al vino y también a la historia de amor de Jean Vassal y su esposa Suzanne de Loys de Marigny. En la fachada principal, dos poderosos atlantes entrelazados con ramas de vid, sostienen el balcón principal y enmarcan la puerta de entrada. Los dos atlantes son la imagen de las etiquetas del vino blanco Adélys, IGP PAYS D'OC sauvignon, así como del vino tinto Quetton Saint Georges, AOC Languedoc Saint Georges d’Orques, a base de syrah, garnacha y monastrell del Château de l’Engarran. 

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Las rosas eran el emblema de Jean Vassal el propietario que hizo construir el Château de l’Engarran

En el frontón de la entrada, pueden verse tres querubines rodeados de rosas que sostienen un ánfora, por supuesto debe estar llena de algún néctar de este viñedo. Cada una de las ventanas de esta fachada están enmarcadas con un frontón delicadamente esculpido, donde puede verse, por ejemplo, los cuerpos de dos aves formando un corazón. Cruzamos la puerta de la folie y entramos en el vestíbulo de la mansión decorado en color vainilla evocando la suave luz del sur de Francia.

Interior de la folie 

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Rincón del vestíbulo

El vestíbulo que podía ser utilizado en ocasiones como comedor, está presidido por una mesa. En uno de los armarios, a la izquierda de la entrada, puede verse un depósito de agua de cobre y un lavamanos. Sobre cada una de las puertas están representadas las cuatro estaciones. Un rostro femenino con un cesto de flores encarna la primavera. La alegoría del verano muestra un rostro con el cabello decorado con espigas de trigo y rodeada por herramientas agrícolas. 

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La alegoría del otoño

El otoño toma la forma del Dios Baco con una corona formada por hojas de vid y racimos de uvas, a la izquierda puede verse un caracol, que simboliza las lluvias de la estación, y bajo el conjunto, una cesta llena de hojas de vid y racimos de uvas. El invierno es un rostro barbudo coronado con hojas de roble y bellotas. El vestíbulo da acceso al salón de honor, la habitación más lujosa del Château de l’Engarran. 

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Las paredes del salón de honor están decoradas con hermosas yeserías

El salón con chimenea está bañado por la luz natural que entra de los tres ventanales que se abren al jardín francés. Las paredes están decoradas con delicadas yeserías del siglo XVIII donde pueden verse algunas de las escenas de Los viajes de Ulises o lo que parece ser un rostro femenino sobre una partitura rodeada de instrumentos musicales. También puede verse un cuadro que recuerda a “La arboleda de Baco” pintado por Jean-Antoine Watteau. 

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La fachada del Château de l’Engarran que da al jardín también está bellamente decorada

Salimos al exterior para contemplar la fachada del Château de l’Engarran que da al jardín, donde se puede observar una serie de divertidos mascarones grotescos, además de un tema recurrente en la estatuaria de jardines: las tres edades de la vida, que simbolizan el paso del tiempo. Este tema, en el Château de l’Engarran se representa mediante tres rostros femeninos en distintas etapas de la vida, de derecha a izquierda podemos ver: el rostro de una mujer joven, una adulta y otra anciana. 

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El rostro de la mujer adulta, bella y orgullosa, dirige su mirada hacia su futuro

La primera joven con los ojos cerrados sostiene una cesta con frutas, son los frutos llenos de promesas de una vida por delante y un futuro incierto. El segundo rostro, en el centro, es una mujer adulta que sostiene un bebé, símbolo de la fertilidad, que sujeta un ramillete de rosas. Es también la imagen de la etiqueta del vino Sainte Cécile, AOP Languedoc, del Château de l’Engarran. El último rostro, corresponde a una anciana con tocado medieval, y aunque son visibles las arrugas de la edad madura, sonríe mientras mira de reojo a sus anteriores “edades”, feliz de lo que ha vivido.

El jardín francés del Château de l’Engarran 

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Una pequeña terraza coronada de jarrones da paso a las escaleras del jardín

El jardín francés del Château de l’Engarran fue diseñado por un alumno de André Le Nôtre, jardinero del rey Luis XIV, que diseñó los jardines del palacio de Versalles. El jardín se extiende en 3 alturas, alternando decoraciones en boj, con estanques y estatuas de niños, jóvenes, leones y las figuras de Diana y Apolo. La terraza principal esta coronada por una hilera de grandes jarrones que dan paso a un doble tramo de escaleras. Al final del jardín puede verse una fuente de agua con decoración de rocaille.

Henri d’Engarran: el fundador de la dinastía (siglo XVII) 

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Diseñado por un alumno de Le Nôtre, el jardín francés se extiende en 3 niveles

El dominio de l’Engarran era propiedad de los señores de Carescauses, familia a la que perteneció el primer cónsul de Montpellier. Jean Geoffroy vendió la propiedad a Henry d’Engarran, casado con Catherine de Laroche que creará en 1632 un dominio vitivinícola de nueve hectáreas. Henry d’Engarran era consejero en la “Cour des Comptes”, encargado de supervisar las cuentas públicas y la gestión financiera del Estado. 

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Los jarrones de piedra decorado, reflejaban el estatus y el prestigio del propietario

Aunque Henry d’Engarran falleció en 1664, curiosamente su nombre ha perdurado ligado a la propiedad hasta la actualidad. Posteriormente, el dominio pasó por varias manos, incluyendo a la familia Loys, una familia influyente y de alto estatus social de la región de Languedoc durante los siglos XVII y XVIII, quienes poseyeron la propiedad dentro de la misma familia durante 120 años.

Jean Vassal: el constructor (siglo XVIII)


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Jean Vassal y su esposa construyeron la actual “Folie” y diseñaron su jardín a la francesa

Sin duda, uno de los propietarios más destacados fue Jean Vassal, quien adquirió la propiedad en 1730 gracias a la dote de su esposa. Realizó importantes reparaciones y decoraciones gracias a la fortuna que hizo con el comercio de la sal. Vassal, también era consejero en la “Cour des Comptes, Aides et Finances” y era conocido por su buen gusto. Residió en l’Engarran, casado con Suzanne de Loys de Marigny, durante más de cincuenta años y dejó un legado significativo. 

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Al final del jardín, cerrando el espacio, se encuentra la fuente de agua

Durante su gestión, se diseñó el jardín de estilo francés de tres hectáreas, decorado con dos estanques y numerosas estatuas. También adquirió muchas obras de arte, algunas procedentes del Château de la Mosson demolido en 1758, para decorar la residencia. Desgraciadamente, estos objetos no fueron bien documentados, ni inventariados, por temor a que, durante la Revolución, considerarán a Vassal un aristócrata al que poderle cortar la cabeza. El viñedo de l’Engarran en esa época abarcaba unas veinte hectáreas.

Laurent Quetton Saint Georges: el pionero (inicios del siglo XIX) 

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Una de las pinturas originales conservadas del Château de l’Engarran

Tras la muerte de Jean Vassal en 1794, la propiedad pasó por varias manos, una de las más “efímeras” fue la de Laurent Quetton Saint George; un antirrevolucionario, que encontró refugio en Inglaterra y desde allí participó en la colonización del Alto Canadá en nombre del rey George V. A su regreso a Francia, tras dejar las tierras vírgenes de Ontario, en 1816 adquiere el dominio de l’Engarran y lo expande hasta alcanzar las veintisiete hectáreas. Quetton llegaría a exportar sus vinos hasta Canadá y, en sus últimas voluntades, dejó escrito su deseo de ser enterrado en el Château de l’Engarran, donde descansa en su capilla.

Henri Marès: el científico viticultor (finales del siglo XIX) 

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Las yeserías son decoraciones de la folie construida por Jean Vassal

A finales del siglo XIX, el Château de l’Engarran fue adquirido por Madame Henri Marès, por doscientos diez mil francos. En la venta se incluyó el mobiliario, pero no así los cuadros, que probablemente provenían del marqués de Nattes, uno de sus anteriores propietarios. Henri Marès, esposo de Madame Henri Marès y amigo de Pasteur, fue un destacado químico y agrónomo, famoso por descubrir las propiedades del azufre contra el oídio. Los viñedos de l’Engarran le permitieron en 1856 experimentar este tratamiento biológico pionero y salvar los viñedos franceses gravemente amenazados por el oídio, por el que recibiría el gran premio de Agricultura en la Exposición Universal de 1867.

Florian y Adélys Bertrand: la quinta familia (inicios del siglo XX) 

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La propiedad combina elegancia histórica con una tienda y museo del vino

Florian y Adélys Bertrand, viticultores en Pignan, establecieron sus raíces en l’Engarran en 1924 y fueron los primeros en vender barricas del Château de l'Engarran en París. Ante el riesgo de perder las valiosas obras de arte de esta hermosa folie lograron que, en 1926, el Château de l’Engarran fuera declarado Monumento Histórico. Desde entonces, cinco generaciones de esta familia han dirigido el dominio vitivinícola, que hoy se extiende sobre 64 hectáreas.

3 generaciones de mujeres (desde la segunda mitad del siglo XX)

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La “Guide Hachette des vins” ha premiado el vino tinto Sainte Cécile, AOP Languedoc

Francine Grill realizó el primer embotellado pionero de la región del Languedoc en el dominio en 1978. Luego, sus hijas, Diane Losfelt y Constance, crearon la gama actual de vinos de l’Engarran. Estas tres generaciones de mujeres han dejado su huella en el campo de la vinicultura. Diane Losfelt, la enóloga del Château de l’Engarran, fue elegida Viticultora del 2021 por la “Guide Hachette des vins. En la actualidad, Diane trabaja en la expresión e identidad de su terruño. 

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Molde de las antiguas botellas de vino del Château de l’Engarran

El viñedo del Château de l’Engarran se encuentra entre las prestigiosas denominaciones de origen protegidas y las indicaciones geográficas protegidas. Desde los suelos calizos de las AOP Languedoc hasta las gravas distintivas de las AOP Languedoc Grés de Montpellier y AOP Languedoc Saint Georges d’Orques o IGP Pays d’Oc, cada parcela de viñedo refleja la diversidad del terroir local y revela el estilo y la firma de cada botella.

Visitas y actividades en el Château de l’Engarran 

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Vino tinto Grenat Majeur, AOC Grés de Montpellier (garnacha, syrah y monastrell)

En la actualidad, el Château de l’Engarran está abierto al público, ofreciendo visitas guiadas a la antigua residencia, los jardines, y brindando la oportunidad de explorar su pequeño museo del vino. Además, es posible realizar diferentes catas de vinos producidos en el Château de l’Engarran y ofreciendo a los visitantes una experiencia única que combina historia, cultura y enología, en una folie que no ha perdido su esencia: una residencia rodeada de vegetación, en el centro de una finca agrícola.

Museo del vino del Château de l’Engarran 

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Algunos de los objetos utilizados para la vendimia y elaboración de vino

Actualmente, una bodega abovedada alberga un pequeño museo del vino que presenta una modesta colección de herramientas y maquinaria que han estado en uso en los viñedos o en la bodega del dominio de l’Engarran desde 1885. Entre las que podemos ver utensilios de poda, herramientas de labranza, balanzas para pesar toneles o los moldes para fabricar las botellas de vidrio.

Más información: Château de l’Engarran. Dirección: Route de Lavérune D5E, 34880 Lavérune. Teléfono: +33 467 470 002. Horario: de lunes a sábado de 10 a 13 h y de 15 a 19 h. Web: Château de l’Engarran

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Museo Fabre de Montpellier: emblema del arte europeo

Museo Fabre
Entrada principal al Museo Fabre por el antiguo Colegio de los Jesuitas de 1681
El Museo Fabre de Montpellier, fundado en 1825 por el pintor neoclásico François-Xavier Fabre, (1766-1837) alberga una de las colecciones públicas más destacadas de Francia. Enriquecido por donaciones de coleccionistas y artistas como el propio Fabre, Valedau, Bruyas, Bonnet-Mel, Cabanel, Bazille y un notable conjunto de obras de Pierre Soulages, que abarca una amplia colección de obras desde 1951 hasta 2012. El Museo Fabre de Montpellier se ha consolidado como una de las principales colecciones de bellas artes en Europa, ofreciendo un recorrido que abarca desde el Renacimiento hasta el arte contemporáneo.

MAESTROS ANTIGUOS (Salas 3-28)


Museo Fabre
Pieter Paul Rubens. Alegoría de la Austria católica atacada por príncipes protestantes (c. 1620)

La sección “Maestros Antiguos” del Museo Fabre exhibe colecciones de pintura y escultura desde el Renacimiento hasta principios del siglo XIX. El redescubrimiento de la antigüedad, la invención de la perspectiva y la evolución en la técnica artística, que permitió representar las formas y volúmenes de manera más realista y convincente, transformaron el arte europeo. Esto permitió exaltar el sentimiento religioso, el gusto por la mitología y el placer por la naturaleza. Con el paso del tiempo, en Francia, Italia, los Países Bajos y España, surgieron diversos estilos artísticos, con sus propias reglas, modelos y maestros destacados.

Pintura nórdica (Salas 3-8)


Museo Fabre
Hans de Jode. “Paisaje con bañistas” (1656)

En la planta baja, se exhibe el arte flamenco y neerlandés desde el Renacimiento hasta el siglo XVIII. La colección se formó principalmente gracias a las donaciones de François-Xavier Fabre, fundador del museo Fabre, y al legado de Antoine Valedau (1777-1836), agente de bolsa y apasionado coleccionista nacido en Montpellier. La predilección de estos dos mecenas por las pequeñas pinturas sobre lienzo o madera, que representan paisajes, bodegones detallados y escenas humorísticas de tabernas, se aprecia claramente en esta colección. El recorrido concluye resaltando el interés de los pintores del norte por los viajes a Italia.

Sala Hondius (Sala 7)


Museo Fabre
Cornelis Huysmans. "Paisaje en el puente" (s. XVII)

En la sala 7 del Museo Fabre se expone la evolución del gusto por la pintura barroca en los Países Bajos del Norte a finales del siglo XVII. Desde 1650, la nobleza y burguesía holandesas mostraron un creciente interés por la cultura y el arte franceses, reflejado en la pintura barroca de la época. Artistas como Gerrit Berckheyde (1638-1698) y Jan van der Heyden (1637-1712) retrataron escenas urbanas serenas. Otros, como Willem Kalf (1619- 1693) y Jan Davidsz de Heem (1606-1683/84), crearon detallados bodegones. El retratista Abraham van der Tempel (1622/23-1672) adoptó un estilo ostentoso. La sala destaca la influencia de la pintura flamenca en la holandesa y la popularidad de los paisajes urbanos y naturales.

Renacimiento y siglo XVII (Salas 9-14)


Museo Fabre
En la sala 11 podemos ver la pintura de Sébastien Bourdon, “L’homme aux rubans noirs” (c.1657)

Hay que subir a la primera planta del Museo Fabre para encontrarnos con la pintura europea desde el Renacimiento hasta el siglo XVII. Ocupa el espacio original del museo creado en 1825 en el Hôtel de Massilian. Aquí se exhiben obras de temas religiosos y mitológicos de Francia, Italia y España, desde el Renacimiento hasta el Barroco. La colección, en su mayoría, fue reunida por François-Xavier Fabre, destacando su interés por el arte italiano, país donde vivió entre 1787 y 1824. Entre los artistas destacados, se encuentra Sébastien Bourdon (1616-1671), pintor nacido en Montpellier, con una trayectoria que abarca desde Roma hasta Estocolmo y París.

Pintura francesa desde el siglo XVII al XVIII (Salas 15-18)


Museo Fabre
Jean Ranc. Retratos de Monsieur Dupuy y Madame Dupuy (1697-1700)

En las salas 15-18 del Museo Fabre se presenta la pintura francesa de los siglos XVII y XVIII. A partir de la segunda mitad del siglo XVII, la vida de los artistas en Francia cambió con la creación de la Academia Real de Pintura y Escultura. Muchas obras de esta sección son “Morceaux de réception” (Obras de recepción), piezas que permitían a los artistas ser admitidos en la Academia. Otras fueron exhibidas en el Salón del Louvre. Destacan Jean Ranc (1674-1735) y Jean Raoux (1677-1734), académicos nacidos en Montpellier, con gran éxito en París y Europa. La pintura religiosa sigue siendo relevante, pero los mitos antiguos capturan cada vez más el interés de artistas y aficionados.

El neoclasicismo (Salas 19-23)

Museo Fabre
Hubert Robert. "Le Pont" (1776)

En la segunda y cuarta planta encontramos las obras neoclásicas, influenciadas por el arte antiguo y el heroísmo, esta sección se impregna con temas virtuosos de la historia griega y romana. Desde finales del siglo XVIII hasta principios del XIX, este movimiento marcó el arte europeo. Abundan las obras de Joseph-Marie Vien (1716-1809), pionero del neoclasicismo nacido en Montpellier, y su discípulo Fabre, quien luego se unió al taller de Jacques-Louis David. Fabre, además, coleccionó obras destacadas de sus contemporáneos. La sección refleja también el renovado interés por la naturaleza y las condiciones de vida, las estructuras sociales y los problemas de la sociedad de la época. Destacan las esculturas de Jean-Antoine Houdon (1741-1828) y Augustin Pajou (1730-1809).

El neoclasicismo (Continuación salas 24-28)


Museo Fabre
Cuadros de Jean Coustou y bustos de terracota de Augustin Pajou (1793)

La ruta neoclásica continúa en la cuarta planta, donde se encontraban los antiguos apartamentos de François-Xavier Fabre. Los bocetos de pinturas históricas reflejan las grandes ambiciones de Fabre y sus compañeros, estudiantes de la Academia de Francia en Roma en los años 1780-1790. Desde escenas de género hasta retratos, la muestra exhibe la riqueza artística entre Francia e Italia durante la Revolución, el Imperio y la Restauración. La abundante disposición recuerda el ambiente de los gabinetes de aficionados y coleccionistas, mostrando la diversidad y el intercambio cultural de la época.

Sala Girodet (Sala 26)

Museo Fabre
La sala 26 recuerda la creatividad en la Academia Francesa de Roma en el siglo XVIII

Jacques-Louis David (1748-1825) lideró el neoclasicismo a finales del siglo XVIII, influyendo profundamente en jóvenes artistas. Su taller, centro de formación y experimentación, impulsó a talentos como Jean-Germain Drouais (1763-1788), Fabre, Anne-Louis Girodet (1767-1824), Antoine-Jean Gros (1771-1835) y François Gérard (1770-1837). Estos artistas, animados por la renovación de la tradición clásica, destacaron en la pintura neoclásica. El “Grand Prix de Peinture” marcó el inicio de sus carreras, permitiéndoles estudiar en Roma, donde desarrollaron su arte copiando modelos clásicos y paisajes. Fabre, aunque eclipsado por sus contemporáneos, destacó por sus retratos y grandes composiciones históricas, manteniendo siempre un estilo clásico y conservador.

Sala Fabre (Sala 27)

Museo Fabre
François Xavier Fabre. "La Virgen de la silla", después de Rafael (1798)

François-Xavier Fabre, conocido por su notable donación de pinturas a Montpellier, ha visto su obra como pintor eclipsada por su faceta de coleccionista. Aunque deseaba que sus obras se exhibieran junto a su rica colección, su arte fue relegado por sus compañeros más revolucionarios como Anne-Louis Girodet o Antoine-Jean Gros. Aferrado al neoclasicismo, Fabre se mantuvo fiel a sus ideas monárquicas, lo que lo llevó a permanecer en Italia, alejado de la causa revolucionaria del ascenso de Bonaparte. Allí, bajo el mecenazgo de la aristocracia europea, desarrolló su carrera como pintor, especialmente durante su estancia florentina (1793-1800), donde destacó por sus retratos y obras históricas. Su conservadurismo se refleja en su predilección por temas religiosos y referencias clásicas en su arte.

MODERNIDAD Y ARTE CONTEMPORÁNEO (Salas 29-52)

Museo Fabre
La sala 29 alberga obras de la primera mitad del siglo XIX

Las salas de la 29 a la 52 ofrecen una visión del arte francés del siglo XIX, seguida por la presentación de figuras destacadas del arte del siglo XX. Gracias al generoso legado de Alfred Bruyas (1821-1877), el museo conserva una colección completa del Romanticismo, Naturalismo, Escuela de Barbizon y Realismo. Además, incluye obras de dos prominentes artistas nacidos en Montpellier: Alexandre Cabanel (1823-1889) y Frédéric Bazille (1841-1870). Este recorrido es una narrativa de la luz en la pintura, desde las búsquedas impresionistas hasta la libertad cromática de los fauvistas y expresionistas, culminando con el “negro-luz” de Pierre Soulages en 1979.

Visión romántica e ideal clásico (Salas 29-36)


Museo Fabre
La sala 30 exhibe obras románticas, incluyendo paisajes franceses y temas históricos

En la primera planta encontramos las salas dedicadas a la visión romántica e ideal clásico. El romanticismo, más que un movimiento, refleja un cambio profundo y una nueva sensibilidad en contraposición al clasicismo. Este espíritu, que impregna el siglo XIX, no se limita a un estilo estricto, ya que sus raíces están presentes en el arte neoclásico, como en la obra de Jacques-Louis David. El romanticismo busca expresar la belleza, según Baudelaire, y explorar nuevas fuentes de inspiración. La literatura impulsa este movimiento, con temas medievales y orientalistas, promovidos por autores como Walter Scott y Victor Hugo. En pintura, destacan representaciones dramáticas y psicológicas, fusionando el arte y la literatura en una búsqueda constante de modernidad.

Sala Ingres y la Escuela de Bellas Artes (Sala 33)


Museo Fabre
En la sala 33 podemos ver la escultura de James Pradier. "Nyssia" (1848)

El neoclasicismo, impulsado por la Revolución y el Imperio, dominó el arte oficial bajo Napoleón. Este estilo, promovido por artistas formados en el taller de Jacques-Louis David, cayó en desuso con la llegada del romanticismo, aunque persistió gracias a Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867) y su enseñanza en instituciones oficiales. La “École Nationale des Beaux-Arts”, sucesora de la Academia Real, mantuvo viva la tradición académica. Ingres, defensor del clasicismo, influyó en artistas posteriores como Henri Matisse (1869-1954) y Pablo Picasso (1881-1973). Su obra y la de sus seguidores, como Henri Lehmann (1814-1882) y François-Edouard Picot (1786-1868), perpetuaron las fórmulas neoclásicas, incluso en paisajes y esculturas inspiradas en la antigüedad.

Sala Cabanel (Sala 35)

Museo Fabre
Alexandre Cabanel. "Fedra" (1880)

Alexandre Cabanel, nacido en Montpellier en una familia de artesanos, se convirtió en uno de los pintores más célebres del siglo XIX y un ejemplo del academicismo. Formado en la “École des Beaux-Arts” de Montpellier y París, enfrentó dificultades iniciales, pero destacó con obras como “Le Christ au Prétoire”. Su carrera floreció gracias a su estilo refinado y sus conexiones con mecenas como Alfred Bruyas. Cabanel, conocido por “La naissance de Vénus”, alcanzó la cima de su fama en 1863. Aunque criticado por su conformismo académico al final de su vida, dejó un importante legado en la pintura académica.

Modernidad 1850-1914 (Salas 37-42)


Museo Fabre
La sala 42 muestra la importancia del color a finales del siglo XIX y principios del XX

En la segunda planta, entre las salas 37 a la 42, se explora la modernidad artística, caracterizada por el impulso hacia la independencia de los artistas en sus encargos y exposiciones. En 1855, Gustave Courbet (1819-1877) inaugura su “Pabellón del Realismo”, marcando un hito en este movimiento. En 1874, los artistas que más tarde serán llamados “impresionistas” desafían las normas del Salón Oficial. La jerarquía de géneros se trastorna; Courbet da relevancia a temas antes considerados menores. La pintura al aire libre, previamente un mero ejercicio, se convierte en el enfoque central de los impresionistas, con Frédéric Bazille como figura influyente. En el siglo XX, los pintores vanguardistas exploran el uso del color sin ataduras a la representación mimética, convirtiendo al cuadro en un objeto autónomo.

Sala Courbet (Sala 37)

Museo Fabre
Gustave Courbet. "Le Pont d'Ambrussum" (1857)

Alfred Bruyas, mecenas visionario del siglo XIX, forjó un lazo crucial con el pintor Gustave Courbet, marcando así un hito en la historia del arte. Desde su encuentro en 1853, Courbet se convierte en el rostro del realismo, desafiando convenciones con su estilo audaz y visionario. Su estadía en Montpellier en 1854, auspiciada por Bruyas, inspira obras maestras como “La Rencontre”, capturando la esencia del paisaje mediterráneo. La relación entre Courbet y Bruyas se inmortaliza en retratos significativos y en la colaboración artística. Courbet, un precursor del impresionismo, desafió las normas de su época, dejando un legado artístico revolucionario.

Sala Bazille (Sala 39)

Museo Fabre
 Frédéric Bazille. "La toilette" (1870)

Frédéric Bazille, nacido en Montpellier, fusionó su pasión por la medicina con su amor por el arte. En París, se unió al círculo de artistas vanguardistas como Claude Monet (1840-1926) y Pierre-Auguste Renoir (1841-1919), influyendo significativamente en el surgimiento del impresionismo. Su estudio en la Rue Fürstenberg, compartido con Monet, reflejaba su compromiso con la pintura al aire libre. Bazille también exploró el retrato, capturando la complicidad entre él y sus colegas. Sus paisajes languedocianos y estudios de cuerpos revelan una maestría técnica y una sensibilidad excepcional. Su vida fue truncada en la guerra a los 28 años, pero su legado artístico perdura y se reconoce cada vez más.

Figuración y Abstracción del siglo XX (Salas 43-45)


Museo Fabre
A la derecha, la escultura en bronce "La Chauve-Souris" de Germaine Richier (1946)

De nuevo, en la segunda planta encontramos las salas dedicadas al tumultuoso panorama artístico del siglo XX. Tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial, la abstracción emerge como la fuerza dominante en la pintura. En este contexto, el Museo Fabre destaca las visiones enigmáticas de dos artistas profundamente arraigados en la región. Jean Hugo (1894-1984), tras su paso por los círculos vanguardistas de París, encuentra refugio en el Mas de Fourques en Lunel, donde sus obras adquieren un aire místico. Mientras tanto, la escultora francesa Germaine Richier (1902-1959), formada en la “École des Beaux-Arts” de Montpellier y en el taller de Antoine Bourdelle (1861-1929), da vida a figuras híbridas que oscilan entre lo humano y lo animal.

Colección Soulages (Salas 46-47)

Museo Fabre
Pierre Soulages. "Pintura 162" (1972)

Las salas 46 y 47 albergan la colección de Pierre Soulages, nacido en Rodez en 1919 y establecido en Montpellier en 1941. Su obra refleja su búsqueda de la luz en la pintura, destacándose como uno de los principales artistas franceses a nivel internacional después de la Segunda Guerra Mundial. Soulages ve la pintura como una organización de relaciones entre formas, donde los sentidos se construyen y deshacen. La extraordinaria colección, donada por Colette y Pierre Soulages en 2005, ilustra esta búsqueda continua de la luz en su arte, reflejando su conexión única con Montpellier.

Colección Fournier (Sala 48)

Museo Fabre
Izquierda: Simon Hantaï. “Blanc” (1974). Derecha: Simon Hantaï. “Sin título” (1958)

En la Sala 48, la Colección Fournier rinde homenaje a Jean Fournier (1922-2006), destacado donante cuya influencia se extiende desde su galería hasta su círculo íntimo. Desde 1954, su librería en París se convertirá también en galería, exhibiendo inicialmente artistas surrealistas. Pronto, destaca al presentar tanto a artistas franceses como estadounidenses, este último grupo escasamente visto en Francia en aquel momento. Su gusto se moldea en torno a Simon Hantaï (1922-2008) y al legado de Henri Matisse. Fournier encontró una tercera alternativa en el arte abstracto, situada entre el lirismo expresivo, que enfatiza la emoción y la espontaneidad, y la estricta geometría que se centra en formas precisas y ordenadas.

Arte Contemporáneo (Salas 49-52)

Museo Fabre
Vincent Bioulès. “La Ponche V. Saint-Tropez” (1981)

Volvemos a la primera planta, el Arte Contemporáneo en el Museo Fabre se enriquece continuamente expuesto entre las salas 49 y 52. Las adquisiciones amplían el panorama histórico y siguen de cerca la creación actual. Esta última fase del recorrido revela la diversidad de prácticas en la pintura contemporánea: desde la abstracción geométrica hasta la reinvención de la pintura más allá del lienzo. Junto a estas aproximaciones abstractas, temas clásicos como la figura y el paisaje son reinterpretados. El movimiento Supports/Surfaces surgido en Francia en 1966, ocupa un lugar destacado en la colección, reflejando la obra de artistas como Vincent Bioulès (1938) o Claude Viallat (1936).

Más información: Musée Fabre. Dirección: 39 boulevard Bonne-Nouvelle, 34000 Montpellier. Teléfono: +33 (0)4 67 14 83 00. Horario: de martes a domingo de 10 a 18 h. Entrada: 9 €. Transporte público: Tranvía línea 4, parada Corum. Web: Musée Fabre

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