22 diciembre 2015

Tocar animales es posible en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno

A 15 Km. de Santander se encuentra desde hace 25 años el Parque de la Naturaleza de Cabárceno; un lugar que quiere alejarse por completo de lo que entendemos por zoológico y que tampoco pretende ser sólo un simple parque.


La idea principal es mantener a los animales en espacios abiertos naturales, con la libertad suficiente para que el hombre sólo tenga que intervenir para darles de comer, para controlar el estado de salud de las especies o en caso de trabajos de investigación para la conservación de las especies. Para ello, se dispone de 750 hectáreas de terreno de una antigua explotación minera (había planes para que acabara siendo un vertedero, así que es una suerte que se cambiara de idea). Aquí, crecen árboles y flora entre un paisaje erosionado de color rojizo y una alfombra verde que lo cubre todo, es la belleza del norte. 


Una de las primeras sensaciones que se tienen cuando se entra en este lugar es de aire, luz y espacio. Visitarlo en un día soleado de otoño me dio la oportunidad de disfrutar de la naturaleza en todos los sentidos. Mi visita fue toda una experiencia sensorial y está disponible para el público en general, aunque parezca que nos trataran de una manera diferente, vivimos en primera persona la visita que cualquiera puede comprar y vivir. Sólo se realiza una vez al día y en grupos de 4 personas (hay que reservar previamente), así que la complicación radica en encontrar días disponibles. Lo que voy a describir es la llamada “Visita Salvaje” que consiste en recorrer junto a un cuidador del parque, distintos recintos y enseñarte las características y peculiaridades de cada uno de los animales a los que nos acercaremos.


Recorrido de la Visita Salvaje
El recorrido está supeditado a las horas que se da de comer a los animales y al horario en el que algunos realizan demostraciones o ejercicios. Se trata de que el visitante se adapte al ritmo de ellos y que repercuta lo menos posible en su bienestar.


Fernando, nuestro guía acompañante, nos explica que los ejercicios que se realizan con algunos de los animales es simplemente para que en la medida de lo posible, el animal pueda acostumbrarse a la presencia de los humanos y que el veterinario pueda acercarse para extraer una muestra de sangre para los controles rutinarios o para hacer alguna cura. Gracias a esa rutina diaria se han podido salvar ejemplares que de otra manera hubieran fallecido. Los animales salvajes no pierden el instinto, así que atento a las indicaciones y a las señales.


Después de darte la bienvenida, el primer contacto cercano con los animales es en el espacio donde viven los Elefantes africanos y que comparten con los búfalos de agua y los Cobos lichi (un antílope africano). Ahora mismo Cabárceno tiene 14 ejemplares de elefante africano y una cría nacida hace muy pocas semanas. Seguramente os sonará aquello de “tener memoria de elefante” pues bien, no es una expresión fortuita, según nos cuenta Fernando, uno de los machos adultos, Jums de 39 años, vino de Inglaterra y se encontró en el parque con uno de sus hijos al que enseguida reconoció. Esa “familiaridad” ha evitado una lucha “masculina” por las hembras y están la mar de tranquilos con su lago de 8 metros de profundidad (algo impensable de tener en un zoológico). El mayor mamífero terrestre vive en una sociedad donde mandan las hembras y en Cabárceno no es distinto, en la manada del parque la que manda es la “abuela” y si no ve claro que las crías puedan sobrevivir, son rechazadas por todo el grupo. Es el caso de Cristina y Brisa unas “adolescentes elefantas” a las que nos acercamos a darles de comer manzanas, cuando acaban con sus ejercicios, sobrevivieron del rechazo e incluso de la agresión de su familia y poco a poco han sido reintroducidas en la manada.


Seguimos camino hasta el lugar donde están los Rinocerontes, aunque veas ante ti un animal pesado y enorme, ten en cuenta que es capaz de alcanzar los 50 Km. por hora, no se te ocurra saltar la valla para ir a saludarle que no le gustará ni un pelo. Gracias al ejercicio de acostumbrarlos a entrar en un recinto fuertemente enrejado cada día, han podido salvar a algún ejemplar de heridas importantes. Es la única manera en la que el veterinario se puede acercar y nosotros ¡también!. Tener a un rinoceronte blanco de 3000 kilos delante impresiona, no os voy a engañar, aunque entre tu cuerpo y su cornamenta haya un barrote de 20 centímetros de diámetro. Sus cuidadores dicen que Sagán está tranquilo (mi subconsciente entiende que se llama Sadam, ¡fíjate qué cosas! los del parque me corrigen a tiempo). Aunque Sagán se mueve de forma nerviosa, hacia delante y hacia atrás, nos dicen que eso no es nada, en sus días malos puede llegar a saltar y cornear dentro de ese espacio preparado para atenderlo (no me gustaría verlo enfadado). Una vez observado que no me puede aplastar la mano tuiteadora con su cuerpazo, le toco el lomo de piel rugosa y noto que está calentita. Unos minutos después es liberado y campa a sus anchas con los demás individuos de su clan (hay 5 en total) en una pradera bien cortada por este herbívoro.


A continuación nos introducen en el recinto de los Osos pardos (hoy vamos a tope con las “emociones fuertes”), aunque por supuesto no está permitido bajar del coche. Llevamos además un coche con personal armado por si hubiera que actuar. Pero tranquilo, dicen que no han tenido que disparar a ningún oso para salvar a un visitante (vale, a mí tampoco me tranquiliza ese dato en exceso). Sigo con el post: vas a ver muchos osos en Cabárceno, en la actualidad se calcula que hay unos 70 ejemplares que viven en un espacio de 35 hectáreas, algunos en esta época ya están invernando, otros, se lanzan a devorar su comida mientras nosotros no dejamos de hacerles fotos a través de la ventanilla. Primero se comen el pollo y luego el pan que por algo son carnívoros y los más grandes de la Península Ibérica. En Cabárceno no se da alimento vivo, todo está matado y bien muerto (otra cosa es que se te ocurra entrar con tu mascota al parque y no te asegures donde se mete, aix...). Tras subir por uno de los caminos del recinto y cruzar los dedos para que el coche no se quede tirado, salimos entre aliviados y con ganas de achuchar osos (sí, lo sé, no tengo remedio).


A continuación llegamos hasta el Mirador del Lago Sexta donde se encuentran los hipopótamos; dicen que es el mejor recinto de hipopótamos del mundo, gracias a la profundidad de su lago. Desde aquí se puede contemplar lo grande que es este lugar, las formaciones kársticas producidas por la extracción del hierro y el futuro teleférico que tiene previsto abrir en marzo y que proporcionará una vista aérea por El Desfiladero, La Trinchera y los distintos recintos donde se encuentran los osos, wallabys (parecidos a los canguros, pero de menor tamaño), leones, linces, bisontes, facóceros (el personaje llamado Pumba de El Rey León), addax (otro tipo de antílope) camellos, watusis (bóvido africano con una enorme cornamenta), elefantes e hipopótamos.


La Fauna Ibérica también está representada en un recinto de Cabárceno, donde conviven hermosos ejemplares de ciervos (en septiembre tiene lugar “la berrea”, sonido gutural emitido por los machos en la época de apareamiento, el celo es muy malo, aunque éste concretamente, sirve de reclamo turístico) y 350 gamos (en octubre tiene lugar “la ronca”, sonido que emiten en la época de apareamiento los machos para atraer a las hembras, sí en plural son “polígamos”, menudo chiste). Quien campa a sus anchas es un buen número de pícaros monos de Gibraltar, por sus travesuras, descaro y reconozcámoslo, la inconsciencia de algunos visitantes que les daban de comer cualquier cosa, han tenido que prohibir en esta zona que se baje de los coches. Con nosotros hacen una excepción y nos permiten darles manzanas a estos simios salvajes, bajo la atenta mirada de nuestro guía. Al lado de este recinto se encuentra el de la vaca tudanca, la raza bovina autóctona de Cantabria y más allá, a lo lejos, se divisan unos simpáticos asnos somalíes.


Nos acercamos hasta el recinto de los Gorilas, uno de los pocos espacios aparentemente cerrados que tienen en el parque. El lugar no es muy distinto al que se puede ver en un zoológico normal, un enorme cristal facilita la contemplación de los animales en un recinto semicerrado. También encontramos una interesante exposición con imágenes y audios referentes a estos herbívoros y algunas referencias al trabajo de Dian Fossey quien estudió profundamente a esta especie. Es fácil, con los movimientos juguetones de Moya y Embubu, entre cuerdas y plataformas, trasladarte con la imaginación a las escenas de “Gorilas en la niebla”, película protagonizada por Sigourney Weaver. A los gorilas parece gustarles este sitio; juegan, se esconden, se balancean (tienen una capacidad cognitiva de un niño de 6 años) y enamoran a simple vista. Mientras el macho dominante se pasea controlando la escena y haciendo algo de ruido. Hay una puerta abierta para salir del recinto, pero no parecen muy interesados en investigar el espacio exterior.


El Parque de la Naturaleza de Cabárceno tiene 20 kilómetros de itinerarios para coche, así como sendas donde se puede ir a pie un rato, ya verás como un sólo día se te hace corto. Dejamos a un pequeño gorila jugando a esconderse dentro de un saco y nos vamos casi a la otra punta del parque donde se encuentran los 5 guepardos de Cabárceno (la última especie que a llegado al parque) y a los que vemos desde un pequeño mirador estirados tan tranquilos. Nuestra próxima parada para dar de comer es donde se encuentran las Cebras Grevy, aunque es la cebra más domesticable, ninguna de ellas se deja tocar mientras le doy de comer.

Si puedes acércate hasta el Mirador del Rubí, es la parte más alta del parque, y desde aquí, se obtiene una magnífica vista de la Bahía de Santander.


Seguimos hasta la Exhibición de aves rapaces (hay que consultar el horario si vas por tu cuenta) donde Carlos y Aurora nos muestran las técnicas de vuelo del águila escudada. Además en la demostración, que se realiza diariamente, también se puede aprender sus técnicas de caza. De hecho, ha habido hasta una pedida de mano ¡lo que tiene que hacer un bicho por un pedazo de carne! (chiste). El contacto con las aves rapaces fue uno de los puntos álgidos de mi visita a Cabárceno. La sensación de poder sostener en el brazo a un ejemplar de águila americana, una hembra de búho siberiano y poder tocarla o sentir desplegar las alas de un halcón peregrino es de esas experiencias insólitas que graban un profundo recuerdo en mi mente. También se pueden contemplar a escasos metros de distancia, aunque no sea la hora de exhibición, a otros ejemplares de aves rapaces como un buitre negro, milanos o pigardos.


Llega la hora de comer en el Restaurante Los Osos, un enorme ventanal en el comedor permite la contemplación de la “Sabana cántabra” y de sus jirafas y avestruces (después les iremos a dar de comer). El almuerzo va incluido en el precio de la Visita Salvaje y se compone de un primer plato, segundo y postre a elegir, más bebida y pan. Los que visitan el parque con su propio coche tienen la opción de degustar este menú por 17 € o de disfrutar de todas las opciones de restauración que ofrece Cabárceno: Menú diario, carta, bocadillos, Self Service, la cafetería, o incluso, puedes traerte la comida de casa y aprovechar las diferentes zonas de picnic distribuidas y señalizadas en el parque.


Finalizado el ágape nos dirigimos al recinto donde se está preparando Deba, un león marino que dentro de un rato ofrecerá una demostración junto a sus compañeros Eco, Babilonia, Lucas, Nansa y Pas como embajadores del ecosistema marino. No les gusta oír decir que son focas, así que cuidado que no te oigan. Con Deba tan cerca, aprovechamos para hacerle mimos y ella se acerca a darnos un beso en la mejilla mientras la abrazamos, una imagen tremendamente tierna. Nos despide saludando mientras su cuidadora la prepara para la función y le da algún que otro pescado. ¡Es de lo más achuchable!


Finalmente, frente al recinto de los osos, nos encontramos con las jirafas, avestruces, elands (el antílope más grande del mundo), ñus azules y antílopes sable. Cuando los animales nos ven acercarnos con el saco de zanahorias la mayoría se ponen en alerta. Las 3 jirafas macho se acercan con esa elegancia, entre apacible y con prisa, que las hace protagonistas de la escena. Los tres ejemplares se llevan estupendamente porque no hay ninguna hembra en el rebaño, así que van devorando zanahoria tras zanahoria mientras yo contemplo de cerca sus enormes cabezotas y descubro que tienen un olor especial entre dulce y fruta muy madura. Cuando se acaba la comida se alejan con la misma elegancia y con una parte del cariño de Planeta Dunia. Me ha gustado especialmente verlas tan cerca y me llevo un grato recuerdo de este momento y de la imagen de esa libertad que las mantiene con vida.

El Parque de la Naturaleza de Cabárceno es miembro de varias asociaciones para el cuidado, la investigación y la protección de los animales salvajes. El ser humano no ha encontrado otra manera de proteger la vida animal que este tipo de lugares donde al menos pueden vivir en semilibertad.

Esta visita no hubiera sido posible sin la invitación de la compañía aérea Vueling y la Oficina de Turismo de Cantabria que me invitó a un fin de semana en Santander y a las que agradezco el haberme elegido para escribir sobre este lugar. Todo el material subido durante mi visita puede consultarse en redes sociales con el hashtag #NosVemosEnCantabria


Más información: Dirección: 39690 Obregón, Cantabria. Teléfono: 902 210 112. Tarifas Temporada Alta: La entrada normal de un día completo en Cabárceno cuesta 25 €. La entrada infantil (de 6 a 12 años) cuesta 15 €. Los niños acceden gratuitamente hasta los 5 años acompañados de un adulto. Existen pases anuales individuales y para toda la familia, así como descuentos en temporada baja. El precio de la Visita Salvaje para 4 personas es de 400 € (incluye almuerzo en uno de los restaurantes del parque, guía acompañante y vehículo). Se puede adquirir las entradas online. Duración de la Visita Salvaje: de 10 a 17 h. Horario del parque: Del 1 de noviembre al 28 de febrero: laborables de 10 a 17 h. Fines de semana y festivos de 10 a 18 h. Del 1 de marzo al 30 de junio y del 1 de septiembre al 31 de octubre: diariamente de 9:30 a 18 h. Del 1 de julio al 31 de agosto y durante Semana Santa: diariamente de 9:30 a 19 h. Web: Parque de la Naturaleza de Cabárceno.

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