04 febrero 2009

Sana’a, la ciudad más hermosa y antigua del mundo


Cuando se tiene la suerte de poder emprender un viaje, al documentarse uno siempre tiene la impresión de estar delante de: el lugar más poblado, el edificio más antiguo, el puente más alto, el río más caudaloso o el mar más profundo. Realmente no puedo afirmar si Sana’a es la ciudad más antigua del mundo, pero sin dudarlo sé, que es la capital más hermosa de todas las que he visitado.

Sana’a es la capital histórica y política de la República del Yemen, está situada en la provincia o gobernación del mismo nombre. Ubicada estratégicamente en la ruta de Adén a La Meca, al pie de las montañas de Djebel Nogoum (2.892 m.) y Djebel Ayban (3.194 m.), en una meseta a 2.300 metros de altitud al noroeste del país.

Ciudad Antigua de Sana'a


El nombre de Sana’a significa “plaza fortificada”, su estilo arquitectónico es inigualable y enamora perdidamente a todo el que la contempla. Esta joya arquitectónica del mundo musulmán, presenta el típico aspecto de las ciudades de la Península Arábiga y es una ciudad imprescindible en una visita al Yemen. Tan bella como misteriosa, sus casas de adobe o piedra son una fantasía árabe única en el mundo. Tierra de paso de las caravanas de Oriente, lugar de origen del incienso y la mirra, la historia de Sana’a se remonta al alba de la historia de la humanidad.

La tradición indica que fue fundada por Sem; uno de los tres hijos del patriarca Noé, nada más retirarse las aguas del diluvio universal, de ahí procedería su sobrenombre de “Sam City”. Existen evidencias de que ya existía en el siglo I, en inscripciones sabeas del año 70 d.C. y también en textos judíos y cristianos.
En el Museo de Sana'a pueden verse piezas procedentes del Reino de Saba

En el siglo II, era la más importante guarnición del Reino de Saba en las tierras altas, situada a unos 100 Km. al oeste de Marib, ya en los límites del desierto. La ciudad fue conquistada dos veces por el Imperio Persa, habiendo sido también gobernada por los abisinios durante 50 años. Durante este último periodo fue construida una gran catedral con la ayuda de dos arquitectos enviados por el Emperador Justiniano desde Bizancio. Aquella catedral nestoriana de madera de teca con clavos de plata y oro, fue el edificio cristiano más grande al sur del Mediterráneo y Sana’a era en aquellos tiempos, el centro de las peregrinaciones cristianas en Arabia.

La ciudad ganó importancia por primera vez en el siglo IV, al formar parte del reino himyarí. El reino himyarita se estableció en el año 525 en Sana’a, los etíopes que vinieron con el pretexto de defender a los cristianos, sometieron a Sana’a y a las tierras altas de Yemen. En el año 575, serían desalojados por los persas sasánidas.

En Yemen los niños sienten un gran respeto por los mayores

En el año 628 Yemen se convirtió al Islam, y Sana’a se volvió uno de sus principales centros de difusión entre Libia e Irak. Todos los palacios no musulmanes, fueron destruidos para poder construir mezquitas. En la ribera del mar Rojo se fundó un foco cultural de la importancia de Córdoba y Bagdad, donde en el siglo VII, se profundizó por primera vez en el álgebra. Los historiadores dicen que en esa época, el Profeta Mahoma dio estrictas instrucciones para la ubicación exacta de la Gran Mezquita de Sana’a, Al-jami’al-Kabir y para el espacio abierto para la plegaria fuera de la ciudad. Ocupada por el califato musulmán en el año 632, Sana’a continuó como capital del Yemen, a través del desarrollo del Islam y sólo fue reemplazada temporalmente y ocasionalmente por Ta’izz en un periodo aproximado de 14 años.

En 1986 la UNESCO inscribió “la ciudad vieja de Sana’a” como Patrimonio de la Humanidad con la siguiente descripción: “Situada en un valle de montaña a una latitud de 2.200 metros, Sana’a ha sido habitada por más de 2.500 años. En los siglos VII y VIII la ciudad fue uno de los mayores centros para la extensión del Islam. Esta herencia religiosa y política puede verse en sus 106 mezquitas, 12 hammans y 6.500 casas, todas ellas construidas antes del siglo XI. Las muchas torres de pisos de Sana’a añaden belleza al emplazamiento”. Sana’a fue el segundo enclave reconocido en el Yemen como Patrimonio de la Humanidad, después de Shibam. En el año 2004 la UNESCO la designó: Capital cultural del mundo árabe.

Ventanas con celosías de estuco




Sana’a se divide en dos sectores unidos por el palacio de los antiguos imanes o gobernantes del Yemen: el sector oriental o ciudad antigua, y el sector occidental que es el residencial y el de los edificios oficiales. Se estima que de la población total de Sana’a de unos 500.000 habitantes, alrededor de 50.000 viven en la ciudad antigua. Esta parte se compone: de la parte árabe y su mercado, el antiguo barrio judío y el antiguo barrio turco. Un gran volumen de edificaciones que se conservan hoy en día, datan del siglo XVII. 

Perderse por las callejuelas estrechas y laberínticas de Sana’a es uno de los mayores placeres que cualquier viajero puede experimentar. Tomarle el pulso a la vida diaria yemenita, a través del olor a pan recién hecho a primera hora de la mañana, a través del ajetreo de los transeúntes a la hora de mercado, a través de las verdes sonrisas y las caras hinchadas en la hora del qat. La amabilidad de sus gentes, su curiosidad y a veces su sorpresa, predispone al paseo sin rumbo.
Aunque Sana'a sea capital se necesita un lugar donde dejar los burros

Franquear las puertas de la vieja muralla de Sana’a, es como adentrarse en algún paraíso perdido de “Las mil y una noches”, aquí se esconde la medina mejor conservada del mundo árabe. Personalmente mi sensación es la de ingresar en un pesebre viviente gigante: con los animales recorriendo las calles cubiertas de paja y piedra, con los artesanos trabajando en los comercios, mientras los niños corren y juegan esquivando a tropel el gentío que va al mercado. Todo lo que se diga de Sana’a es poco, Sana’a es una ciudad milagrosa con un estilo arquitectónico incomparable que deja al viajero asombrado.

Sana'a son sus zocos, sus construcciones de ladrillo, sus edificios de piedra, su sugerente y bien trabajada arquitectura en las casas-fortaleza de adobe. Casas unifamiliares algunas de hasta siete u ocho pisos, con fachadas profusamente labradas, magníficamente decoradas; con arcos, frisos, arabescos, festoneadas de estucos, lacerías, todas diferentes, nunca una igual que otra. Aquí un detalle en una puerta, aquí un cuidado detalle en un tejado apenas apreciable, ventanas en forma de media luna con vitrales de colores y nervaduras de yeso, o bien, ventanas encuadradas en blanco y rematadas por molduras labradas con vidrieras de alabastro.

Ventana yemenita con cristales de colores y adornos de yesería


Todas ellas adornan los exteriores de las altas y estrechas viviendas, algunas ventanas están protegidas por una especie de celosía de estuco o de madera, que permite contemplar el espectáculo callejero sin ser visto desde el exterior. El conjunto convierte a Sana’a en una de las capitales más bellas y fascinantes del mundo. Los rayos de sol penetran cada día a través de las ventanas de vidrios multicolores, formando en el interior de las estancias un calidoscopio de maravillosos colores, que se reflejan sobre el blanco encalado de las habitaciones adornadas con repisas y zócalos de yesería, dibujando preciosos arabescos.

Es sorprendente, la sencilla calidez de vida que se respira dentro de cualquier casa yemení, aunque algunas tienen 500 años de antigüedad. Las casas están construidas en el mismo y único estilo de hace 1.000 años, con un buen estudio sobre las corrientes de aire y luz natural. Las casas de Sana’a son una mezcla de estilos y materiales yemeníes muy particulares. Los pisos más bajos sirven de refugio a los animales domésticos y el siguiente piso, o a veces dos niveles, son utilizados como despensas, los pisos más bajos están hechos de oscura piedra basáltica. Luego se encuentra el diwan, una sala dedicada para las recepciones públicas, seguido por dos o más pisos donde la extensa familia tiene sus habitaciones y la cocina. Los pisos superiores se construyen a base de ladrillos de barro cocido, las paredes exteriores de color ocre están decoradas con adornos cubiertos de cal.

Masticando qat en el mafraj
Finalmente la terraza y el último piso se utiliza para relajamiento privado, es el dominio masculino, llamado mafraj o mefren. Es un agradable cuarto de estar y la habitación más adornada de la casa, donde entre almohadones, se reúnen los hombres en el ritual social de masticar el qat hasta el anochecer, cuando las luces encendidas hacen que las ciudades parezcan cofres de piedras preciosas. Si tenemos la oportunidad de subir al atardecer al mafraj, podremos disfrutar de excepcionales vistas sobre la ciudad de Sana'a punteada de minaretes. Su color y brillo a esa hora se vuelven de una intensidad especial; insuperable, cuando los rayos de sol se despiden de las 14.000 viviendas de dudosa verticalidad que habitan intramuros de la Ciudad Antigua, una de las zonas más impresionantes de la capital.

El canto del muecín desde los minaretes al atardecer, nos llevará de la mano por centenares de años de vida y leyendas de antiguos viajeros, que han visto pasar desde hace miles de años las caravanas de la ruta de las especias. Recordad, la ciudad despierta de madrugada con el canto de… ¡alguien se ha atrevido a contabilizar 150 muecines!, que cortan el silencio de la noche. Cada día, la ciudad se despierta más o menos a las cinco de la mañana, hora de la primera oración del día. A medida que amanece una algarabía de gente y de cláxones llenan de vida las calles de la ciudad. Decenas de alminares esperan cuatro llamadas más a la oración, entre las cinco y media y las seis de la tarde todo quedará parado, porque los hombres que son los que llevan los comercios, van a la mezquita a la última llamada del rezo.

Yemen
Bab al Yaman


La única parte de la ciudad antigua que conserva el bullicio hasta medianoche es Bab al Yaman, dicen que traspasar esta puerta es como sobrepasar los límites de la realidad. Las humeantes parrillas de kebab, los coloridos puestos de especias y fruta fresca, los olorosos hornos de pan, nos dan la bienvenida a esta nueva realidad, a este nuevo mundo. Esta es la entrada para visitar el famoso Souk al-Melh (el Mercado de Sal) y el resto del mercado de más de 1.000 años de antigüedad. Los mercados están considerados uno de los principales componentes de las ciudades árabes, para el viajero es un lujo poder contemplar el movimiento de mercancías y gentío, perderse por sus calles laberínticas dónde aún se puede encontrar incienso, mirra, especias, joyas de plata y oro, seda, alfombras y las trabajadas jambias o dagas de la artesanía yemenita.

El mercado de Sana’a está dividido por oficios y especialidades del comercio, hay un total de 40 pequeños souk o zocos: el de ganado, el del grano, el de las pasas, el del café, el de las frutas, el de las verduras, el de los artesanos de la madera, del latón, del cobre, de la plata, el de los herreros, el de los alfareros, el de las alfombras, el de las telas, el del hilo, el de la seda, el del incienso, el de las especias, el de las jambias, el del qat, etc. Es aconsejable acercarse a primeras horas de la mañana en plena actividad o bien, al caer el sol, entre las 6 y las 7 de la tarde, cuando la luz envuelve en fantasía todo el ambiente. Dentro de cada souk hay una samsara o caravasar, un edificio que sirve para almacenar los productos y también como centro para aquellos que llevan a vender su mercancía. En el pasado funcionaban también como posadas para los mercaderes, su estilo arquitectónico también es especial, caracterizado por arcos y terrazas en el interior. La planta baja se utilizaba para guardar los camellos y los caballos, hay todavía hoy algunos ejemplos de tales posadas en Al-Nahas Caravansary en la entrada del Mercado de la Sal, entrando por Bab-al Yaman.


Panorámica de la Ciudad Vieja de Sana'a

Merece la pena subir a lo alto de un edificio para contemplar la abigarrada distribución de viviendas y los minaretes de las mezquitas que se elevan por encima de las torres-casas. Desde las alturas, se pueden contemplar las viviendas agrupadas en barrios, sin atenerse a ningún plano concreto, rodeadas por cerca de 50 mezquitas, cuyos minaretes dominan la urbe. Abundan los haman o casas de baño, hay cerca de 15 y muchos de ellos datan de la época turca. Hermosos jardines privados se esconden tras los muros de la antigua ciudad. Personalmente recomiendo subir al último piso del Taj Talha Hotel & Restaurant que posee una terraza en la azotea, dónde mientras se toma un té y se escuchan cientos de llamadas a la oración, se puede admirar esta hermosa y única combinación de: casas, minaretes, mezquitas y edificios, que hacen que el momento se grave en la memoria, conocedora de saber, que se está en un lugar único del planeta.


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