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Mostrando las entradas etiquetadas como cuento

La Torre Agbar (con fotografías de Anibal Trejo y texto de Planeta Dunia)

El día de San Valentín es un buen momento para contaros una historia; un buen día, Anibal enamorado de la fotografía, le propuso a Ana apasionada de las letras, juntar sus trabajos. Así nació la primera novela romántica viajera en imágenes de la que tengo constancia. El texto completo no se puede leer ni en el blog de él ni en el blog de ella, tan sólo viajando con un dulce vaivén de un lado para otro, se consigue saber la historia de los dos protagonistas. Estamos en Barcelona ciudad abierta al mar, donde las olas salpican la tierra y a veces los besos saben a sal. Feliz día de los enamorados, aunque sea sólo de los viajes He sido formalmente invitada a una fiesta misteriosa en la Torre Agbar. Me dirijo hacia la Plaça de Les Glòries y miro asombrada esta construcción de 142 metros de altura que se ha convertido en uno de los símbolos de Barcelona. Torre Agbar. Fotografía de Anibal Trejo Las indicaciones son tan raras como el motivo de mi presencia: Serán

Cuento para escuchar, relato para sentir #EscuchaLaPalma

Playa Nogales, La Palma Nací siendo viento donde acaba el mundo, en aquellos confines de la tierra donde no había nada, sólo silencio, hasta que un día llegó la tormenta y el fuego. Con un millón de rayos y truenos dio luz a la oscuridad de la noche, formando los primeros fuegos artificiales del planeta en la montaña de Las Tricias . Cuando el sol salió e iluminó el paisaje del Parque natural de Las Nieves , cientos de animales poblaban aquella región. Pero el aire sólo tenía ojos para las aves y los colores de sus plumajes. Fue así como se encontró persiguiendo un hermoso pájaro que se posó en la orilla de un riachuelo. El viento no podía reflejarse en aquel divino espejo, tan sólo veía el paisaje duplicado del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente . El pájaro que se refrescaba y la imagen del cielo estaban ahora en el suelo, ¡nubes, sol y firmamento!. Las copas de los árboles, las hojas, grandes montañas o diminutas piedras, eran ahora dos, y no un solitario viento.