lunes, febrero 2

Cuento para escuchar, relato para sentir #EscuchaLaPalma

Nací siendo viento donde acaba el mundo, en aquellos confines de la tierra donde no había nada, sólo silencio, hasta que un día llegó la tormenta y el fuego. Con un millón de rayos y truenos dio luz a la oscuridad de la noche, formando los primeros fuegos artificiales del planeta en la montaña de Las Tricias.

Cuando el sol salió e iluminó el paisaje del Parque natural de Las Nieves, cientos de animales poblaban aquella región. Pero el aire sólo tenía ojos para las aves y los colores de sus plumajes. Fue así como se encontró persiguiendo un hermoso pájaro que se posó en la orilla de un riachuelo.

El viento no podía reflejarse en aquel divino espejo, tan sólo veía el paisaje duplicado del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente. El pájaro que se refrescaba y la imagen del cielo estaban ahora en el suelo, ¡nubes, sol y firmamento!. Las copas de los árboles, las hojas, grandes montañas o diminutas piedras, eran ahora dos, y no un solitario viento.

Fue entonces cuando quiso convertirse en agua, para dejar de volar solo y poder ser acariciado por todos los reflejos de la Madre Naturaleza. Buscó la manera de meterse en el agua, lo intentó con fuerza, pero siempre resbalaba. Empezó a llover, y cada vez había más agua. La tierra estaba empapada, los ríos caudalosos se agrandaban y terminó por caer en un infinito y profundo lugar cerca del Faro de Fuencaliente, que el viento recordaba de su niñez, cuando se pasaba el tiempo jugando con el agua.

Fue en aquel momento cuando recordó que en el mar se podía fundir en un millón de abrazos con el agua para formar grandes olas que acariciaban la isla de La Palma.

Dedicado a Alzola Basque Water para que estos días salgan victoriosos de su dura batalla.
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