29 noviembre 2008

Descubriendo una aldea dogón

La distribución de las aldeas Dogón es un universo único donde se mezclan magia y tradición, por las calles desiertas de Sangha se puede oler la tierra de África, toda la aldea permanece en silencio, detenida en el tiempo.

Alejado del centro de la población, se encuentra un edificio donde viven las mujeres los días que tienen la menstruación, allí permanecen hasta que son purificadas con un aceite que extraen de una uva salvaje. El día que van a salir se fabrica el aceite y se unta a la mujer en cuestión antes de volver a su propia casa.

Por calles estrechas donde el color de las casas se funde con el color del suelo, se llega al edificio más importante de la aldea: la toguna o Casa de la Palabra. La construcción está sostenida por ocho pilares de madera laboriosamente labrados, soportando un grueso tejado de ocho hiladas de paja y tallos de mijo secos, en referencia a los ocho primitivos ancestros. En la toguna es donde los ancianos se reúnen durante largas horas para tratar los problemas de la comunidad, el espacio interior es sorprendentemente bajo, para impedir que al estallar una discusión, nadie pueda levantarse para imponer físicamente su criterio.

La irregular plaza, donde se encuentra la toguna de Sangha, está reservada para celebraciones y ceremonias rituales y no puede ser pisada normalmente. La mayoría de los edificios son sagrados y no pueden ser fotografiados.

La casa más famosa de Sangha es la casa de Gutemele, el cazador protagonista del libro “El Dios del Agua”. Construida en adobe, en los huecos que adornan la fachada se guardaban plantas y raíces para utilizar en caso de enfermedad, un resumen de la sabiduría y medicina anclada en el pasado.


Muy cerca se encuentra la Casa del Hogón y la Casa del Fetiche, el hogón es el líder espiritual de la tribu, vive solo y únicamente sale de su casa en caso de necesidad. Un montículo de piedras señala la cantidad de “hogones” que han habitado el lugar.

Esperamos a que el sol disminuya, hacia las 16 h. empezamos la caminata de 3 Km. por la Falla de Bandiagara, salimos de la aldea Bongo, tras pasar un túnel natural que parece una cueva, el olor a estiércol de murciélago es bastante fuerte.

Llegamos a la cima de la Falla de Bandiagara donde una impresionante panorámica nos regala la vista; extendidos sobre un manto rojizo, pequeños campos de cultivo y baobabs salpican la tierra, más allá divisamos la aldea de Banani donde pasaremos la noche. El descenso resulta fácil y está sembrado de momentos pintorescos, nuestro guía se encarga de ello, aquí una planta con nombre indescifrable, allá un fruto para probar, a lo lejos gente que vuelve del trabajo. Por el camino tropezamos con la casa de Miquel Barceló, está en un lugar idílico. Desde aquí se contempla el valle salpicado de pinceladas verdes y también puede admirarse la pared impresionante de la falla; plagada de graneros de techo cónico de paja y casas de barro inmaculado.

Llegamos al atardecer a nuestro destino, cuando el cielo se tiñe de hermosos tonos naranjas y lilas, y las nubes se ciernen sobre la Falla de Bandiagara, en este momento se puede saborear el silencio a medida que van apareciendo las primeras estrellas de la noche y la oscuridad se cierne sobre la aldea. Bienvenidos a África.

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