13 septiembre 2010

Boí, rodeado de montañas y cubierto de pasto

Boí es un pequeño pueblo atiborrado de calles con encanto, que da nombre al Valle de Boí, un valle que ya en la Edad Media estaba plagado de bovinos. Túneles, puentes y pasadizos hacen del paseo por la población, una aventura. Hay rincones de extraordinaria belleza tanto pequeños balcones cuajados de flores, como paisajes de montaña con reflejos de luz solar tamizada por las nubes. 



Hay facilidades de aparcamiento, lo que se agradece, ya que las alturas, invitan al paseo a pie aletargado, dando pequeños pasos y parándose a contemplar cada piedra, cada esquina, y respirar. Sí, respirar, porque así lo recomienda el paisaje que nos rodea. Las montañas se vuelven a cubrir de una espesa alfombra de árboles. Las casas se encaraman sobre riscos y vertientes y volvemos a disfrutar de esa rica arquitectura de montaña, elaborada con piedra del entorno, tejados de losas de pizarra negra como el carbón, tejados bien inclinaditos para que la nieve no se acumule, en los fríos meses de invierno que están por llegar. Los porches, puertas y ventanas, se cubren de madera de color miel y se engalana por doquier con macetas de flores rojas.


Por nuestro deambular, descubriremos el olor de ganado de un establo cercano, un antiguo abrevadero adosado a una fuente, aún en uso. Puertas desvencijadas junto a otras recién barnizadas, contraventanas con detalles de hierro y escaleras de piedra. Casas que siguen una antigua tradición y cuelgan bajo los aleros de sus tejados, una enorme flor, la flor del cardo silvestre, secada por el paso del tiempo. La flor protege de los malos espíritus, y me complace enterarme una vez que llego a casa, que esta misma tradición se realiza en poblaciones de Navarra y que forma parte como elemento protector en la cultura pastoril vasca con el nombre de Eguzkilore o Flor del Sol.


Boí atesora una de las iglesias declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO, el 30 de noviembre del año 2000, la Iglesia Parroquial de Sant Joan de Boí. Es la iglesia más antigua del conjunto del Valle de Boí y la que conserva un mayor número de elementos arquitectónicos del primer momento constructivo que se produce en el valle en el siglo XI. Destaca el conjunto de pinturas murales del primer cuarto del siglo XII, que se encontraron decorando el interior de las naves. 


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