Musée Narbo Via: el legado romano de Narbona renace

Musée Narbo Via
Cabeza de bóvido (prótomo) con guirnaldas, bloque lapidario de Narbo Martius

En la ciudad de Narbona, antigua colonia romana de la Galia conocida como Narbo Martius, un museo de arquitectura contemporánea acoge hoy el espléndido patrimonio arqueológico de su pasado. El Musée Narbo Via reúne por primera vez las colecciones que antes se encontraban repartidas entre dos espacios del centro urbano: el museo lapidario, instalado en la Iglesia de Notre-Dame de Lamourguier, y el museo arqueológico de Narbona, ubicado en el Palais des Archevêques. 

Narbona
Fragmento de argamasa pintada con máscara teatral (segunda mitad del siglo I a. C.)

A este valioso conjunto se suman numerosas obras que hasta ahora permanecían sin exponerse o que proceden de recientes excavaciones realizadas en los antiguos puertos romanos de la ciudad. El resultado es una colección que permite recorrer la historia de Narbona desde su fundación hasta su época de esplendor. El museo, inaugurado el 11 de diciembre de 2021, tras la colocación de su primera piedra en noviembre de 2015, ofrece un recorrido permanente de 2.600 m² y una sala de exposiciones temporales de 500 m².

El Musée Narbo Via: una obra de Foster+Partners 

Narbona
Edificio del Musée Narbo Via, museo de la antigua Narbo Martius

El Musée Narbo Via es una creación del prestigioso estudio británico Foster+Partners, responsable de obras emblemáticas en Occitania como el Viaducto de Millau o el Carré d’Art de Nîmes. Concebido como un edificio monumental a la entrada de Narbona, en un emplazamiento contiguo al Canal de la Robine y junto a unos jardines inspirados en la tradición francesa y en la casa romana.

El recorrido del Musée Narbo Via 

Musée Narbo Via
Mapa con ciudades romanas, entre ellas Narbo Martius, en el vestíbulo del museo

La creación del Museo Narbo Via dio lugar a un enorme trabajo de revisión y restauración de las colecciones arqueológicas de Narbona. El resultado es un recorrido permanente que presenta los tesoros de una colección de casi 10.000 piezas. Entre sus puntos destacados se encuentran los 1.500 bloques lapidarios, uno de los conjuntos más importantes de Europa; una serie excepcional de pinturas murales y mosaicos procedentes de lujosas viviendas romanas; y los hallazgos subacuáticos del DRASSM (Departamento de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas y Submarinas). 

Narbo Martius
Bajorrelieve con armas y escudos romanos en la Galería Lapidaria

El museo permite revivir la antigua Narbo Martius, capital romana cuyo esplendor apenas se percibe hoy en el paisaje urbano. A través de fragmentos recuperados en excavaciones realizadas durante más de siglo y medio —y de hallazgos recientes en el centro de la ciudad y en los antiguos puertos romanos—, el visitante puede reconstruir la historia de una urbe que fue clave en la Galia romana. 

Narbo Martius
Gracias a las recreaciones 3D podemos trasladarnos a la antigua Narbo Martius

El recorrido, de carácter espectacular e inmersivo, sigue un eje cronológico y temático que abarca seis siglos, desde la fundación de la colonia romana hasta el dominio visigodo en el año 462. Las salas invitan a descubrir todos los aspectos de la vida en Narbo Martius: su arquitectura, su organización política y religiosa, su vida doméstica y su actividad portuaria. Dispositivos digitales y recreaciones en tres dimensiones acompañan la visita, ofreciendo una experiencia que combina el rigor científico con la reconstrucción de una ciudad desaparecida.

Una gran galería lapidaria


Narbona
La colección lapidaria del museo Narbo Via es única en Europa

El recorrido del Musée Narbo Via comienza en una imponente galería lapidaria que devuelve a la antigua Narbo Martius toda su monumentalidad. A lo largo de 76 metros de largo y 10 metros de altura, un muro reúne 760 bloques romanos de piedra, vestigios de templos, monumentos y necrópolis que recuerdan el esplendor de la capital de la provincia de Galia Narbonense. Las piezas de este espectacular muro pueden desplazarse mediante un transelevador, único en el mundo museístico, lo que permite a los arqueólogos y científicos estudiar los bloques directamente en el espacio expositivo.

Musée Narbo Via
Numerosos fragmentos de Narbo Martius fueron utilizados para levantar las murallas medievales

A través de frisos, inscripciones y relieves —máscaras de teatro, motivos vegetales o armas—, la galería ofrece distintos niveles de lectura apoyados por dos pantallas integradas e interactivas táctiles que permiten visualizar reconstrucciones tridimensionales y conocer el origen de cada fragmento. Este muro monumental actúa como el hilo conductor del museo: evoca las antiguas vías romanas junto a las necrópolis y los muros de la ciudad medieval que reutilizaron los bloques antiguos, preservados durante siglos en la Iglesia de Notre-Dame de Lamourguier antes de su traslado definitivo al nuevo museo de Narbo Via.

Descubriendo la ciudad de Narbo Martius


Narbona
Acrotera decorada con un busto de Hércules

Al final de la galería lapidaria, el visitante accede al recorrido permanente del Musée Narbo Via, estructurado en seis secciones cronotemáticas que narran la evolución de Narbo Martius desde su fundación en el siglo II a. C. hasta la llegada de los visigodos en el siglo V. Cada sala combina piezas originales con recursos digitales inmersivos que permiten recorrer seis siglos de historia y redescubrir la grandeza de la primera colonia romana fundada fuera de Italia.

El auge de la colonia: desde su fundación al reinado de Augusto


Narbo Martius
Lingote de plomo con el sello Minuciorum y Ap(pi) lun(ii) Zeth(i) (siglo I d. C.)

La primera ciudad colonial de Narbo Martius permanece aún oculta bajo la urbe moderna, y por ello sigue siendo una de las etapas menos conocidas de su historia. Sin embargo, las fuentes y los hallazgos arqueológicos confirman la importancia de su actividad portuaria y comercial, que situó a la colonia en un punto estratégico para el tráfico de mercancías entre Italia, Hispania y el oeste de la Galia. 

Musée Narbo Via
Inscripción del liberto Titus Voltilius Antiochus (finales del siglo I a. C. - principios del siglo I d. C.)

Esa posición privilegiada le otorgó también un papel militar esencial durante la guerra de las Galias (58-50 a. C.), al convertirse en base logística para el abastecimiento de los ejércitos de Julio César. En el 45 a. C., el propio César emprendió la refundación de Narbo Martius, repartiendo tierras entre los veteranos de la Décima Legión como recompensa por su servicio. 

Narbo Martius
Bajorrelieve que representa a un navío en piedra caliza. Alto Imperio

Pocos años después, en el 27 a. C., el emperador Augusto confirmó la relevancia de la colonia al convocar en la ciudad la asamblea general de toda la Galia, destinada a organizar la administración provincial, el censo y el catastro. En reconocimiento a su papel político y simbólico, concedió a Narbo Martius un privilegio excepcional: que la provincia de la que era capital llevara su nombre, la Galia Narbonense.

Los orígenes de la colonia romana


Moneda romana
Moneda del oppidum de Montlaurès

La primera sección está dedicada a los inicios de Narbo Martius, fundada en el año 118 a. C. como puerta de entrada de Roma en la Galia. Su posición estratégica, en el cruce de las vías Domitia y Aquitania, permitió su rápido desarrollo. Aquí se presentan inscripciones antiguas, monedas procedentes del oppidum de Montlaurès y fragmentos arquitectónicos que evocan los primeros templos y edificios públicos de esta “pequeña Roma” naciente.

Narbo Martius, primera colonia romana de la Galia


Narbo Martius
Moneda de bronce con el perfil de Octavio (40 a. C.)

En el 125 a. C., la ciudad griega de Massilia, aliada de Roma, solicita ayuda ante los ataques de la tribu gala de los saluvios. El Senado romano envía entonces a sus ejércitos, dirigidos por Cneo Domicio Enobarbo y Quinto Fabio Máximo, para intervenir en el conflicto. En pocos años, los romanos logran someter a los principales pueblos del sur de la Galia hasta los Pirineos, asegurando así el control de un corredor estratégico entre la península itálica y Hispania, que ya se encontraba parcialmente bajo dominio romano. Esa nueva autoridad sobre el territorio se materializa con la construcción de una gran vía de comunicación, la Vía Domitia, que conectaba Italia con la península ibérica a través de la Galia meridional.

Ases de «Octavio en la proa»
Moneda de bronce donde puede verse la proa de un barco (40 a. C.)

Para consolidar esta posición y garantizar la protección de sus intereses, el Senado ordena en el 118 a. C. la fundación de Narbo Martius, la primera colonia romana fuera de Italia. Situada en la parte baja del valle del río Aude, cerca del oppidum galo de Naro (Montlaurès), la colonia acoge a unos dos mil ciudadanos romanos procedentes de Italia. Su creación responde a varios objetivos: proteger un enclave estratégico frente a las tribus galas, controlar las rutas comerciales y los recursos naturales —en especial los minerales de la Montagne Noire (Montaña Negra) y las Corbières— y repartir tierras entre los colonos italianos.

La ciudad monumental: el urbanismo y los grandes monumentos


Narbona
Placa de mármol con águilas sujetando una guirnalda (primera mitad del siglo II d. C.)

La segunda parte del recorrido explora el urbanismo de Narbo Martius y su riqueza arquitectónica. Los fragmentos de mármol y relieves permiten imaginar una ciudad de monumentos majestuosos que reflejaban su prosperidad. La escenografía evoca la monumentalidad de la urbe en su apogeo, destacando especialmente los restos del Capitolio, el mayor templo conocido de la Galia, verdadero símbolo del poder y la fe romana.

Los monumentos de Narbo Martius


Narbo Martius
Fragmentos arquitectónicos de diversos monumentos públicos de la ciudad romana de Narbo Martius

“Yo te saludo, Narbona, rica en salud, digna de contemplar por la belleza de tu ciudad y campo, con tus murallas, tu gente, tu extensión, tus comercios, tus puertas, tus pórticos, tu foro, tu teatro, tus santuarios, tus capitolios, tus casas de cambio, tus termas, tus arcos [...]. Orgullosa en medio de tus ciudadelas casi arruinadas, testigos de rastros gloriosos de la antigua guerra, tus calles erigidas a base de golpes.”

— Sidonio Apolinar, Epistulae, IV, 3

La ciudad que evoca el poeta Sidonio Apolinar, ya en el año 465, es una urbe antigua y en parte en ruinas, pero todavía marcada por la riqueza y el esplendor de su conjunto monumental, testimonio de su pasado político y cultural de primer orden.

Musée Narbo Via
Estatua de águila en mármol, posible acrotera (finales del siglo I a. C.–inicios del I d. C.)

Narbo Martius alcanza su edad de oro durante los dos primeros siglos de nuestra era, cuando la colonia llega a extenderse sobre unas 240 hectáreas, incluidas las necrópolis. La ciudad se desarrolla a lo largo de la orilla norte del actual canal de la Robine, antiguo cauce del río Aude, y presenta una trama urbana ortogonal que organiza el espacio en manzanas regulares. En ellas se alzan los grandes monumentos característicos de toda capital romana: foro, templos, anfiteatro, termas y mercado, mientras que las actividades artesanales se concentran en los márgenes y las necrópolis se sitúan a lo largo de las vías de acceso.

La ornamentación de los monumentos


Narbona
Fragmentos de los numerosos monumentos de Narbo Martius

Ningún edificio romano ha llegado completo hasta nuestros días, pero los numerosos fragmentos arquitectónicos conservados —frisos, capiteles, cornisas— dan cuenta del esplendor que debió mostrar Narbo Martius en su apogeo. La influencia directa de Roma es evidente: sus promotores adoptaron modelos arquitectónicos romanos y, en ocasiones, recurrieron a artesanos y canteros de la capital imperial

Narbo Martius
El estilo corintio predomina en todos los fragmentos que se conservan de Narbo Martius

El estilo más representado es el orden corintio, heredero de la tradición griega, que concede protagonismo a los motivos vegetales, especialmente a las hojas de acanto. Durante el reinado de Augusto, este lenguaje decorativo adquirió un sentido ideológico: exaltaba la paz, la abundancia y la prosperidad de la nueva era que el emperador pretendía instaurar, al tiempo que afirmaba la continuidad cultural de Roma con la civilización helénica. Con el tiempo, el orden corintio se convirtió en un símbolo duradero de la majestuosidad y del poder romano.

El Capitolio: de la excavación a la reproducción en 3D

Narbo Martius
Proyección que recrea visualmente el Capitolio, el mayor templo conocido de la Galia

A lo largo del recorrido, el visitante encuentra cuatro espacios temáticos que invitan a adentrarse en el trabajo de los arqueólogos y a descubrir las últimas investigaciones sobre Narbo Martius. Estos espacios, combinan vídeos, proyecciones y reconstrucciones en 3D. A mano izquierda de la sala II dedicada a la ciudad y sus monumentos encontramos las dos primeras. En una podemos ver una reconstrucción tridimensional del Capitolio, elaborada a partir de los datos científicos disponibles.

El redescubrimiento de la ciudad antigua 

Narbo Martius
Proyección que recrea visualmente el urbanismo de la antigua ciudad romana de Narbo Martius

Enfrente, otra sala muestra una proyección de unos cinco minutos de duración que nos presenta el redescubrimiento del urbanismo de Narbo Martius, a partir de las excavaciones realizadas en la ciudad. Con imágenes simuladas de la ciudad y también de la parcela de viviendas que ocupaba 1915 m2 la Domus del Clos de la Lombarde que incluía dos casas de los siglos I y III d.C., un complejo termal y una zona dedicada a la fabricación artesana. 

La sociedad narbonense


Musée Narbo Via
Altar de la Paz Augusta en mármol dedicado a Augusto (posterior al siglo I a. C.)

En esta sección, el museo Narbo Via invita a conocer la vida social, política y religiosa de los habitantes de Narbo Martius. A través de esculturas, bajorrelieves, inscripciones funerarias y honoríficas, se descubren los rostros y nombres de quienes habitaron la ciudad hace dos mil años. Los objetos expuestos ilustran las jerarquías sociales, las prácticas cívicas, los cultos, los juegos y los espectáculos que formaban parte de la vida cotidiana de esta activa colonia romana.

El culto imperial en Narbo Martius


Musée Narbo Via
Base en mármol dedicada al Numen de Augusto, copia de un texto del siglo I

El culto imperial era una de las expresiones más visibles de la lealtad hacia Roma: un rito compartido por todos los pueblos del Imperio que honraba tanto a los emperadores divinizados tras su muerte como al genio protector del emperador reinante. En Narbo Martius, la devoción hacia la figura de Augusto se manifestó muy pronto. Una inscripción dedicada a su numen o fuerza divina, datada en el año 11 d. C., demuestra la temprana adhesión de la colonia al nuevo orden instaurado por el primer emperador.

Narbo Martius
Fragmento en bronce de la Ley del Flamen que regulaba el culto imperial (siglo I d. C.)

Durante la época flavia (69-96 d. C.) se levantó el santuario provincial, espacio central de la vida religiosa y política de la provincia de Galia Narbonense. Allí se celebraban las reuniones anuales del consejo provincial de Narbo Martius, que congregaba a los representantes de cada ciudad para rendir homenaje al emperador y renovar los lazos de fidelidad con Roma. El culto estaba confiado a sacerdotes locales, encargados de presidir las ceremonias y rituales oficiales, aunque las familias más influyentes de la ciudad también solían consagrar altares y estatuas a los soberanos, en un gesto de prestigio y piedad cívica.

Los emperadores de Narbo Martius

Narbona
Inscripciones en mármol dedicadas a Lucio Vero, Julia Domna y los Lares Augustales

La ciudad mantuvo vínculos estrechos con varios emperadores. Augusto se alojó en Narbo Martius en el año 27 a. C., y un siglo más tarde Adriano la visitó durante su viaje por la Galia (121-122 d. C.). Además, Narbo Martius fue probablemente la ciudad natal del emperador-soldado Marco Aurelio Caro (c. 224-283) y de sus hijos Marco Aurelio Numerio Numeriano (c. 253-284) y Marco Aurelio Carino (c. 250-285), quienes heredaron brevemente el trono durante un periodo de inestabilidad política a finales del siglo III.

El retrato romano


Musée Narbo Via
Retratos romanos en mármol que reflejan la diversidad y el realismo del arte imperial

En Narbo Martius, como en todo el mundo romano, los retratos esculpidos formaban parte esencial de la vida cotidiana. En los hogares de las familias aristocráticas, los retratos de los antepasados mantenían vivo el culto familiar y se exhibían durante los ritos públicos o las procesiones fúnebres. En las tumbas, el difunto era representado mediante estatuas o bajorrelieves, con el fin de preservar su memoria y perpetuar su presencia. En el espacio público, las estatuas honoríficas exaltaban la figura de benefactores, magistrados o emperadores, reforzando así los valores de identidad y prestigio cívico.

Narbona
Estatua acéfala de una mujer vestida en mármol (siglo I d. C.)

Para los romanos, el rostro encarnaba la personalidad: sus rasgos se reproducían con un realismo minucioso, siguiendo a menudo los modelos impuestos por los retratos de la pareja imperial reinante. El atuendo y los atributos de cada figura señalaban su rango social, su condición o su función pública. El tipo más habitual era el retrato togado (togatus), que mostraba al ciudadano vestido con toga, símbolo de la ciudadanía romana, mientras que la matrona, su esposa, aparecía con una estola (stola), prenda larga y plisada, ceñida a la cintura, reflejo de su estatus dentro del ideal femenino romano.

La ciudad y el emperador


Narbo Martius
Cipo funerario de Titus Vettius Loripes en piedra caliza (principios del siglo I d. C.)

Como capital de la Galia Narbonense, Narbo Martius albergaba la sede del gobierno provincial, presidido por el gobernador y su administración, en contacto directo con Roma y el emperador. La vida política local se organizaba en torno a una asamblea de notables, la orden de los decuriones, que se reunía en la curia, un gran edificio público situado en el foro. De entre los decuriones se elegían los magistrados municipales, cuyos nombres han llegado hasta nosotros gracias a numerosas inscripciones funerarias. 

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Friso de armas en piedra caliza que combina armas legendarias y trofeos de guerra (siglo I d. C.)

Su carrera seguía las etapas reglamentadas del cursus honorum o carrera de los honores: los ediles se ocupaban del mantenimiento de las calles, los edificios públicos, la organización de los juegos y el abastecimiento de los mercados; los cuestores administraban las finanzas; los pretores impartían justicia; y los duunviros (duumviri), dos magistrados elegidos anualmente, ejercían de forma colegiada la máxima autoridad de la ciudad.

Una sociedad muy organizada y llena de rituales


Narbona
Estela funeraria en piedra caliza del panadero Marcus Careieus Asisa (primera mitad del siglo I d. C.)

Los bloques antiguos conservados en el Musée Narbo Via ofrecen un testimonio excepcional de la vida social y cultural de la antigua Narbo Martius. A través de sus inscripciones funerarias, el visitante puede descubrir las historias personales de quienes habitaron la ciudad: desde ciudadanos distinguidos hasta artesanos, médicos, peluqueros o comerciantes, pasando por libertos y extranjeros integrados en la vida cotidiana de la colonia. Solo los esclavos permanecen ausentes de estos registros, un reflejo de las jerarquías sociales de la época.

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Fragmento de friso ornamentado con una máscara de teatro y guirnaldas (siglo I d. C.)

La sociedad romana era, ante todo, profundamente jerarquizada. El poder de las clases acomodadas se manifestaba tanto en la disposición de las necrópolis, donde los mausoleos monumentales se alzaban junto a tumbas más humildes, como en las gradas de los espectáculos, donde el público se distribuía rigurosamente según su estatus y fortuna. Como capital de la provincia, Narbo Martius mantenía una relación estrecha con el aparato político e imperial, regida por un calendario cívico y religioso que articulaba el ritmo de las festividades, los sacrificios y los ritos dedicados a los dioses del panteón romano, a los antepasados y al propio emperador.

La muerte en el mundo romano. Ritos y creencias


Narbona
Estela en piedra caliza en bajorrelieve de Lucius Sergius Gallicanus (siglos I-II d. C.)

La relación de los romanos con la muerte estaba marcada por una mezcla de superstición, religiosidad y pragmatismo. Los vivos y los muertos ocupaban esferas separadas, pero era esencial garantizar una transición ordenada entre ambas. Los funerales variaban según el rango social: desde procesiones solemnes y banquetes hasta ceremonias más modestas, siempre presididas por el respeto a los ritos purificadores. Tras la cremación, las cenizas del difunto se depositaban en una urna funeraria acompañada de ofrendas; de este modo, el espíritu podía unirse a los manes, las almas divinizadas de los antepasados protectores del hogar.

Juegos y espectáculos


Narbo Martius
Bajorrelieve en piedra caliza que muestra a un gladiador (siglo I d. C.)

El ocio desempeñaba un papel central en la vida cotidiana romana. Los notables de Narbo Martius organizaban espectáculos públicos que reforzaban los lazos entre el poder y la ciudadanía. Aunque aún no se han localizado con certeza el teatro ni el circo de la ciudad, su existencia resulta muy probable. En el anfiteatro, los narbonenses habrían asistido a combates de gladiadores, cacerías con animales exóticos —osos, leones, tigres, panteras o toros— y exhibiciones de luchadores profesionales.

Musée Narbo Via
Bajorrelieve en piedra caliza que representa las carreras de carros (siglo I d. C.)

El circo acogía las carreras de carros, el espectáculo más popular del mundo romano: los aurigas guiaban sus cuadrigas durante siete vueltas a la pista, en una competición que desataba pasiones colectivas. En el teatro, compañías de actores, músicos y bailarines ofrecían representaciones de comedias, tragedias, danzas y piezas musicales, reflejo de una cultura urbana refinada que hacía de Narbo Martius un vibrante centro de la vida artística y festiva de la provincia.

Las domus y la vida cotidiana


Musée Narbo Via
Mosaico de Baco ebrio en piedra y pasta de vidrio (siglo II o principios del siglo III d. C.)

El visitante se adentra en el centro de la exposición de Narbo Via, en un simbólico atrio de una domus, que permite acceder a cualquiera de las salas inmersivas. En el centro de la sala, destaca un gran mosaico dedicado a Baco, mientras las paredes muestran pinturas murales comparables a las de Pompeya, procedentes del sitio arqueológico del Clos de la Lombarde, descubierto en 1973. Junto a ellas, esculturas y objetos cotidianos permiten reconstruir el refinamiento y la intimidad de las viviendas aristocráticas de Narbo Martius.

Las viviendas romanas


Narbo Martius
Dos fragmentos de trapezóforos (soportes de mesa) en mármol (siglo I a. C.)

Como toda colonia fundada bajo el dominio de Roma, Narbo Martius acoge una población llegada de Italia que reproduce, en suelo galo, el estilo de vida característico de la metrópoli. La ciudad se organiza siguiendo una trama ortogonal, con calles que se cruzan en ángulo recto y delimitan manzanas de casas agrupadas en barrios con funciones específicas. Entre los testimonios más reveladores del modo de vida romano destacan las domus, residencias urbanas de las clases acomodadas, ricamente ornamentadas con mosaicos, esculturas y pinturas murales.

Musée Narbo Via
Retrato del emperador Caracalla en mármol (212-217 d. C.)

Su disposición sigue el modelo de las casas de Pompeya y Herculano, articuladas en torno a un atrio —espacio central y de representación— y un peristilo, patio porticado que rodea el jardín y organiza la vida privada y familiar. Aunque las excavaciones han revelado sobre todo viviendas aristocráticas, se sabe que Narbo Martius albergó también casas más modestas, hoy aún poco documentadas, que completaban la diversidad social de la ciudad romana.

El atrio 

Narbo Martius
Simulación digital de la decoración de las paredes del atrio

El atrio, reconstruido en el museo Narbo Via, evoca el corazón simbólico y funcional del hogar. La abertura cenital del techo permitía la entrada de la luz y del agua de lluvia, que se recogía en un estanque (impluvium). Para las familias influyentes de Narbo Martius, este espacio era además un marco de prestigio social: allí se exponían los lares (deidades protectoras del hogar y la familia), los retratos de los antepasados y los documentos que demuestran el pasado ilustre de la familia. En el tablinum (despacho), abierto al atrio, el pater familias (padre de familia) despachaba los asuntos políticos y administrativos y recibía a sus clientes.

El triclinio o comedor


Musée Narbo Via
Pinturas del triclinio de la Casa de los Pórticos (finales del siglo II - principios del siglo III d. C.)

El recorrido doméstico culminaba en el triclinio, o comedor, uno de los ambientes más suntuosos de la casa. En la llamada Casa de los Pórticos, este espacio conserva un espléndido conjunto pictórico del siglo III d. C. que combina la elegancia de los fondos rojos con figuras alusivas a la victoria y la prosperidad: una Victoria alada en la parte central, un Genio o divinidad con el cuerno de la abundancia y una pátera o recipiente para las ofrendas líquidas.

Narbo Martius
Bóveda pintada del triclinio (finales del siglo II - principios del siglo III d. C.)

A la derecha, se puede ver un soldado con armadura apoyado sobre su lanza, está coronado por un busto de Apolo laureado, divinidad tutelar del emperador desde la época de Augusto. El programa decorativo, se complementa con un friso de soldados armados y una bóveda pintada poblada de divinidades, refleja el vínculo entre la esfera doméstica y el culto imperial, probablemente patrocinado por un sevir, sacerdote del emperador.

La construcción romana 

Narbo Martius
Mosaico con grifos de una de las casas más antiguas de Narbo Martius (siglo I a. C.)

La arquitectura de Narbo Martius refleja las técnicas y materiales característicos del Mediterráneo romano. Los constructores emplean madera, ladrillo, piedra y tierra cruda, pero la gran innovación técnica es el mortero de cal, que actúa como aglutinante y permite levantar estructuras más sólidas y duraderas. En los edificios públicos y privados, los muros de piedra se refuerzan con capas de mortero, y los suelos se recubren con distintos tipos de pavimentos.

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Pavimento de Clos de la Lombarde en opus sectile con mármoles de colores (siglo I d. C.)

El opus spicatum, con ladrillos dispuestos en forma de espina de pez; el opus sectile, elaborado con fragmentos de piedra cortada; o los mosaicos, que combinan teselas de mármol o cerámica para crear motivos geométricos y figurativos. El dominio técnico romano se extiende también al suministro y la gestión del agua. Un acueducto abastece la ciudad, distribuyendo el agua mediante conducciones de plomo hacia fuentes, termas y viviendas privadas. 

Narbo Martius
Estatua de un joven Hércules, copia romana de un original griego en mármol (siglo I d. C.)

Las cisternas y estanques se impermeabilizan con un revestimiento compuesto de cerámica triturada y mortero de cal, garantizando su estanqueidad. Las paredes y techos, por su parte, se cubren con argamasa pintada, en la que los pigmentos minerales proporcionan una gama de colores duraderos. Aunque el uso del oro es limitado, la policromía contribuye a dotar de vida y prestigio tanto a los espacios públicos como a las residencias privadas. Estas técnicas y motivos, difundidos por todo el Imperio, son una muestra tangible de la unidad cultural romana, capaz de integrar las tradiciones locales dentro de un lenguaje artístico común.

Murales romanos


Narbo Martius
Fragmentos de argamasa pintada. Segundo estilo pompeyano (siglo I a. C.)

Las pinturas murales son uno de los testimonios más brillantes de la estética doméstica romana. Las paredes de las casas se cubren con colores intensos y composiciones que combinan arquitectura en trampantojo, figuras humanas, animales fantásticos y motivos vegetales, creando un universo visual entre lo real y lo imaginario. Gracias a la excepcional conservación de las viviendas de Pompeya, los arqueólogos del siglo XIX pudieron establecer, a partir de 1880, una clasificación en cuatro estilos pictóricos.

Musée Narbo Via
Panel con decoraciones de ortostatos e hilera de óvalos. Segundo estilo pompeyano (siglo I a. C.)

Estas reproducciones se muestran en una proyección mural del museo. El primer estilo, de inspiración helenística, reproduce en relieve las fachadas monumentales de la arquitectura griega, imitando mármoles y molduras. El segundo estilo introduce la ilusión de profundidad mediante trampantojos arquitectónicos, abriendo muros ficticios hacia paisajes y escenas mitológicas. El tercer estilo, en reacción al anterior, simplifica la composición: elimina las perspectivas, estiliza los elementos arquitectónicos y convierte el muro en una superficie decorativa más abstracta.

Narbo Martius
Decoración de techo que representa una cabeza de Medusa (siglo I d. C.)

Finalmente, el cuarto estilo sintetiza los dos precedentes, combinando la apertura espacial del segundo con la ornamentación refinada del tercero. En las provincias romanas, como en Narbo Martius, la pintura mural sigue las principales líneas de esta evolución, aunque incorpora variantes regionales que reflejan la identidad artística local dentro del amplio marco del gusto imperial.

Las casas del Clos de la Lombarde


Clos de la Lombarde
Detalle del mosaico de la Casa de los Pórticos, piedra y pasta de vidrio (siglo I d. C.)

El yacimiento del Clos de la Lombarde, descubierto en 1973 durante las obras de construcción de un edificio administrativo, reveló una manzana completa de época romana, delimitada por cuatro calles y ocupada por dos grandes domus —la Casa de los Pórticos (975 m²) y la Casa del Gran Triclinio (700 m²)—, además de una pequeña zona artesanal y termal. Bajo las viviendas modernas, los arqueólogos desenterraron progresivamente este conjunto urbano, activo entre el siglo I a. C. y el siglo III d. C., hasta su abandono y posterior ocupación, a finales del siglo IV, por una basílica paleocristiana.

Narbo Martius
Genio o divinidad con el cuerno de la abundancia de la Casa de los Pórticos

Durante tres décadas de excavaciones, el sitio ha proporcionado una valiosa cantidad de elementos decorativos —pavimentos, pinturas murales, esculturas—, así como numerosos objetos domésticos que ilustran el día a día de sus habitantes. El Clos de la Lombarde constituye, así, un testimonio excepcional de la vida de los notables de Narbo Martius, permitiendo reconstruir con precisión la organización, el confort y la estética de las viviendas urbanas durante los tres primeros siglos de nuestra era.

Un día en el Clos de la Lombarde


Clos de la Lombarde
Sileno ebrio, estatua de mármol (siglos I-II d. C.)

Entre los habitantes identificados destaca Marcus Clodius Aestivo, propietario de la Casa del Gran Triclinio, cuyo nombre aparece en un altar doméstico dedicado a la diosa Tutela. Su ejemplo nos permite imaginar el ritmo cotidiano de una familia acomodada hacia el año 200. Aestivo se levanta al amanecer y dedica la mañana a sus asuntos públicos y privados en el tablinum, donde revisa las cuentas y recibe a sus clientes, a quienes entrega la sportula, una donación simbólica en dinero. 

Narbo Martius
Decoraciones encontradas en el Clos de la Lombarde

Mientras tanto, sus hijos asisten a la escuela y su esposa, ayudada por una sirvienta, supervisa el servicio doméstico antes de ir al mercado. Al mediodía, la familia toma una comida ligera y, tras la siesta, la tarde se reserva al ocio y al bienestar: Aestivo acude a las termas, los niños juegan en la calle y el vecindario se llena de vida. Por la noche, los anfitriones reciben a sus invitados en el triclinio, donde degustan los platos preparados por el personal de servicio. Las conversaciones, las risas y el vino animan la velada hasta que, con la débil luz de las lámparas de aceite, la familia se retira temprano a descansar.

La familia romana 

Narbo Martius
Herma de tema dionisíaco con ménade y sátiro coronados de pámpanos en mármol (siglos I-II d. C.)

En la sociedad de Narbo Martius, como en todo el mundo romano, el individuo no se concibe de manera aislada, sino como parte de un clan o linaje —la gens—, cuyos miembros comparten un ancestro común y un mismo nombre familiar. Dentro de cada gens, las distintas ramas se organizan en familiae, término que en latín designa no sólo a los parientes de sangre, sino a todos aquellos que conviven bajo un mismo techo. 

Musée Narbo Via
Disco ornamental con Júpiter Amón barbudo con cuernos de macho cabrío junto a Juno en mármol

La familia romana incluye así al padre, la madre y los hijos, pero también a los esclavos y a sus propios descendientes, integrados en la vida doméstica del hogar. Este microcosmos refleja el orden jerárquico de la sociedad romana: en la cúspide se encuentra el pater familias, figura de autoridad absoluta a la que todos deben respeto y obediencia. Responsable de los bienes y del prestigio del linaje, preside los cultos domésticos y representa públicamente a la familia. 

Musée Narbo Via
Utensilios romanos en bronce: simpulum (cucharón) y colador con mango en forma de cuello de cisne

A su lado, la matrona, su esposa legítima, encarna la virtud y la estabilidad del hogar. Dirige las tareas domésticas, la educación de los hijos y la organización del servicio, que recae en manos de los esclavos. Estos, considerados jurídicamente como propiedad de sus amos, carecen de derechos propios, aunque forman parte esencial de la estructura cotidiana de la casa.

El puerto y el comercio


Musée Narbo Via
Epitafio en piedra caliza de Philomusus, vendedor de frascos (finales del siglo I a. C.)

La quinta sección se dedica a la actividad económica y portuaria de Narbo Martius, uno de los grandes centros comerciales de la Galia meridional. Las vitrinas muestran ánforas, cerámicas, minerales y estelas de comerciantes, testimonios de un tráfico intenso de mercancías —vino, aceite, sal, garum o metales— que transitaban por los muelles del puerto romano. Algunos bloques tallados con representaciones de barcos completan esta visión del dinamismo mercantil que conectaba Narbo Martius con todo el Mediterráneo.

Narbo Martius, centro del comercio marítimo romano


Narbo Martius
Ánforas romanas de aceite y vino. Producción y comercio entre Bética, Galia, África y Quíos

Entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C., Narbo Martius se consolida como el gran punto de redistribución de los productos mediterráneos en la Galia. Sus dársenas reciben sin cesar vino y vajilla itálica, cargamentos que, con el cambio de era, se diversifican con productos de la Hispania romana y mercancías procedentes del Mediterráneo oriental, como los vinos de Grecia. A partir del siglo I d. C., los flujos comerciales se intensifican y el tráfico marítimo alcanza su apogeo en el siglo II.

Narbona
Bajorrelieve en piedra caliza que representa un buque mientras se está cargando. Alto Imperio

Desde el puerto narbonense se exportan hacia Italia los vinos galos y la cerámica local, mientras los navíos transportan también piedra de las canteras cercanas, minerales extraídos de las Corbières y la Montaña Negra, trigo y la indispensable sal de la laguna. Narbo Martius se convierte, además, en el principal puerto de tránsito del aceite y las salmueras que llegan del sur de la península ibérica con destino a Italia y Ostia, el puerto de Roma.

Las embarcaciones y sus representaciones


Narbona
Bajorrelieve en piedra caliza que representa la carga de un barco. Alto Imperio

Las actividades portuarias de Narbo Martius dejaron huella no solo en su economía, sino también en su iconografía funeraria. En los bajorrelieves que decoraban las tumbas de comerciantes y armadores se representaban embarcaciones, símbolo de prosperidad y orgullo profesional. Estas imágenes permiten hoy identificar los tipos de barcos que atracaban en el puerto y testimonian la relevancia del comercio marítimo en la vida de la colonia.

Narbo Martius
Bajorrelieve en piedra caliza con escena de llenado de ánfora (siglos I a. C.–I d. C.)

Los navicularii —armadores que fletaban las naves— desempeñaban un papel esencial en el transporte de mercancías. Gracias a ellos, Narbo Martius se convirtió en un punto neurálgico del comercio entre Hispania, Italia y la Céltica. Estrabón, en el siglo I a. C., ya destacaba la intensa actividad del puerto, donde se concentraban numerosas sociedades mercantiles dedicadas tanto al tráfico marítimo como al comercio local. Algunos comerciantes vendían sus productos directamente, mientras que otros dependían de patronos o de compañías más amplias.

Narbona
Bajorrelieve en piedra caliza de un barco y busto de una mujer con velo. Alto Imperio

Los tipos de embarcaciones eran variados y se adaptaban a las condiciones de navegación. La corbita, de gran tamaño y casco redondeado, era idónea para largas travesías por alta mar; la actuaria, más ligera y de propulsión mixta, se destinaba a la navegación costera; y la horreia, de menor calado, se empleaba para el transporte dentro del puerto o por los ríos. Este conjunto de naves aseguraba el flujo constante de bienes que abastecía tanto a la colonia como a Roma. 

En el centro de las excavaciones del puerto antiguo


Narbo Martius
Proyección que recrea el sistema portuario de Narbo Martius

A la izquierda de la sala dedicada al puerto comercial de Narbo Martius encontramos las otras dos salas inmersivas. La primera dedicada a las investigaciones que se están llevando a cabo en la actualidad sobre el sistema portuario de la antigua colonia y que están aportando nuevos datos y piezas sobre el periodo romano. Los estudios recientes permiten imaginar la magnitud de su sistema portuario, estructurado en torno a un conjunto de antepuertos en la laguna, complementado por un puerto fluvial comunicado con la ciudad a través de un brazo del Aude.

Musée Narbo Via
Lingote de estaño con el sello L(ulius) Valer(ius) Aug(ustae) I(ibertus), a com(mentariis) (siglo I d. C.)

En la Isla de Saint-Martin, los capitanes maniobraban sus barcos antes de descargar las mercancías en los almacenes de Port-la-Nautique, situados al norte de la laguna. A finales del siglo I, esta zona fue sustituida por las nuevas instalaciones de Mandirac, en la desembocadura del Aude antiguo, donde dos diques monumentales de más de dos kilómetros canalizaban el río y facilitaban el transbordo de las cargas hacia la ciudad.

Un gran puerto comercial mediterráneo


Musée Narbo Via
Ancla marina de madera y plomo encontrada en el muelle antiguo de La Nautique (siglo I d. C.)

El poeta Ausonio, en el siglo IV, evocará su esplendor describiéndola como una ciudad donde confluyen las mercancías del mundo entero: “A ti te enriquecen las mercancías del Mar Eoo y los mares ibéricos; a ti, las flotas del mar Líbico y del profundo mar Siciliano; y lo que a través de ríos y barcos de rutas diversas se trae; para desembarcar en ti, desde todo el orbe se navega...”. Narbo Martius se inscribe así entre los puertos más ilustres del Imperio, junto a Arelate (Arlés), Massilia (Marsella) y Lugdunum (Lyon), floreciendo gracias a un comercio de distribución alimentado por su posición geográfica privilegiada en la encrucijada de las vías marítimas que unían Italia, Hispania y África, y de las grandes rutas terrestres de la Vía Domitia y la Vía Aquitania.

Navegar sobre el Mediterráneo romano 

Narbona
Proyección sobre la navegación romana con maquetas de navíos romanos

En la sala de enfrente, una proyección de unos diez minutos de duración permite conocer los navíos romanos y las técnicas de navegación romanas. En la sala pueden verse cuatro maquetas de barcos como el Ponto “Juppiter” un gran barco de tres mástiles para navegar en alta mar, mientras en las paredes se proyectan planos y medidas. También hay una representación de la Corbita “Thalia”, el barco comercial más representado en la marina romana o la Scapha, pequeñas embarcaciones con capacidad para 11 marineros al servicio de los grandes veleros.

De Roma a los visigodos: la Narbona tardoantigua


Narbona
Sarcófago en mármol llamado «del Buen Pastor». Taller narbonense (siglos IV-V)

La última sala aborda la transformación de la ciudad entre los siglos III y V d. C. Bajo la influencia del cristianismo y ante las invasiones, Narbona se protege tras nuevas murallas y levanta templos dedicados al nuevo culto. Muchos edificios antiguos, incluido el Capitolio, fueron desmantelados para reutilizar sus materiales. Este periodo de transición se refleja en sarcófagos esculpidos, altares, monedas votivas y objetos litúrgicos que ilustran el paso de una metrópoli romana a una capital cristiana bajo el obispo Rusticus.

Narbo Martius en la Antigüedad tardía

Musée Narbo Via
Fragmento de un sarcófago paleocristiano en mármol (siglo IV)

A partir del siglo III, Narbo Martius atraviesa un periodo de inestabilidad económica y militar. Aunque conserva su condición de puerto destacado, el desarrollo del eje comercial entre Italia y la Galia del Norte, con Arelate y Lugdunum como nuevos polos de atracción, reduce su influencia en las rutas mediterráneas. A esta pérdida de protagonismo se suman las incursiones de los alamanes, que obligan a fortificar la ciudad hacia el año 270 con una sólida muralla. La reforma administrativa impulsada por Diocleciano a finales del siglo III mantiene a Narbo Martius como capital provincial, aunque ahora de una circunscripción más reducida: la Narbonense Primera, extendida entre el Ródano y los Pirineos.

Musée Narbo Via
Sarcófago en mármol de estilo aquitano (siglo V)

El siglo V marca un nuevo capítulo en la historia de la ciudad. Las migraciones germánicas desbordan las fronteras del Imperio, y los visigodos se convierten en protagonistas del panorama político. Tras el saqueo de Roma en el 410, el rey Ataúlfo entra en Narbona tres años más tarde en calidad de aliado, y su matrimonio con Gala Placidia, hermanastra del emperador Honorio, simboliza una paz efímera. El acuerdo de 418 devuelve temporalmente la ciudad al Imperio, pero en el 462 el poder romano la cede definitivamente a los visigodos, ya asentados en Aquitania.

El cristianismo en Narbona

Narbona
Pie de altar en mármol con inscripción conmemorativa del sacerdote Hilarius (486 d. C.)

Durante este tiempo de transformaciones, la ciudad experimenta una intensa renovación religiosa. Narbo Martius, abierta al Mediterráneo y receptiva a las nuevas corrientes espirituales, adopta tempranamente el cristianismo. Pablo, su primer obispo, figura entre los siete enviados por Roma a evangelizar la Galia a mediados del siglo III, y su tumba dio origen a la Basílica de Saint-Paul. Con la oficialización de la nueva fe, la ciudad se convierte en metrópolis cristiana de la provincia Narbonense Primera, y los testimonios arqueológicos reflejan el cambio: las inhumaciones sustituyen las cremaciones, las inscripciones funerarias incorporan símbolos cristianos y los sarcófagos se adornan con escenas evangélicas.

Rusticus, obispo fundador de Narbona en el siglo V


Musée Narbo Via
Dintel en mármol de la catedral con inscripción conmemorativa del obispo Rusticus (445 d. C.)

La ciudad también se transforma físicamente. Las dificultades del siglo III provocan el abandono de barrios periféricos y la concentración de la población en un núcleo fortificado. En los siglos siguientes, surgen iglesias en los suburbios, acompañadas de áreas de enterramiento cristiano, como en el Clos de la Lombarde o en Saint-Félix. Dentro de la muralla, se erige una primera catedral en el siglo IV, reconstruida tras un incendio en el 445 gracias al obispo Rusticus.

Musée Narbo Via
Detalle del sarcófago en mármol llamado «de la orante» (siglo IV)

Este influyente prelado, al frente de la diócesis entre 427 y 461, impulsa la construcción o restauración de varias iglesias y se convierte en una figura esencial de la vida religiosa y política de la ciudad. Su labor pastoral y su correspondencia con personalidades como San Jerónimo o el papa León I evidencian su papel de mediador y protector. A su muerte, Narbona contaba ya con seis iglesias, signo de una comunidad cristiana plenamente consolidada.

Más información: Musée Narbo Via. Dirección: 2 Avenue André Mècle, 11100 Narbonne. Horario: De martes a domingo, del 1 de octubre al 30 de abril, de 10 a 18 h. Del 2 de mayo al 30 de septiembre, de 10 a 19 h. Entrada: 9 €. Web: Musée Narbo Via

Qué más ver cerca

Si te apasiona seguir las huellas de Roma, no te pierdas mi artículo sobre la Vía Domitia, centrado en el legado romano de la región: Ensérune, Loupian, Ambrussum y el Pont du Gard, hitos de la primera calzada romana construida en la Galia.

Ruta por Osor: el encanto escondido de Les Guilleries

Osor
En Osor te puedes trasladar a la época medieval paseando por sus calles y puentes

Osor fue una de las poblaciones más bonitas y frescas que visitamos este agosto en la comarca gerundense de La Selva. Allí disfrutamos de un día de pícnic marcado por el ritmo pausado de nuestros pasos y el clic de las cámaras fotográficas. Dejamos el coche en un aparcamiento gratuito junto a la Riera de Osor, frente a la Plaça de la Vila, punto de partida de nuestro recorrido a pie por la población. El itinerario nos llevó a descubrir los dieciséis lugares de interés cultural e histórico, además de varios rincones con un encanto muy particular.

Plaça de la Vila


Plaça de la Vila
Un buen rincón donde descubrir la vida cotidiana de Osor

Nuestra ruta comienza en la Plaça de la Vila. Durante el franquismo, entre 1939 y 1979, la plaza pasó a llamarse Plaza Borell, y algo similar ocurrió con el actual Passeig del Borrell, conocido entonces como Paseo Borrell. Este paseo formaba parte del antiguo Barrio Vidal, un conjunto de casas donde destacaban cal Xarpant, cal Cisteller y can Banyadret. El Barrio Vidal fue, además, el primer lugar de Osor donde se disfrutó de agua potable, gracias a la Font del Borrell, que abasteció al vecindario en la década de 1920.

Can Vidal


Can Vidal
La fachada del Passeig del Borrell conserva su aspecto primitivo

En la Plaça de la Vila se alza Can Vidal, también conocida como Can Barraca y antiguamente como Ca l’ Emília. Es una de las casas más notables de Osor. El edificio presenta dos fachadas principales: una orientada al Passeig del Borrell —la más antigua— y otra que da a la Plaça de la Vila, de construcción posterior, probablemente del siglo XVII. En la planta baja se abre un portal cuadrangular y dos pequeñas ventanas con dintel monolítico y montantes de piedra robustos.

Can Vidal
Ventana gótica de siete arcos conopiales labrada en piedra arenisca en la fachada de Can Vidal

En el primer piso hay dos vanos: a la izquierda, una ventana rectangular con dintel y montantes de piedra; a la derecha, una magnífica ventana gótica con siete arcos conopiales, labrada íntegramente en piedra arenisca. En las impostas laterales se aprecian grabados: a la izquierda, pequeños cuerpos circulares, y a la derecha, dos instrumentos de difícil identificación. El segundo piso actúa como buhardilla o galería, rematado por un gran alero de madera prominente.

Can Vidal
Portal adovelado y escudos familiares en la fachada que da a la Plaça de la Vila 

La fachada que da a la Plaça de la Vila muestra una factura posterior. En la planta baja destacan un portal adovelado de arco de medio punto, con dovelas rústicas pequeñas, y una ventana rectangular con dintel monolítico y alféizar. En esta misma planta se conservan dos escudos de piedra con inscripciones: “Ad Honorem Feminarum / 1193–1964 / De Vallescar” (En honor a las mujeres de Vallescar 1193–1964) y “Persevero et vinco/ 1193–1964 / De Vallescar” (quizás un lema familiar: Persevero y venzo).

Font del Borrell


Font del Borrell
La Font del Borrell es la más conocida de Osor, data al menos del siglo XVIII

La Font del Borrell es el primer punto del recorrido que vemos señalizado con carteles algo oxidados y antiguos por el paso del tiempo, pero que ayudan al visitante a comprender el pasado de Osor y seguir el itinerario patrimonial. Se trata de la fuente más conocida del municipio, cuya existencia está documentada al menos desde el siglo XVIII. El conjunto está formado por dos paredes, un depósito, una pequeña mesa de soporte y una arcada poco profunda de medio punto donde se encuentra el caño de la fuente.

Font del Borrell
Imagen antigua de la Font del Borrell de Osor

Su imagen actual corresponde a la remodelación de 1994, aunque ya había sido restaurada en varias ocasiones durante los siglos XIX y XX. El agua de Osor siempre ha gozado de gran fama local, y la de la Font del Borrell es especialmente apreciada. No solo es la fuente más popular del pueblo, sino también la que proporcionó el primer suministro de agua potable al Barrio Vidal en la década de 1920.

Carrer del Verger


Carrer del Verger
Callejuela empedrada que invita a descubrir el alma medieval de Osor

El recorrido en forma de U nos lleva a adentrarnos en la población por el Carrer del Verger, una de esas calles donde empieza a percibirse la magia de las callejuelas empedradas y las casas de piedra que caracterizan Osor. La calle desemboca en la Plaça del Verger, que en su corto recorrido luce una buena colección de bellas casas de piedra, cada una con su propio encanto. En este punto aparece uno de los elementos más singulares del casco antiguo: la Torre dels Recs, que asoma imponente entre los tejados.

Plaça del Verger


Plaça del Verger
Vista de la Torre dels Recs desde la Plaça del Verger

La Plaça del Verger ha cambiado de nombre a lo largo del tiempo. Desde el siglo XIX aparece documentada como Vergés, aunque durante el franquismo se dividió entre la Plaza de España y la Calle Verdaguer. En noviembre de 1936, pasó a denominarse Plaza de la República. En este espacio se encontraba Ca les Hermanes —también conocida como Ca les Monges o la Joieria—. Este antiguo convento del siglo XVI, funcionó como escuela regida por las Hermanas Carmelitas desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil.

Plaça del Verger
La Plaça del Verger está rodeada de casas de piedra

El edificio servía como parvulario y escuela de niñas. Hasta 1925, existió además una Escuela Parroquial para niños, dirigida por el cura del pueblo. Ambas eran escuelas privadas, pero con matrícula gratuita. Tras la guerra, el centro no volvió a abrir, en parte porque durante el conflicto el local se había convertido en el ayuntamiento y en una cooperativa.

Cartel de la película donde puede verse a los protagonistas, el Pont Vell y a habitantes de Osor

Un hecho curioso marcó la historia del lugar: en 1957 la plaza fue escenario del rodaje de la película “Juanillo, papá y mamá”, dirigida por Julio Salvador y Juan Alberto Soler. El film, con guion de José Suárez Carreño —Premio Nadal— y Giovanni de Eramo, transformó a Osor en la ficticia localidad de Bellomonte. La historia narraba la vida de un niño huérfano y pobre que acababa siendo adoptado por una familia rica. 

Osor
Los protagonistas de la película “Juanillo, papá y mamá” filmada en Osor

El rodaje despertó gran expectación: muchos vecinos participaron como figurantes, compartiendo escenas con Conrado San Martín, Lina Rosales, Juan Capri y el joven Miguel Ángel Rodríguez. La película culminaba con una fiesta final rodada en la Plaça del Verger, en la que intervino buena parte del pueblo, en una producción inspirada en el éxito de Marcelino, pan y vino.

Torre dels Recs


Torre dels Recs
Vista de la Torre dels Recs adosada en un extremo a una vivienda

La Torre dels Recs, también conocida a lo largo del tiempo como Torre de Medinaceli, de la Cárcel, de Sant Joan o de Osor, se alza entre el Carrer Sarsanedes y la Plaça del Verger, justo frente a la iglesia parroquial. Se trata de una torre de defensa de planta cuadrangular con cuatro plantas, de unos 7 metros de lado y 15 de altura, construida en 1439 por Violant de Recs, esposa de Ramon de Vilanova. La obra se levantó con la autorización de las señoras del Valle de Osor, Sancha Ximenis e Isabel de Cabrera, como recompensa por los servicios prestados por el padre de ViolantBernard de Recs

Aspillera en la planta baja de la Torre dels Recs

El permiso concedía incluso agujerear la muralla de la villa para edificar una torre, ya fuera redonda o cuadrada, con techo, ventanas, almenas, falsas puertas y agujeros para bombardas, pensada para la defensa del pueblo. El nombre de la familia Recs (derivado del latín Reig) está documentado en Osor desde el siglo XIV, y su residencia era la actual Can Roure. Con el tiempo, la torre pasó a manos de los Medinaceli, de quienes tomó otro de sus nombres históricos. 

El hecho de que la construyera Violant de Recs le dio el nombre

Construida pocos años después de los terremotos de 1427, se cree que se reutilizaron materiales procedentes de edificios dañados, lo que explicaría la diversidad de piedras y acabados en su fábrica. Está levantada con mampostería desbastada y grandes sillares en las esquinas, y conserva ventanales góticos trebolados, aspilleras —algunas diseñadas para armas de fuego— y conserva restos de almenas en la fachada sur. 

Torre dels Recs
Interior de la Torre dels Recs, con un asiento de piedra junto a la ventana gótica trebolada

Mientras que las aberturas del sur son de arco de medio punto, las del norte presentan canecillos y arcos trebolados, y las esquinas están perfectamente talladas. Durante el siglo XIX la torre fue utilizada como prisión municipal, origen del nombre de Torre de la Cárcel. En 1932, su primer piso acogió un depósito de agua potable con capacidad para más de 50.000 litros. El proyecto, que costó 725 pesetas, introdujo los primeros contadores de agua en Osor, con un precio de 40 céntimos el metro cúbico. El depósito fue retirado durante las obras de restauración. 

Es una torre de defensa de cuatro plantas, de aspecto robusto y fachada de piedra

Actualmente, la puerta de acceso principal se encuentra en la planta baja, aunque originalmente se abría a la altura del primer piso de la fachada norte. Un ingenioso sistema de abertura permite el acceso a la Torre de forma gratuita. Sólo tienes que registrarte en su página web a través de un QR situado junto a la puerta y te enviarán un código para abrir la cerradura electrónica. La Torre dels Recs sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de Osor, testimonio de su pasado medieval.

Església de Sant Pere


Església de Sant Pere
Vista exterior de la Església de Sant Pere

La Església de Sant Pere de Osor es el principal edificio religioso de la población y uno de los más antiguos del valle. La primera mención del lugar data del año 860, cuando se registra una donación de un alodio del Valle de Osor al monasterio de Amer. La parroquia de Sant Pere aparece documentada por primera vez en el año 922, compartiendo entonces jurisdicción con Sant Hilari y Solterra. La iglesia original, situada en una colina, era una pequeña construcción prerrománica que fue sustituida hacia 1125 por un templo románico consagrado por el obispo de Vic, Ramon Gaufred

Església de Sant Pere
Arcuaciones lombardas y lesenas del antiguo templo románico

De aquella edificación románica se conserva el muro meridional, con nueve arcuaciones lombardas, lesenas en los extremos y un ventanal. Los terremotos de 1427 y 1430 causaron graves daños en el templo, los puentes y buena parte del pueblo. Según fuentes antiguas, todas las casas del valle y de Osor fueron derribadas. La iglesia fue reconstruida con aires barrocos a partir de mediados del siglo XV, manteniendo la estructura del templo románico. Entre los siglos XVI y XVIII se añadieron varios altares laterales, dedicados a la Verge del Roser, Sant Crist, Sant Roc y Sant Sebastià

Església de Sant Pere
Fachada de la iglesia de Sant Pere donde puede verse el rosetón y el ojo de buey

A finales del siglo XVIII, la iglesia se hallaba muy deteriorada y fue objeto de amplias reformas y ampliaciones hasta 1833, año en que se dio por concluida la obra. La fachada actual, datada en 1798, presenta una orientación inversa con respecto a la iglesia románica original. En 1977, tras el derribo de construcciones anexas, apareció parte del crucero románico empotrado en el muro barroco, lo que confirmó que la iglesia primitiva contaba con una nave y tres ábsides orientados a levante, dedicados a Sant Joan, Sant Pere y Sant Tomàs. 

Església de Sant Pere
El templo fue reconstruido tras los terremotos de 1427 y 1430

El edificio actual, de estilo barroco con elementos neoclásicos, tiene una única nave con cuatro capillas comunicadas a cada lado. Su portal adovelado de arco rebajado, hecho con bloques de granito, luce grabada la fecha de 1798 en la dovela clave. Sobre la puerta se abre una hornacina vacía, un gran rosetón con malla de hierro y un óculo bajo el alero de teja y baldosa. 

Església de Sant Pere
Vista del posible esconjuradero, usado para proteger las cosechas de tormentas y plagas

A la derecha de la fachada se alza una torrecilla rectangular, identificada por los investigadores locales como un antiguo esconjuradero o comunidor (en catalán). Estas construcciones, frecuentes entre los siglos XVI y XVIII, se ubicaban en las iglesias para realizar rituales destinados a proteger las cosechas de tormentas, plagas u otros peligros. Aunque son habituales en el Pirineo aragonés y Castilla y León, en la comarca de Les Guilleries y el Montseny también se conservan algunos ejemplares.

Església de Sant Pere
Campanario cuadrado de la iglesia de Sant Pere de Osor

El campanario, de planta cuadrada, está construido con grandes sillares rojizos en las esquinas. Presenta una puerta de acceso con arco rebajado, ventanas geminadas de medio punto —dos por fachada, salvo en la de levante que tiene sólo una, tapada— y almenas escalonadas de ladrillo añadidas probablemente en el siglo XIX. En sus muros aún se aprecian los huecos de los soportes de los andamios originales. 

Església de Sant Pere
Detalle de la parte superior del campanario

En 1805, un robo documentado en las actas municipales describe la sustracción de objetos litúrgicos de plata de su interior, entre ellos dos bordones (bastones altos llevados en procesiones o actos solemnes), la cruz gorda (la cruz procesional principal), la Vera Cruz, los incensarios, la naveta (recipiente en forma de barco donde se guarda el incienso) y cuchara del incienso y dos paces (objetos con una imagen sagrada, que se ofrecían para besar en señal de paz durante la misa). 

Església de Sant Pere
Imagen antigua de Osor donde puede verse, a mano izquierda, la iglesia

En 1936, durante la Guerra Civil, el templo sufrió graves destrozos: se destruyeron las imágenes, el altar mayor y desaparecieron tres campanas. Durante la contienda, el edificio fue utilizado como almacén y taller. Hoy, la Església de Sant Pere se alza sobre una gran terraza con vistas a la riera de La Noguerola. Su estructura barroca, unida al campanario y la torreta, recuerda que esta iglesia ha sobrevivido estoicamente a terremotos, guerras y reformas.

Can Roure


Can Roure
Can Roure es una casa señorial de los siglos XIV y XV

Entre el Carrer Major y el Pont Vell, en la confluencia del Carrer de la Riera, se levanta Can Roure, una de las casas más notables del casco antiguo de Osor. Este edificio señorial, de tres plantas y patio amurallado, conserva elementos arquitectónicos de gran valor como un ventanal gótico flamígero del siglo XV y un portal adovelado de medio punto realizado en piedra caliza. 

Can Roure
En la segunda planta pueden verse aberturas cerradas de las antiguas almenas con aspilleras

La casa perteneció originalmente a la familia Recs (siglo XIV) —una de las familias más influyentes de la villa durante la Edad Media— y más tarde pasó a manos de los Vilanova (siglo XV) y de los Llavari. Se cree que el edificio sufrió graves daños durante los terremotos de 1427, por lo que su configuración actual corresponde, al menos en parte, a una reconstrucción de la segunda mitad del siglo XV. 

Can Roure
 Bello ventanal gótico de Can Roure

El ventanal gótico, formado por dos arcadas treboladas separadas por una columnilla con capitel de decoración floral, guarda similitud con otros ejemplos contemporáneos en el vecino municipio de Anglès (como Can Verdaguer). Sobre la fachada, de aspecto enlucido y hoy en mal estado, aún se distinguen restos de almenas con aspilleras, tres en la fachada principal y seis en la lateral.

Can Roure
Tras su portal puedo imaginarme el aire noble de otras épocas

En la planta baja se abre el gran portal adovelado, y a su izquierda, una escalera exterior —añadida probablemente en el siglo XIX— que conduce al piso superior. El patio delantero está delimitado por un pequeño murete. Aunque actualmente está deshabitada, Can Roure sigue siendo uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura civil tardomedieval de Osor, testimonio de la prosperidad que vivió la villa entre los siglos XV y XVI.

Pont Vell


Este puente de piedra del siglo XV era de grandes proporciones para la época

El Pont Vell de Osor, documentado desde el siglo XV, es una de las imágenes más reconocibles de la población y un símbolo de su pasado medieval. Su función era unir los dos márgenes del pueblo, separados por la riera de Osor, comunicando las actuales calles del Carrer del Pont y del Carrer de França. El puente se levantó tras los terremotos de 1427-1430, que destruyeron buena parte de la villa y su antigua estructura de paso, probablemente un puente románico.

Aunque solo es visible una gran arcada, cuatro más pequeñas permanecen ocultas

Desde entonces, ha sido reconstruido en varias ocasiones, pero conserva su trazo original de piedra, con un gran arco central que domina el paisaje. Aunque hoy solo se distingue una arcada principal, bajo las casas adosadas al puente aún permanecen ocultos los restos de cuatro arcos menores, testimonio de la amplitud que tuvo en origen. La base del arco del lado del Carrer del Pont conserva también vestigios de un doble tajamar, elemento destinado a frenar la fuerza del agua durante las crecidas.

Vista del Pont Vell desde el Carrer del Pont

El empedrado del paso, con ligera forma de lomo de asno, está formado por lombardas de piedra caliza de tamaño medio y pequeño, bien conservadas pese al paso de los siglos. El pretil, irregular y tosco, se compone de grandes bloques de piedra, totalmente irregulares. El Pont Vell ha inspirado a pintores y fotógrafos, que han encontrado en su silueta de piedra y en el rumor de la riera uno de los rincones más evocadores de Osor.

Corredor de la riera


Corredor de la riera
Los corredores permiten el acceso directo, desde las casas o calles, hasta el agua

En épocas pasadas, la riera de Osor era el eje de la vida del pueblo, por lo que los corredores que llegan hasta sus aguas fueron esenciales. Servían para acceder al agua, ya fuera para lavar ropa o dar de beber a los animales. Algunos corredores conservan muros y escalones de piedra centenarios, testigos del ingenio popular, y forman hoy un recorrido pintoresco donde perderse por un momento en el pasado.

Riera de Osor


Riera de Osor
Este curso fluvial nace en las Guilleries y desemboca en el Ter

La riera de Osor es el eje natural que atraviesa la población y da forma al valle. Tras nacer, entre los términos de Espinelves y Sant Hilari Sacalm, la riera desciende con fuerza, formando desfiladeros estrechos y escarpados, rodeados de peñascos y vegetación densa, que permiten la aparición de saltos de agua y tramos de gran belleza natural. A medida que se acerca a Osor, su curso se suaviza, dibujando meandros sinuosos antes de unirse al río Ter.

Riera de Osor
Cauce natural que serpentea entre vegetación y viejos molinos

Su longitud total es de unos 25 km entre Sant Hilari y el puente que separa Anglès de la Cellera. Hidrológicamente, destaca como el curso fluvial más caudaloso de los que nacen en las Guilleries. A lo largo de los siglos, la riera ha sido aprovechada para riego agrícola, movimiento de ruedas de molinos, generación de electricidad y actividades de industria textil y minera.

Riera de Osor
La Riera de Osor atraviesa el pueblo y da vida al paisaje urbano

Actualmente, es posible recorrer un itinerario llano de 2,1 km a lo largo de la Riera de Osor que discurre cerca del pueblo. Este paseo de baja dificultad ofrece la oportunidad de observar flora y fauna de ribera, disfrutando de un tramo de gran belleza paisajística y de la tranquilidad que proporciona el agua. En verano se convierte en un excelente refugio climático.

Lavadero de Ca n'Aubreda


Lavadero de Ca n’Aubreda
El Lavadero de Ca n’Aubreda aprovechaba el agua de la acequia del Molí d’en Serra

En la primera mitad del siglo XX, para evitar bajar hasta la riera a hacer la colada, los vecinos aprovecharon la acequia del Molí d'en Serra para construir un lavadero público donde lavar la ropa. Se llenaba con el agua procedente de la Font de Ca n’Aubreda. Bajando unas escaleras se llega hasta las antiguas piedras que forman el lavadero y a una pequeña tajadera de piedra bastante bien conservada, aunque con exceso de vegetación salvaje alrededor.

Font de Ca n'Aubreda


Fuente de Ca n’Aubreda
La Font de Ca n’Aubreda está documentada desde el siglo XIX

La Font de Ca n’Aubreda, documentada desde el siglo XIX, toma su nombre del antiguo linaje Albereda. El aspecto que hoy se puede contemplar data de 1869, cuando se llevó a cabo una reparación que cubrió parcialmente el torrente. En un poema popular de mediados del siglo XX dedicado a las fuentes de Osor, se dice de ésta: “La de Can Aubreda es molt bona / si no regan gaire estona” (La de Can Aubreda es muy buena / si no riegan mucho rato).

Carrer de França


Carrer de França
El Carrer de França es la calle empedrada más larga de Osor

El Carrer de França es la calle más larga empedrada con adoquines de Osor. Anteriormente, se había llamado Carrer de Nostra Senyora del Coll, ya que, de hecho, forma parte del antiguo camino Real que se dirigía hacia este santuario. Durante el franquismo se conoció como Calle de los Mártires, y en 1978 se propuso renombrarla Carrer Guilleries. A lo largo de esta calle se conservan varias casas donde aún pueden verse dinteles de piedra de los siglos XVI, XVII y XVIII, testigos de la historia y antigüedad de Osor.

Carrer de França
Casas con dinteles de los siglos XVIII y XIX bordean el pintoresco Carrer de França

Una curiosa historia oral explica el origen del nombre del Carrer de França. A finales del siglo XIX o principios del XX, vivía en esta calle un francés conocido como “l’avi Pierre”, instalado en la casa que hoy se identifica como Can Pones. Por motivos políticos de la época, se dice que pudo colocar la bandera de su país en el balcón, lo que le granjeó cierta simpatía entre los vecinos, que empezaron a llamar a la calle “del Francès”. 

Carrer de França
Imagen antigua del Carrer de França de Osor

Esta calle también nos recuerda una tradición artesanal de Osor ya perdida. En 1926, se trasladó aquí el taller de alpargatas de Lluís Pons, que alternaba este trabajo con el de barbero, y donde ya se había instalado otro artesano, Quimet Espardenyer, en la casa conocida actualmente como Can Lluís. Ambos hacían a mano alpargatas catalanas con suela de yute o cáñamo. Con el tiempo, su hijo Antonio mecanizó el taller, introdujo la producción de suela de goma y llegó a vender al por mayor.

Hornacina de Can Toni


Imagen de San Antonio
Hornacina de Can Toni con imagen de San Antonio, en el Carrer de França

La hornacina de Can Toni, situada en la fachada del Carrer de França, es un testimonio del pasado religioso y decorativo de Osor. En ella puede verse una imagen de San Antonio, patrón de los animales y protector del hogar, enmarcada con decoración de cerámica catalana. Estas hornacinas, habituales entre los siglos XVIII y XIX, se colocaban en las fachadas como signo de devoción y para invocar la protección del santo sobre la familia y sus bienes.

Molí Sarsanedes


Molí Sarsanedes
Maria Sarsanedes pidió permiso para producir electricidad para uso privado

El Molí Sarsanedes se ha conocido también como Molí de Cercenedes, Molí de la Mata, de Mirapeus o d’en Vila, y se tiene constancia de que ya existía en 1746. Está formado por un conjunto de edificios de una planta, construidos en mampostería, piedra y cubierta de baldosa, con aberturas rectangulares enmarcadas en ladrillo. Su importancia histórica va más allá de la arquitectura. En 1910, gracias a la iniciativa de Maria Sarsanedes, se produjo electricidad por primera vez en Osor utilizando la energía hidráulica de este molino.

Molí Sarsanedes
El Molí Sarsanedes produjo por primera vez electricidad en Osor en 1910

En junio de 1911, el concejal Antoni Pons propuso extender el alumbrado público al municipio, instalándose veintidós farolas de doce bujías que funcionaban desde las últimas horas de la tarde hasta la madrugada. No fue hasta 1916 que la electricidad llegó a los domicilios cercanos a la línea, marcando el inicio de la electrificación de Osor. Desde este punto del recorrido deshacemos el camino hasta el Pont Vell y, tras dejar atrás Can Roure, giramos a la izquierda por el Carrer Major.

Pont de Can Vidal


Pont de Can Vidal
Puente medieval de una sola arcada sobre la riera de la Noguerola

Situado entre el Ayuntamiento de Osor y la Iglesia de Sant Pere, encontramos el Pont de Can Vidal, también conocido como Pont de la Noguerola. Este pequeño puente de piedra medieval de una sola arcada, ligeramente apuntada, servía como paso del antiguo camino de Anglès a Sant Hilari Sacalm. Se alza unos 4 metros de altura sobre la riera de la Noguerola y se construyó con piedra, guijarro y mortero. 

Pont de Can Vidal
El Pont de Can Vidal unía por el antiguo camino Anglès con Sant Hilari Sacalm

Como las crónicas indican que tras los terremotos de 1427 y 1430 no quedó ningún puente en pie, su reconstrucción probablemente data de la segunda mitad del siglo XV, aprovechando la estructura de un puente anterior, posiblemente de origen románico. Hoy se encuentra en desuso, pero forma un rincón muy pintoresco que resulta muy fotogénico.

Reloj del Ayuntamiento


Ayuntamiento de Osor
Reloj de 1878 de la empresa Garnier de París, procedente de la estación de Peralada

Nuestra ruta a pie por Osor concluye frente al Ayuntamiento, donde se conserva una singularidad histórica: en la fachada podemos ver un reloj de la empresa Paul Garnier de París, que data de 1878 y proviene de la antigua estación de tren de Perelada, que quedó fuera de servicio a principios de los años 90. En la esfera del reloj podemos ver el escudo de Osor y el nombre de la población.

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