Carcassonne a través de la mirada de Stendhal

Carcassonne
Acceso por la Puerta del Aude con la Torre de la Justicia y la silueta del castillo al fondo
En la primavera de 1838, un viajero singular recorría el sur de Francia rumbo a Narbonne, procedente de Toulouse. Era Henri Beyle, universalmente conocido como Stendhal. Equipado con su afilada ironía y esa mirada crítica, cáustica y profundamente observadora sobre el entorno y la sociedad de su época, se detuvo durante dos días en Carcassonne. Maestro consumado del arte del flâneur —aquel caminante que finge sorpresa, desinterés o bien perderse para que sus descubrimientos destilen autenticidad puramente literaria—, Stendhal vio en Carcassonne una fortaleza que parecía luchar por no desmoronarse.

Carcassonne Porte l’Aude
Puerta de Aude y Castillo Condal. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Aquella Carcassonne que el escritor descubrió dista abismalmente de la estampa monumental que hoy conocemos y que la han convertido en el tercer destino turístico de Francia. La ciudad medieval de Carcassonne, el Casco Histórico conocido como la Cité, era un enclave decadente, de casas miserables, calles estrechas y cuya pobreza se reflejaba, por ejemplo, en el uso de papel aceitado en las ventanas en lugar de cristales. Stendhal solía lamentar la escasa apreciación por el patrimonio y solía quejarse del mal gusto de sus contemporáneos. Y no andaba mal encaminado, ya que hubo quien quiso demoler aquella empobrecida ciudad de Carcassonne.

Carcassonne Porte l’Aude
Puerta de Aude. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Sin embargo, en las páginas de su libro «Voyage dans le midi de la France», la pluma de Stendhal supo capturar con maestría la atmósfera de un lugar que valía la pena salvar. En su crónica inmortalizó rincones muy concretos de la ciudad: la misteriosa Vieille Ville, las orillas lúgubres, sucias y miserables del Aude, la coqueta —aunque seca en aquel momento— Fontaine de Neptune y la sobria elegancia de la Iglesia de Saint-Nazaire. Un grito de alerta literario que evidenciaba el alarmante estado de deterioro del monumento y la urgente necesidad de rescatarlo del olvido antes de que fuera demasiado tarde. La silueta de Carcassonne que hoy vemos es el resultado de una de las restauraciones más titánicas del siglo XIX.

Carcassonne Porte Narbonnaise
Las murallas con el cementerio en primer plano. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

La Cité —con sus tres kilómetros de murallas y cincuenta y dos torres— estuvo a punto de desaparecer bajo una estricta orden de demolición, simplemente porque querían acabar con los robos y la inseguridad que protagonizaban sus habitantes, en su mayoría familias muy pobres, que vivían en construcciones adosadas a la muralla. Fue gracias a la intervención de dos hombres: el historiador local Jean-Pierre Cros-Mayrevieille (1810-1876) y el inspector de monumentos históricos Prosper Mérimée (1803-1870), que lograron concienciar a la corte de Napoleón III del valor de la Ciudadela de Carcassonne.

Carcassonne Porte Narbonnaise
El pasaje abovedado de la Porte Narbonnaise. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Con el tiempo, lograron catalogarla como patrimonio histórico en 1850 y salvarla de la destrucción. Los trabajos de restauración se iniciarían en 1853, primero por el famoso y controvertido arquitecto Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879) y, tras su muerte, continuaría con el proyecto su alumno Paul Boeswillwald (1844-1931), que las terminaría en 1911. Para rescatar de la ruina esta ciudadela medieval y devolverla a su esplendor original, despejaron los muros de las casas que cubrían las murallas y reconstruyeron las secciones en ruinas; principalmente los tejados y las almenas.

Carcassonne Ciudadela
Vista general de Carcassonne. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Inscrita desde 1997 en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO, la Cité despliega un doble recinto amurallado que visitan millones de personas cada año. Para comprender la formidable ciudadela de Carcassonne, he decidido hacerlo acompañada por este «turista ilustrado» —un término que Stendhal ayudó a popularizar—. Su crónica de 1838 será mi brújula; las fotografías de Gustave Le Gray anteriores a la restauración de Viollet-le-Duc —conservadas en el Museo de Orsay y en la Biblioteca Nacional de Francia— y las postales antiguas completarán la mirada para descubrir qué ha cambiado y qué permanece inalterable después de tanto tiempo.

El río Aude y el Canal du Midi


Carcassonne Vintage
Postal antigua restaurada con IA de La Cité, el Pont-Vieux y el río Aude

Esta ruta comienza como la del escritor francés, en las inmediaciones del río Aude. Stendhal escribiría en su crónica: «El Aude —un río más bien pequeño atravesado por un puente de diez a doce arcos— fluye extramuros de Carcassonne». El viajero actual tiene la fortuna de poder explorar el Aude y el Canal du Midi realizando un crucero fluvial, donde el tiempo parece fluir más despacio. Lo sorprendente del Canal du Midi no es solo la belleza; se trata de una de las obras de ingeniería más fascinantes de Europa, declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO. Crucero por el Canal du Midi desde Carcassonne

Kioske Chénier
En el Kioske Chénier se adquieren los billetes de los cruceros por el Canal du Midi

El sistema hidráulico del Canal du Midi, adelantado a su época, estaba pensado hasta el último detalle, y la evidencia está en que el transporte fluvial se ha mantenido durante siglos. Si quieres vivir esta experiencia, una de las opciones económicas es subir a bordo de los barcos de la compañía Lou Gabaret. Salen desde el Port de Carcassonne, situado frente a la estación de tren (SNCF), y los billetes se adquieren fácilmente en el Kioske Chénier, situado en la Square André Chénier, junto al Pont Marengo. Todos sus cruceros por el Canal du Midi son comentados por una guía en francés, inglés y español, lo que permite entender bien la historia que rodea a esta obra de ingeniería.

Lou Gabaret
La embarcación de Lou Gabaret lista para iniciar el crucero guiado por el canal

Lou Gabaret dispone de cinco cruceros distintos, según lo que te apetezca hacer o descubrir:

  • Dirección Toulouse: Los cruceros Détente (Descanso), Nature (Naturaleza) y Pique-Nique (Picnic).
  • Dirección Narbonne: Los recorridos Cité (Ciudad Medieval) y Cité + Pont-Canal (Ciudad Medieval + Puente Canal).

Los precios oscilan entre los 10 € para los recorridos cortos de hora y media, hasta los 13,50 € para las rutas más largas de 2 horas y 45 minutos. Es recomendable reservar tu plaza con antelación. Un consejo de oro: llega con puntualidad a la hora indicada, ya que, al igual que hace un siglo, el barco no espera. Como diría Stendhal: «Por fin me acerco al puente, que es muy estrecho. Lo principal es no verme aplastado por los pesados carros que bajan por él mientras yo subo; son tirados por yuntas de cuatro o cinco mulos»

Carcassonne La Cité
Las fortificaciones de la Cité desde el oeste. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Aquel Aude, que Stendhal veía con estas palabras: «Camino en línea recta; había olvidado el Aude; llego a la orilla de este torrente y diviso el puente —cuya mole me resulta grata en medio de un paisaje tan desolador y bajo un tiempo aún más aciago—. Sin duda, el efecto habría sido muy distinto en verano. Dejo que mi alma se sacie de melancolía» es para nosotros el punto de partida para descubrir Carcassonne desde otra perspectiva. A bordo de la embarcación, los árboles dibujan sombras sobre el agua, las esclusas marcan el ritmo de paso (con el Croisière Cité se cruzan dos) y el paisaje se despliega sin prisa, como si cada tramo tuviera algo que contar. 

Carcassonne Vintage
Postal antigua restaurada con IA donde puede verse una barcaza surcando el Canal du Midi

Es curioso, pues hace casi dos siglos, el propio Stendhal ya valoraba esta forma de viajar: «He pasado el día en el canal; el paisaje se contempla igual de bien —si no mejor— que desde una diligencia. No sé por qué me había imaginado lo contrario». Y ahí está la clave: no se trata de llegar, sino de dejarse llevar. Porque en el Canal du Midi, el verdadero destino es el trayecto. Puedes ver el vídeo que grabamos de nuestra experiencia por el Canal du Midi o leer más sobre su historia en mi artículo de viaje dedicado a ello: Una semana navegando por el Canal du Midi

El Puerto de Carcassonne


Carcassonne Vintage
Postal antigua restaurada con IA del Puerto de Carcassonne

El canal no siempre estuvo aquí. Stendhal lo notó enseguida, quejándose de lo que a él le parecía obvio: «Me parece una desventaja para la nueva Carcassonne que el río Aude no atraviese su centro». Tenía razón. En sus inicios, el canal pasaba a 5 kilómetros al norte, lo que impidió que la ciudad pudiera aprovechar el gran dinamismo comercial que el canal aportó a la región durante el siglo XVIII. Fue gracias a la petición de un nuevo trazado para acercar el agua a la bastide (la Ciudad Baja) como la ciudad dio un impulso definitivo a su comercio y economía, sentando las bases para que hoy podamos disfrutar de este apacible entorno.

Carcassonne
Este bello tramo arbolado marca el punto de retorno hacia el puerto

Subidos en la embarcación de Lou Gabaret, atravesamos la primera esclusa, la Écluse de Carcassonne, y navegamos hasta la Écluse de Saint Jean. Es justo ahí, cuando se vislumbra uno de los tramos más bellos del Canal du Midi que pude descubrir durante mi semana navegando por el Canal du Midi, donde una hilera de árboles recibe a los navegantes. Aquí parece que el sonido de los pájaros se agudiza y el viento juega con las hojas; lamentablemente, en este punto es donde damos media vuelta para regresar al puerto de Carcassonne.

Puerto de Carcassonne
El puerto de Carcassonne, inicio y meta de nuestra apacible travesía fluvial

El Canal du Midi, con sus 240 kilómetros de longitud, ofrece multitud de rutas para hacer. Ya sea navegando, a pie o en bicicleta, cada viajero puede elegir la distancia y el ritmo de viaje; se trata de disfrutar del camino. Si tenéis opción, os recomiendo el «Croisière Cité + Pont-Canal», que permite navegar junto al camino de sirga bordeado de cipreses centenarios y llega hasta el imponente puente-canal sobre el río Fresquel, una obra de ingeniería de 50 metros de largo y 30 de ancho que te dejará sin palabras.

El espectáculo de la barcaza Europ’Odyssée


Carcassonne
Su casco, cubierto de grafitis, convierte la barcaza en arte urbano flotante

Si buscas profundizar en la historia de esta maravilla, justo en la Promenade du Canal, al lado del puerto de salida de los cruceros, encontrarás la barcaza Europ’Odyssée. Se trata de un sencillo espectáculo inmersivo instalado en una barcaza histórica construida en 1931 que, tras navegar por media Europa, ha encontrado su puerto definitivo en Carcassonne. Es una experiencia sensorial de 25 minutos donde, a oscuras, la historia del canal cobra vida a través de los "genios" que lo hicieron posible.

Carcassonne
La proyección interior sumerge al visitante en la historia y creación del canal

Es un formato que empieza a encontrarse en muchos lugares, donde una serie de personajes en una película explican los detalles de su construcción con un juego de proyecciones en las propias paredes de la barcaza.

Información de utilidad:

  • Idioma: El espectáculo está disponible en varios idiomas, incluido el español (consultad los horarios en su página web, donde también es posible reservar). 
  • Nota especial 2026: Este año es muy significativo, ya que el Canal du Midi celebra el 30º aniversario de su inscripción en el Patrimonio Mundial de la UNESCO. Para conmemorarlo, durante todo 2026, esta experiencia en la barcaza es gratuita, sumándose a una agenda repleta de conciertos, talleres y exposiciones.

La Ciudadela de Carcassonne


La Ciudadela de Carcassonne
Vista general de las murallas orientales. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Dejando atrás la Ciudad Baja, la Cité cambia por completo lo visto en la ciudad, revelando su alma medieval. Como bien señaló Stendhal al observar la disposición urbana: «Más allá del puente, el casco antiguo de Carcassonne se alza sobre una pequeña colina. Cuando la «benevolencia» del dominio feudal dejó de infundir temor a los habitantes de Carcassonne, en lugar de elegir un emplazamiento para la nueva ciudad junto a la antigua, optaron por fundarla a la distancia de un disparo de cañón».

Doble recinto amurallado 

Carcassonne
Las lizas altas flanqueadas por las fortificaciones exteriores (izda.) y las interiores (dcha.)

Hoy, cruzar hacia esa colina nos lleva a adentrarnos en un prodigio de la ingeniería militar: un doble recinto amurallado —considerado el primer conjunto de fortificaciones medievales de Europa— que esconde en su interior seis hectáreas de calles estrechas y secretos medievales. El espacio que separa las dos murallas, conocido como lizas, es un pasillo defensivo que permitía engañar al enemigo. Fue nivelado para crear un foso seco que hiciera la ciudad inexpugnable. 

Carcassonne
Tour Crémade (izda.) y Tour Saint-Martin en primer plano (dcha.), vistas desde el camino de ronda

Pasear hoy por estas lizas es toda una experiencia y muy pocos visitantes se atreven a rodearla por completo. Mientras camináis, fijaos en los detalles: veréis secciones de la muralla galorromana del siglo III conviviendo con las fortificaciones del siglo XIII que Eugène Viollet-le-Duc salvó de la ruina en el siglo XIX. La hilera de torres, las cuatro barbacanas y las cuatro puertas que se alzan ante nosotros son las estructuras que han permitido a Carcassonne resistir el paso de los siglos. 

Carcassonne
Tour Crémade (izda.), Tour du Grand Brulas (fondo) y Tour Saint-Nazaire (dcha.)

Consejo de ruta: Perdeos por las lizas. Es el mejor lugar para observar la evolución de la arquitectura militar y, sobre todo, para disfrutar de unas vistas privilegiadas de la Bastida de Saint Louis (la Ciudad Baja) y de las montañas que rodean el Aude. Al recorrerlas a pie, tienes el privilegio de explorar con detalle cada rincón de este «doble abrazo» de piedra que, afortunadamente, sigue en pie para que podamos disfrutarlo.

La fortaleza gris de Stendhal


Carcassonne La Cité
Vista general de Carcassonne. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Stendhal llegó a Carcassonne el 27 de abril de 1838, azotado por el viento y el frío. Su descripción es la de un observador que descubre una reliquia en el horizonte, casi como una aparición. Al aproximarnos hoy, la Cité se despliega con majestuosidad. Sin embargo, resulta inevitable mirar la piedra y evocar el paisaje que se encontró el escritor antes de que la ciudad fuera reconstruida. Carcassonne se presentaba ante sus ojos como «un pueblo rodeado de murallas grises, él mismo gris, enclavado en medio de la vegetación (ciertamente algo monótona) de una colina desprovista de árboles». Para Stendhal, «Esa singular fortaleza gris en lo alto de la colina atrapa y retiene mi mirada. Parece una ciudad vista a vista de pájaro, de esas que a veces se ven en los cuadros».

Carcassonne La Cité
Murallas, torre del Obispo en el centro y castillo al fondo. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Y añadía, con su habitual severidad al contemplar el perímetro: «Las murallas, encaramadas sobre la roca y alzándose a una altura de treinta o cuarenta pies, resultan imponentes y austeras». Es sobrecogedor leer estas líneas viendo lo que hoy vemos. Donde Stendhal percibía una villa gris camuflada en la colina y una fortaleza luchando contra el abandono —recordemos que aquellas piedras aún sufrían los estragos del tiempo antes de la gran intervención de Viollet-le-Duc—, nosotros hoy encontramos un monumento meticulosamente recuperado.

Barbacane Saint-Louis (Barbacana de la Puerta de Narbonne)


Barbacane Saint-Louis
Barbacane Saint-Louis, frente a la Porte de Narbonne y a la derecha del puente levadizo

Situada a levante para proteger la monumental Puerta de Narbonne, la Barbacane Saint-Louis destaca por su diseño militar en forma de arco y abierto hacia el interior, lo que permitía a la guarnición defender el puente levadizo mientras exponía a los intrusos al fuego directo de la muralla principal. Esta estructura ocupa el solar de una fortificación de madera destruida tras el asedio de 1240, liderado por el vizconde Raimond-Roger Trencavel contra el rey Luis IX (San Luis).

Barbacane Saint-Louis
La Barbacane Saint-Louis protegiendo el puente levadizo frente a las torres de la Porte de Narbonne

Tras el fracaso del ataque, y como castigo por la colaboración de los habitantes de los arrabales con el bando atacante, sus viviendas fueron incendiadas. Siete años más tarde, el monarca les permitió reconstruir sus hogares al otro lado del río Aude, dando origen a la actual Ciudad Baja (Bastide Saint-Louis). Precisamente para protegerse de la dudosa lealtad de estos habitantes, el rey ordenó levantar de nuevo el recinto exterior y esta barbacana que lleva su nombre.

La Porte Narbonnaise y sus imponentes torres gemelas


Porte Narbonnaise
Porte Narbonnaise y Tour du Trésau. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

La inmensa mayoría de los visitantes que se aproximan a la Cité, hoy en día, en coche particular, deben dejarlo en el aparcamiento exterior habilitado frente a la Porte Narbonnaise. Situada en el flanco oriental y orientada estratégicamente hacia Narbonne. Esta espectacular puerta es una obra maestra erigida alrededor de 1280 por orden de Felipe III el Atrevido con un claro propósito: reflejar la magnificencia y el poder inquebrantable de la corona francesa. Convirtiendo a Carcassonne en el bastión fronterizo más importante de Francia frente a los dominios de la Corona de Aragón.

Carcassonne
Estatua de la Dame Carcas en un pilar situado junto al puente de acceso a la Porte Narbonnaise

De todas las puertas conservadas en Carcassonne, es sin duda la que exhibe un mayor despliegue de elementos defensivos, pero también ornamentales —como lo atestigua la hornacina con un arco de tres lóbulos que resguarda una estatua de la Virgen del siglo XIV que preside el acceso, o la imagen de la legendaria Dame Carcas, cuya estatua original se encuentra en el interior del museo del Castillo Condal—. El acceso a este gigante de piedra exigía atravesar un foso seco concebido para inutilizar las torres de asedio enemigas. 

Carcassonne
Puente levadizo de la Puerta de Narbonne añadido durante la restauración de Viollet-le-Duc

En este punto debo aclarar que el puente levadizo que salva el desnivel en la actualidad, por muy molón que parezca, es una construcción moderna que no existía en época medieval. Originalmente, este paso exigía sortear un châtelet exterior (una pequeña construcción a modo de castillito), un sistema de cadenas diseñado para frenar cualquier carga de caballería, dobles puertas de madera con potentes barras de refuerzo y hasta tres rastrillos cuyo mecanismo de contrapesos y poleas todavía se adivina en los márgenes interiores de la puerta.

Carcassonne
Las torres están construidas con bloques de gres almohadillado

El núcleo de esta defensa recae sobre las dos enormes torres gemelas de veinticinco metros de altura que flanquean esta entrada principal. Sus paramentos están reforzados con proas o espolones que permitían desviar los arietes, mientras que su formidable grosor hacía frente a las minas enemigas. Por dentro, las torres se convertían en una auténtica ratonera para cualquier asaltante: cuentan con sótanos excavados, plantas bajas y falsas escaleras diseñadas para desorientar a los intrusos. 

Porte Narbonnaise
Defensas de la Porte Narbonnaise. Dibujo de Viollet-le-Duc recreado con IA

Los primeros pisos abovedados estaban dotados de chimeneas y hornos propios, pero también de almacén de alimentos y cisterna de agua. Además, su sistema defensivo combinaba niveles de matacanes fijos de piedra en la mampostería con cadalsos —estructuras voladas de madera con tejadillos protectores que se instalaban de forma temporal en tiempos de guerra—, y que permitía descargar una lluvia implacable de piedras, fuego y flechas a quemarropa. Para rematar este complejo defensivo, el camino de ronda no se interrumpe aquí. Cruza por la parte posterior de la puerta, por encima del pasaje, uniendo ambas murallas de forma continua, pero estrictamente controlada desde los interiores de las torres.

La leyenda de la Dama Carcas que dio nombre a la ciudad


La leyenda de la Dama Carcas
Dama Carcas engañando al ejército de Carlomagno. Imagen generada con IA

No se puede cruzar el umbral de la Cité sin antes invocar a su protectora más insigne. Cuenta la leyenda que, durante la ocupación sarracena, Carlomagno mantuvo la ciudad bajo un asedio que se prolongó durante cinco años. Tras la muerte del rey Balaack, fue su viuda, Dama Carcas, quien tomó las riendas del destino de su pueblo frente a la hambruna y el cerco imperial. Cuando el asedio se hizo insoportable, el ingenio inagotable de Carcas recurrió a maniquíes de paja para simular una guarnición numerosa. 

La leyenda de la Dama Carcas
Para demostrar su abundancia, los defensores lanzan un cerdo cebado. Imagen generada con IA

En un último golpe de efecto, alimentó a su último cerdo con el último puñado de trigo que les quedaba para seguidamente arrojarlo desde lo alto de la muralla. Al caer, el animal reventó ante el ejército enemigo, que supuso que la ciudad tenía grano en abundancia. Carlomagno, convencido de que la fortaleza tenía víveres de sobra para alimentar incluso a sus cerdos, levantó el asedio. Cuando las campanas de la ciudad repicaron para celebrar la victoria, alguien exclamó: «¡Carcas sonne!» (¡Carcas repica!). Así, entre el eco de las campanas y la astucia de su señora, nació el nombre de Carcassonne

La Ciudadela de Carcassonne
Litografía de Carcassonne realizada por Thierry Frères (1835)

Llegados a este punto, con la imponente fachada de la Porte Narbonnaise frente a nosotros, toca tomar la primera gran decisión en la ruta por la ciudadela de Carcassonne. Podemos cruzar el umbral de la puerta y adentrarnos de inmediato en el laberinto de callejuelas estrechas de la Cité —subiendo por la Rue Cros-Mayrevieille— (te dejo esa posible ruta escrita más abajo), o bien sumergirte en el doble recinto amurallado que ha visto pasar dos mil quinientos años de historia. La ruta por el foso defensivo se puede iniciar desde varios puntos, pero si optas por empezar desde la Porte Narbonnaise y recorrer las lizas en sentido contrario a las agujas del reloj, las torres que iremos descubriendo de forma consecutiva son:

Tour du Trésau (La Torre del Tesoro)


Tour du Trésau
Torre del Tesoro. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

La primera gran estructura que te habrá llamado la atención, integrada en el flanco de la muralla interior, es la Tour du Trésau (también conocida como Tour du Treshaut, du Tresaut, de Tressan, du Trésor o Tour de la Cendrino). Se trata de una magnífica obra de finales del siglo XIII, caracterizada por su refinada estructura de piedra almohadillada. Construida para blindar las defensas de la puerta principal, su función táctica primordial consistía en impedir que el enemigo pudiera avanzar hacia el norte por el interior de las lizas.

Tour du Trésau
La Tour du Trésau protegía el flanco norte de la entrada principal

Su posición y envergadura eran puramente estratégicas: por el lado de la ciudad, con una fachada plana de treinta metros de altura y con un impresionante hastial escalonado de estilo flamenco, flanqueado por dos altas atalayas cuadradas y numerosos ventanales. Con unos impresionantes muros de cuatro metros de espesor y una planta redondeada por el lado de las lizas, esta torre dominaba por completo la campiña, la ciudad y la meseta circundante. Más allá de su cometido militar, la torre albergó en su día el Tesoro Real y, ya entrado el siglo XIV, se encargó de proteger los fondos del senescal. En su interior, la Torre del Tesoro se dividía en cuatro niveles diferenciados:

Tour du Trésau
La Tour du Trésau vista desde el interior del recinto amurallado de la Cité

·  Nivel inferior: Unas bodegas subterráneas y un piso excavado bajo el propio terraplén de la ciudad.
·   Segundo nivel: Situado casi a ras del suelo del recinto interior.
·   Tercer nivel: Una planta cubierta originalmente por un suelo de madera desmontable.
·  Cuarto nivel: El piso superior bajo el tejado, configurado como la última cámara de vigilancia y defensa bajo la estructura de la cubierta.

El camino de ronda no atraviesa la torre, sino que la rodea por el lado que da a las lizas. Como testimonio tangible de la profunda estratigrafía del lugar, en su base y a lo largo de la alta muralla interior todavía hoy se conservan claramente visibles los vestigios de las antiguas murallas galorromanas y no es el único lugar donde vamos a encontrar esas huellas.

Tour de Bérard


Tour de Bérard
A la derecha, en primer plano la Tour de Bérard y detrás la Tour du Trésau

A continuación, a la derecha, nos encontramos con la Tour de Bérard (también conocida como Tour de Barrar o Tour de Saint-Bernard), que marca el ángulo noreste mediante una inteligente dualidad arquitectónica: es redonda por el lado que mira hacia los fosos y de planta cuadrada en la fachada orientada hacia las lizas.

Muralla Exterior
Tour de Bérard (izda.) tras la de Bénazet; arriba, las torres de Trésau, Moulin du Connétable y Vieulas

En su interior, la torre contaba con dos niveles provistos de molduras diseñadas específicamente para sostener los pavimentos móviles. La parte superior estaba rematada por un almenado con su propio camino de ronda, mientras que el acceso al piso inferior se realizaba a través de una escalera en ángulo recto, estratégicamente defendida por cinco saeteras, manteniendo su sección superior abierta hacia el interior de las lizas para un control visual absoluto.

Tour du Moulin du Connétable (Torre del Molino del Condestable)


Tour du Moulin du Connétable
En el centro destaca la torre del Moulin du Connétable integrada en la muralla interior

Siguiendo el trayecto por las lizas, un poco más adelante a nuestra izquierda nos aguarda la Tour du Moulin du Connétable. Su denominación responde a que el condestable, el comandante de la compañía de los «Mortes-Payes» (los soldados encargados de la guardia y custodia permanente de la plaza), disponía de su alojamiento privado en este sector de la Cité. Esta torre destaca por ser un auténtico compendio arquitectónico que resume de golpe la compleja evolución milenaria de la Ciudadela de Carcassonne. Su perfil es un fascinante collage histórico: desde la piedra menuda en los cimientos galorromanos, el cuerpo de la torre que exhibe el característico aparato visigodo con hiladas alternas de ladrillo y piedra hasta la mitad de su altura. 

Tour du Moulin du Connétable
Tour du Moulin du Connétable, con su estructura ligeramente inclinada hacia la izquierda

Por encima de esta sección histórica se alza la fábrica medieval, que destaca por el empleo de grandes piedras talladas lisas y regulares, y por el almohadillado utilizado en la época de Felipe III el Atrevido, culminando en un camino de ronda almenado que fue rigurosamente restaurado en el siglo XIX. En su interior, la estructura esconde una original bóveda en forma de cúpula —muy similar a la que encontramos en las torres de la puerta del castillo—, la cual sirve de soporte para el primer piso. El nombre de la torre delata además su posterior e ingeniosa reconversión: esta formidable estructura defensiva fue aprovechada desde 1464 y adaptada para albergar y hacer funcionar un molino de viento, demostrando cómo la arquitectura militar de la fortaleza supo reinventarse a lo largo de los siglos.

Tour de Bénazet


Tour de Bénazet
En primer plano, la torre de Bénazet protege el flanco oriental de la muralla exterior

Continuando el trazado, mirando hacia la muralla exterior, la Tour de Bénazet presenta una planta circular cerrada en su parte posterior por un muro plano dotado de lucerna. Al igual que otros bastiones de este frente, interrumpe deliberadamente el camino de ronda para fragmentar el espacio táctico y aislar a los asaltantes entre dos puntos de fuego cruzado.

Tour du Vieulas


Tour du Vieulas
La inclinada Torre de Vieulas, cuyo nombre occitano alude a su carácter vetusto

Siguiendo nuestra ruta por la muralla interior, a la izquierda nos encontramos con la Tour du Vieulas (también conocida como Tour Vieusac). Esta estructura muestra con crudeza las consecuencias del violento asedio de 1240: sus cimientos fueron gravemente debilitados por las tácticas de zapa y excavación de los atacantes, lo que provocó una marcada inclinación hacia adelante que todavía hoy testimonia la brutalidad de aquel combate.

Tour de la Marquière


Tour de la Marquière
A la izquierda, la Tour de Notre-Dame; a la derecha, Tour de la Marquière

A poca distancia, su compañera, la Tour de la Marquière (o Tour de Marquié), nos presenta una situación análoga, aunque en su caso su acusada inclinación la orienta hacia la izquierda, tras sufrir los mismos ataques de penetración por los ejércitos enemigos. Ambas torres fueron completamente reedificadas en posición vertical durante el siglo XIII, mostrando en una sola construcción la herencia romana de la base, el desastre de la guerra medieval y la restauración gótica que hoy nos permite contemplar ambas estructuras en pie.

Tour de Notre-Dame (Torre de Nuestra Señora)


Tour de Notre-Dame
Tour de Notre-Dame en el centro, flanqueada por sus lienzos de muralla

Continuando con el recorrido, a la derecha encontramos la Tour de Notre-Dame (también conocida como Tour de Rigail, Tour de Rigual o Tour de Rigal). Concebida para blindar el acceso a la histórica Porte de Rodez, esta sólida estructura de planta semicircular combina un camino de ronda almenado con cadalsos y una batería de nueve saeteras, complementada por una poterna lateral que permitía un acceso directo y controlado hacia los fosos.

Porte de Rodez


Porte de Rodez
La Porte de Rodez flanqueada por la Tour de la Marquière a su izquierda

Situada estratégicamente entre la Tour de la Marquière y la Tour de Samson, la Porte de Rodez era el acceso principal del norte. Abierta originalmente en el recinto de los visigodos durante el siglo XII y profundamente reparada en el siglo XIII, esta entrada adquirió un protagonismo legendario al ser citada expresamente por el senescal Guillaume des Ormes en las crónicas del célebre asedio de 1240.

Porte de Rodez
Detalle del doble arco de medio punto de la Porte de Rodez

A diferencia de los grandes complejos monumentales como la Puerta Narbonnaise, esta abertura no contaba con dispositivos defensivos complejos propios en su estructura. Sin embargo, su seguridad dependía de un sistema exterior complementario, ya que estaba precedida originalmente por una obra avanzada con poterna que quedaba rigurosamente protegida bajo la vigilancia de la torre de la barbacana de Notre-Dame.

Tour de Samson (Torre de Sansón)


Tour de Samson
A la izquierda, la torre de Samson; a la derecha, la torre del Moulin d'Avar

Continuando nuestro recorrido, a la izquierda nos encontramos con la Tour de Samson, un bastión cuya reconstrucción parcial se ejecutó siguiendo rigurosamente el estilo visigodo original. Su sólida base cuadrada fue objeto de reparaciones durante la Edad Media y, en algunos tramos, aún se aprecian antiguos vestigios de construcciones visigodas. La torre carece de saeteras ya que este recurso defensivo se popularizaría siglos más tarde en la arquitectura feudal para disparar desde cubierto. Adosadas a esta fortificación, hacia el lado de la ciudad, se construyeron además algunas viviendas que completaban el entramado urbano de este sector de la Cité.

Tour du Moulin d’Avar (Torre del Molino de Avar)


Tour du Moulin d’Avar
En la parte superior derecha podemos ver la Tour du Moulin d’Avar

Siguiendo nuestro avance por el perímetro, llegamos a la Tour du Moulin d’Avar, un bastión de origen galorromano que fue cuidadosamente reparado en el siglo XIII. Al igual que ocurriera con otras torres de la fortaleza, funcionó como molino de viento ya entrado el siglo XIX. En el ángulo noroeste se oculta una curiosa poterna formada por imponentes bloques de piedra que, según los indicios, funcionaba probablemente como una de las puertas laterales del antiguo Castellum romano. Justo encima de esta poterna, sobre el almenado del lienzo de muralla, se alza un “montacargas” reconstruido que evoca de manera muy gráfica la intensa actividad logística de la fortificación.

Tour de Mouretis y Tour de la Glacière


Tour de Mouretis
Restos de la torre de Mouretis integrados en el recinto defensivo exterior

Las torres Tour de Mouretis (o Tour de Moretis) y Tour de la Glacière comparten un diseño cilíndrico coronado por un camino de ronda almenado y provisto de cadalsos. Su brillantez táctica radicaba en la independencia de sus niveles, separados por suelos de madera que podían retirarse o destruirse con rapidez si el enemigo lograba tomar una de las plantas inferiores, evitando así que el atacante avanzara hacia los pisos superiores.

Tour de la Charpentière (Torre del Carpintero)


Tour de la Charpentière
La torre de la Charpentière destaca en el ocaso, bañada por los tonos dorados del sol poniente

Continuando nuestro recorrido perimetral, también a la izquierda nos topamos con la Tour de la Charpentière (o Tour de la Charpenterie), cuya sólida base galorromana se eleva a unos dos metros sobre el suelo, firmemente sostenida por los trabajos realizados durante el siglo XIII. Su nombre actual guarda memoria de su antiguo uso y vecindad, ya que se hallaba junto a los talleres y almacenes de madera dedicados a la fabricación y mantenimiento de las defensas de la ciudadela.

Tour de la Porte-Rouge (Torre de la Puerta Roja)


Tour de la Porte-Rouge
Tour de la Porte-Rouge. Dibujo de Viollet-le-Duc recreado con IA

Mirando otra vez a la derecha, encontramos la Tour de la Porte-Rouge, que destaca por una magistral solución arquitectónica para vencer los desniveles del terreno. La estructura contaba con dos pisos inferiores fuertemente reforzados e independientes, comunicados entre sí por escaleras internas discretamente integradas en el propio muro; un diseño que permitía a los defensores mantenerse a salvo y organizar contraataques por sorpresa, incluso en el supuesto de que los niveles superiores o los tejados fueran inutilizados durante un asedio. 

Tour de la Porte-Rouge
La torre de la Porte-Rouge sirvió de modelo arquitectónico para las torres del recinto exterior

Al avanzar más allá de la Tour de la Porte-Rouge, nuestro recorrido por las lizas se aproxima al Castillo Condal (Château Comtal). Cabe mencionar que, para los visitantes que deseen completar su experiencia desde otro ángulo, el castillo ofrece varias opciones de itinerario (según la duración) para recorrer sus caminos de ronda elevados. Desde esta altura privilegiada, se puede disfrutar de excelentes vistas panorámicas que permiten divisar gran parte de las torres y puertas que hemos descrito a lo largo de este artículo y las que vienen a continuación.

Castillo Condal de Carcassonne
Vista de las torres defensivas del castillo a lo largo del flanco oeste de la muralla

Dicho esto, y dado que el Castillo Condal es el gran icono de Carcassonne y su principal atractivo turístico —la visita obligada de todo visitante—, y que ya cuenta en Planeta Dunia con un artículo propio exclusivo, he decidido no incluir en este texto la explicación detallada de las torres que lo protegen específicamente (la Tour de la Chapelle, la Tour de la Poudre, la Avant-porte del Château y la Tour Peinte). De este modo, retomamos nuestra ruta por las lizas, continuando hasta la siguiente torre de la muralla interior.

Tour de la Justice (Torre de la Justicia)


Tour de la Justice
La Tour de la Justice vista desde el nivel inferior de las lizas

La Tour de la Justice, erigida bajo el reinado de Luis IX sobre los restos de una antigua torre galorromana situada entre dos lienzos de muralla de la misma época, atesora una profunda carga histórica al haber sido sede de la Justicia del Rey y, posteriormente, del mismísimo Tribunal de la Inquisición. Más allá de su temible función judicial, la hermosa sala de su primer piso cumplía también cometidos puramente tácticos como puesto de guardia para vigilar las fortificaciones.

Porte de l'Aude (Puerta del Aude)


Porte de l'Aude
Aún son visibles los círculos concéntricos de la anamorfosis de Felice Varini creada en 2018

Antiguamente conocida como Porte de Toulouse, la Porte de l'Aude es el acceso principal del flanco oeste de la fortaleza, situada estratégicamente entre la Torre de la Justicia y la Torre Visigoda. Perforada originalmente en el muro visigodo durante el siglo XII, todavía conserva en su exterior el arco de medio punto, que por su aparejo y materiales fue característico de esa época. Justo a la izquierda de la puerta se alza un fascinante vestigio de la arquitectura civil de los siglos XI y XII: un antiguo edificio residencial cuyo muro exterior aún exhibe tres pequeñas ventanas ajimezadas, divididas por esbeltas columnillas de mármol con capiteles esculpidos.

Carcassonne
Varias rampas en zig-zag conducen a la Porte de l'Aude

Franquear esta puerta exigía superar un recorrido diseñado como una auténtica trampa para cualquier intruso. Los atacantes debían ascender por una rampa de fuerte inclinación que realizaba un giro en ángulo cerrado, obligándoles a desviar su trayectoria de forma abrupta. Este trayecto estaba implacablemente protegido tanto por la imponente Torre de la Justicia y la Torre Visigoda contigua como por la Gran Barbacana y el gran muro de enmascaramiento, recibiendo además la defensa cenital de los matacanes visibles desde el adarve o camino de ronda.

Porte de l’Aude
Detalle del matacán y el châtelet de la Puerta del Aude coronados con merlones

El acceso exigía superar una primera puerta en forma de simple barrera y una segunda puerta defensiva provista de almenas. Esta última estaba fuertemente custodiada por una robusta estructura transversal o châtelet que coronaba el paso con una plataforma y merlones, cuya base albergaba un vano que comunicaba directamente con las lizas del sudoeste. Aunque la puerta carecía de foso o puentes levadizos, el espacio comprendido entre ambas murallas quedaba protegido por todos los flancos, y este sector se sellaba herméticamente en tiempos de guerra.

Carcassonne
La Puerta del Aude quedaba protegida por todos los flancos

Las lizas a ambos lados también podían cerrarse por completo; la puerta superior, hábilmente abierta en un ángulo entrante, permitía un flanqueo defensivo devastador y estaba precedida por un pequeño puesto de control. En tiempos de guerra, este bastión exterior quedaba totalmente aislado, permitiendo únicamente las comunicaciones internas de la guarnición mediante el uso de tablones móviles colocados sobre ménsulas de piedra. Por su aspecto típicamente medieval y su imponente atmósfera, la Puerta del Aude ha servido de escenario para numerosos rodajes cinematográficos, entre los que destacan Los Visitantes (1993), Robin Hood: Príncipe de los ladrones (1991) y El hombre del Cadillac (1965).

Tour Wisigothe (Torre Visigoda)


Tour Wisigothe
La Tour Wisigothe desde el camino de ronda accesible en la visita al castillo

Continuando nuestra ruta por Carcassonne, nos encontramos con la Tour Wisigothe (también conocida como Tour du Four Saint-Nazaire —Torre del Horno de Sant Nazario—). Entre esta torre y la vecina Torre de la Inquisición se extiende un lienzo de muralla donde se distingue con total nitidez la confluencia de dos épocas constructivas bien diferenciadas: la fábrica galorromana junto a la Torre Visigoda, y la factura del siglo XIII junto a la Torre de la Inquisición.

Tour Wisigothe
Interior de la Tour Wisigothe

El punto exacto de separación entre ambas fábricas tiene una enorme relevancia histórica, ya que de esta línea divisoria partía originalmente el antiguo trazado del recinto galorromano de la antigua Carcaso que Felipe III el Atrevido mandó demoler para levantar el baluarte del suroeste que se conserva en la actualidad. Carcaso fue una etapa esencial y estratégica en la ruta comercial que unía Narbonne con Burdeos. Conquistada por los romanos en el año 122 a. C., la ciudad experimentó una notable prosperidad impulsada fundamentalmente por el comercio del vino.

Tour de l’Inquisition (Torre de la Inquisición)


Tour de l’Inquisition
Parte superior de la Tour de l’Inquisition (izda.) y de la Tour du Petit Canissou (dcha.)

Llegamos a la Tour de l’Inquisition, también llamada Torre redonda del Obispo, en cuyo interior se descubrió un sombrío calabozo provisto de un pilar central todavía guarnecido con sus cadenas originales. Entre esta torre y la Tour de Cahuzac se extiende el tramo de muralla que forma parte del gran saliente construido en 1280 por orden de Felipe III el Atrevido. Estos lienzos de muralla están provistos de magníficas saeteras abiertas bajo arcadas con asientos, diseñadas específicamente para combatir tanto en las lizas como en los caminos de ronda del recinto exterior. Un fascinante documento histórico permitió fechar con absoluta precisión esta sección de la muralla que formó parte del antiguo obispado. 

Recinto amurallado
Tour du Petit Canissou (izda., muralla exterior) y Tour de l’Inquisition (dcha., muralla interior)

En agosto de 1280, estando en París, el rey Felipe III el Atrevido concedió al obispo Isar (o Garsier, Gaucelm o Isarn) de Carcassonne el permiso para abrir cuatro ventanas enrejadas en el lienzo de muralla adosado al palacio episcopal. Eso sí, tras consultar al senescal y bajo la condición estricta de que debían ser tapiadas en tiempos de asedio. El acuerdo estipulaba además que el monarca financiaría los desagües para la evacuación de las aguas del obispado a través de la muralla, mientras el prelado conservaría el uso de los pisos de la llamada Torre del Obispo hasta las almenas.

Tour du Petit Canissou


Tour du Petit Canissou
A la izquierda, la Tour du Petit Canissou desde las lizas, y arriba a la derecha, la Tour de l'Inquisition

Continuando nuestro recorrido por el recinto, a la derecha veremos la Tour du Petit Canissou (también conocida como Tour du Petit Canitou o Tour du Petit Canillou). De planta semiredonda y cerrada en su base, esta torre destaca por contar con un camino de ronda y almenado en su primer piso. Su valor estratégico era fundamental, ya que su ubicación está concebida para comandar y vigilar de cerca la subida a la emblemática Puerta de Aude, asegurando el control sobre uno de los flancos más transitados y singulares de la fortaleza.

Tour de l’Évêque (Torre del Obispo)


Tour de l’Évêque
Sus torrecillas de observación permitían defenderse de ataques externos o internos

La Tour de l’Évêque (o de l’Évêché) es la única torre cuadrada que cruza transversalmente las lizas, interponiéndose entre los sectores norte y sur para seccionar por completo el paso por el corredor de las lizas. El acceso exigía forzar dos puertas y un pasaje protegido por dos matacanes interiores. Sus salas abovedadas quedaban reservadas para el uso exclusivo del obispo de Carcassonne, integrándose en el gran saliente fortificado construido por Felipe III el Atrevido, en 1280.

Tour de Cahuzac


Tour de Cahuzac
La Tour de Cahuzac vista desde el recorrido por la muralla interior

Continuando el trazado de las fortificaciones, nos detenemos a la izquierda ante la Tour de Cahuzac, que presenta una disposición arquitectónica singular y muy poco habitual en todo el recinto. A diferencia de otros bastiones, en esta torre el camino de ronda gira a su alrededor por completo y se encuentra totalmente resguardado bajo una estructura cubierta en forma de pórtico.

Tour du Grand-Canissou


Tour du Grand-Canissou
La Tour du Grand-Canissou desde el recorrido a pie por las lizas

Mirando hacia la derecha, encontramos la Tour du Grand-Canissou (también conocida como Tour du Grand Canitou o Tour du Grand Canillou), construida por orden de Luis IX. Junto a esta estructura se aprecian todavía los antiguos orificios de desagüe de la cloaca que Felipe III el Atrevido permitió que se construyera para evacuar las aguas del Palacio Episcopal a través de la muralla.

Tour Miprade


Tour Miprade
La Tour Miprade vista desde el camino de ronda

También conocida como Tour de Mi-Padre, Tour de Charlemagne, Tour de Durban o Tour du Coin (de la esquina), esta torre destaca por su completa distribución interior, que incluye dos pisos abovedados y dos pisos entre plantas; además, estaba equipada con una chimenea y un horno. La única puerta de acceso a esta torre, que no interrumpe el paseo amurallado, se encuentra situada en el lado este y estaba originalmente asegurada con robustos cerrojos y una barra empotrada en la pared.

Tour Miprade
Interior de la Tour Miprade, equipado con asientos de piedra para los turnos de guardia

Al igual que ocurre en las demás torres de este sector del recinto, el último merlón de la muralla se eleva en el punto exacto donde se une a la torre —allí donde se ubican las puertas—, y la última almena estaba provista de contraventanas diseñadas para proteger tanto a quienes entraban o salían como a los centinelas apostados en los accesos. Como detalle constructivo característico de este tramo, para pasar del camino de ronda a las torres casi siempre es necesario salvar unos pocos escalones, acompañando el trazado ascendente de las almenas.

Tour du Grand Brulas


Tour du Grand Brulas
Vista trasera de la Tour du Grand Brulas desde la muralla interior

Mirando hacia la derecha, encontramos la Tour du Grand Brulas (también conocida como Tour du Vent). Situada estratégicamente en la marcada esquina sudoeste de la muralla exterior, esta torre destaca por sus bastiones dotados de espolones salientes, un diseño defensivo concebido específicamente para desviar los impactos y proteger este ángulo especialmente vulnerable de la fortaleza que no contaba con defensas naturales.

Tour d’Ourliac


Tour d’Ourliac
Vista de la Tour d’Ourliac, una de las torres defensivas del recinto fortificado

A continuación, en el flanco derecho se alza la Tour d’Ourliac. Esta estructura fue diseñada específicamente con un sistema especializado para controlar el tránsito a lo largo de la fortificación, permitiendo seccionar e interrumpir el paso por el camino de ronda. Mediante unas puertas diseñadas estratégicamente, se bloqueaba el avance del enemigo y se protegía con mayor precisión uno de los puntos más vulnerables de este sector.

Tour du Moulin du Midi (Torre del Molino Sur)


Tour du Moulin du Midi
Tour du Moulin du Midi y el Théâtre Jean Deschamps

Situada a los pies del antiguo claustro, en el flanco izquierdo de la muralla, la Tour du Moulin du Midi es un bastión construido de forma retranqueada (está situada a una cierta distancia hacia atrás) respecto a la línea del almenado. Al igual que otras torres, también fue adaptada en su día como molino de viento. Como contraste fascinante entre la historia medieval y la vida cultural contemporánea, a los pies mismos de esta torre, se despliega el escenario del Théâtre de la Cité, conocido desde 2006 como Théâtre Jean Deschamps, un enclave emblemático que integra magistralmente las artes escénicas en el corazón de las piedras milenarias de la fortaleza de Carcassonne.

Tour Saint-Nazaire (Torre San Nazario)


Tour Saint-Nazaire
La Tour Saint-Nazaire, una de las pocas torres de planta cuadrada de la Cité

Al sur, el acceso principal es la imponente torre-puerta de Saint-Nazaire, uno de los enclaves más notables del conjunto fortificado y el punto de acceso inmediato a la basílica homónima, cuya construcción se prolongó entre 1096 y 1321. Este bastión de planta cuadrada funcionaba con total autosuficiencia gracias a sus recursos internos, albergando un pozo de agua que abastecía tanto a las lizas como al primer piso, además de un horno de pan que garantizaba la supervivencia de su guarnición durante los asedios.

Tour Saint-Nazaire
Puerta de acceso y saeteras en la parte inferior de la Porte de Saint-Nazaire

La puerta situada en la base y orientada hacia las lizas se abría de forma lateral, quedando hábilmente enmascarada por el saliente de una garita en ángulo. Su umbral se elevaba a más de dos metros sobre el nivel del suelo, obligando a utilizar escaleras o un plano inclinado de madera para poder entrar o salir. Una vez superado este primer obstáculo, el interior imponía un recorrido en diagonal que exigía girar en ángulo recto para franquear la segunda puerta, un paso estrecho e impracticable para la caballería que exclusivamente permitía el tránsito de infantería.

Tour Saint-Nazaire
La Tour Saint-Nazaire desde el camino de ronda, con sus característicos sillares almohadillados

Ambos accesos contaban con defensas independientes compuestas por rastrillos, matacanes y robustas hojas de madera. El mecanismo del primer rastrillo se accionaba desde la sala del primer piso, mientras que el segundo se manejaba directamente desde el camino de ronda, emulando la sofisticación técnica de la Puerta Narbonnaise. Al tratarse de uno de los puntos más elevados de la Cité, la cima de la torre estaba coronada por una plataforma provista de una doble línea de almenas y flanqueada por garitas. La Torre San Nazario estaba rematada por una atalaya destinada a la vigilancia lejana y diseñada específicamente para soportar el peso de un motor de guerra como un mangonel: un tipo de catapulta para lanzar proyectiles.

Tour Crémade (Torre Quemada)


Tour Crémade
A la izquierda, Tour Saint-Nazaire; a la derecha, la Tour Crémade

En nuestra ruta a pie llegamos a la Tour Crémade, que actúa como barbacana defensiva de la Poterna de Saint-Nazaire, vista anteriormente. Su amplio diámetro la convertía en un bastión idóneo no solo para la defensa, sino también para cubrir salidas estratégicas o protegerse de contraataques desde los flancos. Al igual que otras estructuras del recinto, esta torre carecía de techo y conectaba directamente con el camino de ronda, funcionando prácticamente como una prolongación lateral del mismo.

Tour Crémade
Interior de la Tour Crémade a la altura del camino de las lizas

Justo al lado de esta barbacana se encontraba una poterna: una puerta trasera baja y estrecha que daba a un foso poco profundo en ese sector. Su diseño incluía una medida de seguridad brillante para tiempos de asedio: podía cegarse con absoluta facilidad simplemente rellenando de tierra la empinada escalera que conectaba su umbral con las lizas. Como detalle de su astucia militar, la cercana Torre San Nazario estaba concebida de tal forma que resultaba completamente imposible para los atacantes situados fuera del recinto sospechar que el muro albergaba una poterna oculta.

Tour Saint-Martin (Torre San Martín)


Tour Saint-Martin
Vista de la Tour Saint-Martin desde el interior de la muralla

A continuación, en el flanco izquierdo, se alza la Tour Saint-Martin, que oculta a muy corta distancia una poterna vulnerable. Este bastión es similar a la Torre Miprade o la Puerta Narbonnaise, al quedar reforzado en su exterior por un espolón o proa saliente. Su distribución interior comprendía dos pisos abovedados y dos niveles intermedios con suelo de madera, elevándose airosa por encima del camino de ronda. A partir de este punto del recinto interior, los vestigios de las antiguas murallas visigodas reaparecen con claridad en las secciones inferiores de los lienzos de muralla y torres, prolongándose de forma ininterrumpida hasta la Tour de Saint-Sernin.

Tour Saint-Martin
Parte superior y tejado de pizarra de la Tour Saint-Martin desde el recorrido del camino de ronda

Toda esta vasta porción de la muralla fue profundamente reparada y reconstruida en parte por Felipe III el Atrevido, erigiéndose sobre los cimientos visigodos y romanos, evidenciando una vez más la superposición de épocas que define la arqueología de la Cité. Finalmente, en el lienzo de muralla que se extiende entre la Tour Saint-Martin y la Tour des Prisons se oculta una poterna que durante las profundas reformas del siglo XIII fue clausurada y transformada por completo en una simple saetera, sellando definitivamente una de las antiguas vías de paso de la fortificación.

Tour des Prisons (Torre de las Prisiones)


Tour des Prisons
De izda. a dcha.: Poterne de Razés, Tour Saint-Martin, Tour des Prisons, Tour Castéra y Tour Cautières

Avanzando hacia el tramo final que reconecta con el sector oriental, nos encontramos primeramente con la Tour des Prisons, que se alza sobre los cimientos de torres primitivas, presentando un diámetro notablemente más reducido frente a las torres monumentales del siglo XIII. Su arquitectura interior, de tan solo dos plantas, carece de bóvedas de piedra y se organizaba mediante sencillos forjados de madera sobre la mampostería visigoda. A partir del siglo XIV, algunas de las torres de la Cité se convirtieron en prisiones para encarcelar a ladrones, bandoleros y vagabundos, a los que seguirían cátaros y, dos siglos más tarde, encerrarían a los hugonotes.

Tour Cautières

Tour Cautières
Vista de la Tour Cautières en el frente defensivo de la muralla exterior

Actuando como protección de la Poterna de San Nazario encontramos la Tour Cautières (también denominada Tour Cautière o Tour Cautier). De planta amplia y abierta hacia el interior —una característica distintiva de las torres de la muralla exterior para evitar que, en caso de ser tomadas, el enemigo no pudiera refugiarse en ellas—, esta estructura conectaba directamente con el camino de ronda. Su posición era vital para garantizar que cualquier intento de aproximación a la poterna fuera detectado y batido inmediatamente.

Tour de Castéra


Tour de Castéra
Postal antigua restaurada con IA donde puede verse en primer plano a la izquierda, la Tour de Castéra

Continuando la ruta, a la izquierda se alza la Tour de Castéra, que destaca por sus singulares soluciones interiores para salvar las alturas y resolver los problemas de espacio: unas estrechas escaleras de caracol. Asimismo, este diseño introduce una singularidad funcional que condicionaba por completo el movimiento a lo largo de la fortificación, ya que estas torres interrumpen de forma abrupta la circulación continua del camino de ronda de los lienzos de muralla, obligando imperativamente a atravesar su interior para poder transitar de un paño de muralla al siguiente. En la postal antigua podemos observar algunas de las construcciones adosadas a la muralla a principios del siglo XX.

Tour Pouléto


Tour Pouléto
A la izquierda, Tour des Prisons; a la derecha, Tour Pouléto

A escasos metros encontramos una nueva torre, la Tour Pouléto (también conocida como Tour de la Pouloto o Tour Pauleto). Al igual que su vecina del lienzo de muralla, presenta un diámetro generoso y una planta abierta. Lo que hace a esta torre especialmente interesante es que se ha conservado el sistema de garitas (échauguette), elementos defensivos que sobresalían del muro y que permitían a los vigías controlar los fosos y las lizas con ángulos de visión prácticamente totales. Estas torres, junto con sus pasarelas de madera, creaban una red de vigilancia exhaustiva que hacía del sector suroeste un terreno extremadamente difícil para cualquier asaltante.

Tour du Plô


Tour du Plô
Postal restaurada con IA donde puede verse en primer plano a la derecha, la Tour du Plô

Siguiendo nuestro recorrido por las murallas, llegamos a la Tour du Plô. Este bastión ejemplifica a la perfección la superposición cronológica que define a gran parte de la fortaleza, ya que, en su parte inferior y orientada hacia las lizas, exhibe con claridad los vestigios de sus antiguos cimientos romanos. Sobre esta sólida base se alza el cuerpo de la torre de origen visigodo, el cual queda finalmente coronado y rematado por la fábrica y los elementos constructivos propios del siglo XIII.

Tour de Balthazar (Torre de Baltasar)


Tour de Balthazar
Atardecer frente a la Tour de Balthazar

La Tour de Balthazar fue la única torre reconstruida íntegramente por orden de Felipe III el Atrevido. Esta intervención dotó a la estructura de un espesor considerable y de un marcado espolón saliente en su cara exterior. Su altura no fue fruto del azar, sino una necesidad funcional imperativa: debía elevarse lo suficiente para dominar visual y defensivamente la Tour de la Vade; un torreón avanzado y absolutamente independiente que tenía la misión de controlar la meseta que se extiende frente a este sector de la fortaleza.

Tour de Balthazar
Vista de la Tour de Balthazar desde la Rue du Plô

En la cara del muro que mira hacia el interior de la ciudad, durante mucho tiempo hubo viviendas adosadas. Además, en el ángulo derecho del lienzo de muralla que conecta con la propia Torre de Baltasar, se abre una poterna que facilitaba la comunicación directa con esa defensa externa que es la Tour de la Vade, permitiendo el despliegue de tropas entre ambos baluartes.

Tour de la Vade


Tour de la Vade
Tour de la Vade. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Llegamos a uno de los enclaves más fascinantes del recinto: la Tour de la Vade (también conocida como Tour du Papegay). Aunque técnicamente pertenece a la muralla exterior, esta estructura funciona como un baluarte avanzado totalmente independiente, diseñado para dominar por completo toda la meseta oriental que, antes del reinado de Luis IX, albergaba un próspero suburbio. Su interior se organiza en tres plantas espaciosas cubiertas por bóvedas de ojiva, cuyas claves estaban delicadamente adornadas con figuras esculpidas de época medieval.

Tour de la Vade
A la izquierda, Tour de la Vade; a la derecha, Tour de la Peyre

Más que una simple torre, era un verdadero mini-bastión autosuficiente que contaba con su propio pozo de agua y un horno para cocer pan, garantizando la independencia logística de la compañía de soldados del rey formada por doscientos veinte hombres. Para asegurar el enlace con el corazón de la fortaleza, la torre conectaba con una poterna ojival equipada con rastrillo, la cual es visible en el ángulo oeste de la cercana Torre de Baltasar.

Tour de Davejean


Tour de Davejean
Postal restaurada con IA donde puede verse en primer plano a la izquierda, la Tour de Davejean

La Tour de Davejean (también conocida como Tour de Davejan, Tour de Dabéja o Tour de Daréja) se erige sobre una impresionante subestructura romana compuesta por grandes bloques de piedra perfectamente encajados y carentes de mortero. Originalmente, este zócalo debió soportar una torre de planta cuadrada, pero los visigodos, buscando una forma más robusta, decidieron adaptar la construcción golpeando las aristas salientes con mazas hasta redondear la mole, que se conserva hoy como un macizo compacto de mampostería.

Tour de Davejean
Atardecer frente a la Tour de Davejean

Al examinar las elevaciones realizadas durante el siglo XIII, se aprecia la astucia de los ingenieros medievales en su diseño. Estos dotaron a la parte cilíndrica exterior de una gran espesura para garantizar la resistencia defensiva, mientras que, en el lado orientado hacia la ciudad, donde la torre se cierra con un piñón, los muros presentan un grosor sensiblemente menor. Esta diferencia de dimensiones respondía a una necesidad pragmática: liberar el máximo espacio interior posible para alojar con comodidad los puestos de vigilancia y a la guarnición.

Tour Saint-Laurent (Torre de San Lorenzo)


Tour Saint-Laurent
Postal antigua restaurada con IA donde puede verse en primer plano la Tour Saint-Laurent

La Tour Saint-Laurent es otro de los bastiones que evidencia la larga ocupación y transformación del recinto amurallado de Carcassonne. De origen galorromano, esta estructura fue objeto de reparaciones y adecuaciones durante el siglo XIII, integrándose así en las labores de fortalecimiento y modernización que caracterizaron las campañas constructivas de esa época en toda la fortificación, adaptando las bases milenarias a las exigencias defensivas medievales. En la postal antigua de la parte superior, puede verse algunas de las viviendas que durante años ocuparon las lizas de Carcassonne.

Tour de la Peyre


Tour de la Peyre
Tour de la Peyre en la muralla exterior de la Cité, concebida para el control táctico de las lizas

La última torre a la derecha que encontramos en el perímetro defensivo del recinto exterior es la Tour de la Peyre (o Tour de Lapeyre). Esta estructura se encontraba casi intacta —a excepción del tejado— antes de las restauraciones decimonónicas realizadas por Eugène Viollet-le-Duc. Al igual que el resto de las torres de este recinto exterior, su parte superior estaba abierta hacia el interior de la ciudad para evitar que pudiera ser utilizada como bastión hostil si caía en manos enemigas, permitiendo a la guarnición mantener el control absoluto desde la pasarela superior.

Carcassonne Vintage
Postal antigua restaurada con IA donde se ve la estructura entre las torres Saint-Laurent y Trauquet

Entre la Torre de San Lorenzo y la Torre de Trauquet se alza una construcción saliente que albergaba originalmente una escalera de madera, concebida para descender hacia una vasta red de pasadizos subterráneos. La salida exterior de este complejo sistema se sitúa junto a la Torre de la Peyre, exactamente al nivel del fondo del foso. Esta poterna desempeñaba una función táctica de enorme relevancia, al permitir poner los caminos de ronda superiores en comunicación directa y fluida tanto con las lizas como con el exterior. En el ángulo de la Torre de la Peyre se abre una amplia sala subterránea abovedada con capacidad suficiente para acuartelar a cerca de cuarenta hombres armados.

Tour de Trauquet


Tour de Trauquet
Tour de Trauquet vista desde el puente levadizo de la Puerta de Narbonne

La Tour de Trauquet comparte idénticas disposiciones constructivas y arquitectónicas que las torres de Prisons, Castéra, Plô, Davejean y San Lorenzo. Responde a esa tipología tradicional de torres de menor diámetro que se levanta sobre cimientos primitivos, prescindiendo de bóvedas de piedra y estructurándose mediante sencillos forjados de madera. Sus escaleras de caracol interiores que ocupaban un espacio considerable— condicionaban la circulación, ya que obligaban a interrumpir el paso continuo del camino de ronda para atravesar obligatoriamente el interior de la torre antes de alcanzar el siguiente paño de muralla.

Tour de Saint-Sernin (Torre de San Saturnino)


Tour de Saint-Sernin
Ventana ojival del siglo XV en la Tour de Saint-Sernin

La Tour de Saint-Sernin (o Tour du Sacraire de St. Sernin) hunde sus raíces en la época galorromana y destaca por haber formado parte del ábside de la antigua iglesia parroquial de Saint-Sernin, demolida en 1793. En su estructura sobresale una elegante ventana ojival abierta en el siglo XV para dotar de mayor luminosidad al templo. Su configuración, integrada en la torre circular, sugiere una fascinante hipótesis histórica: al tratarse del templo más antiguo de la Cité, este espacio pudo albergar la capilla del castillo original anterior a la reforma del siglo XIII, precisamente en el emplazamiento donde hoy se yerguen las torres de la Puerta Narbonnaise. En esta torre finaliza nuestra ruta por las lizas de Carcassonne; es el momento de adentrarnos en la ciudadela.

Rue Cros-Mayrevieille


Película de realidad virtual de VrShow
Joven con gafas de realidad virtual. © Vincent Photographie. Gentileza de la Oficina de Turismo 

La Rue Cros-Mayrevieille es una de las calles más transitadas y turísticas de Carcassonne; aquí encontrarás establecimientos de toda clase de venta de recuerdos, helados, galletas, cosmética, ropa, etc. También se encuentra aquí la Oficina de Turismo de Carcassonne de la ciudad medieval. Además de servir de orientación y de ayuda, encontrarás en su interior la película de realidad virtual: ¡Carcassonne, qué historia!

¡Carcassonne, qué historia!
Fotograma de la película de realidad virtual de VrShow. Gentileza de la Oficina de Turismo

Te será imposible quedarte quieto en la silla; gracias a unas gafas de realidad aumentada podrás ver lo que ocurre delante y detrás de ti, sin olvidar lo que viene por tu lado o por encima. Formarás parte de la construcción de las murallas de Carcassonne o quedarás atrapado en medio del asedio, una experiencia perfecta para quienes quieran vivir la historia de Carcassonne. ¿Estás list@ para seguir visitándola? 

Rue Cros-Mayrevieille
Rue Cros Mayrevielle, dedicada al historiador que impulsó la salvación de la Cité

Si subes desde la Porte Narbonnaise por la calle principal de la Rue Cros Mayrevielle, llegarás hasta la barbacana del castillo condal, pero si dispones de tiempo, es decir, vas a estar más de un día en Carcassonne, te recomiendo que te desvíes a mano izquierda por la Rue St. Sernin, hasta llegar a la Place Marcou. No te olvides de buscar con la mirada la parte posterior de la Porte Narbonnaise.

Place Marcou


Place Marcou
Fuente con el busto de Théophile Marcou en la Place Marcou

En el corazón de la Place Marcou, aunque es una plaza muy turística llena de restaurantes y terrazas donde tomar algo, se levanta el monumento dedicado a Théophile Marcou, el alcalde que, en 1872, transformó para siempre la Cité al instalar su primera red de distribución de agua corriente. Su monumento, obra del escultor Théophile Barrau, fue inaugurado en 1901 y consta, en cada cara del pedestal, de una fuente de cuatro pilas semicirculares decoradas con mascarones. Remata el conjunto el busto en bronce de Théophile Marcou

Los pozos milenarios de la Cité


Place du Petit Puits
El pozo medieval del Petit Puits (siglo XIV) tiene más de 21 metros de profundidad

Carcassonne es una excelente ciudad para callejear y adentrarnos en los rincones más pintorescos de la Cité, por ejemplo, hasta la Place du Petit Puits. Este rincón alberga un pozo modesto que formaba parte del sistema de abastecimiento cotidiano de la ciudad y nos recuerda la importancia crucial del agua para la subsistencia. Siguiendo nuestro paseo por este entramado de callejuelas —saliendo del castillo a mano izquierda y recorriendo la rue Viollet-le-Duc— alcanzamos la Place du Grand Puits, donde se localiza el hermano mayor de este sistema hídrico.

Place du Grand Puits
En la Place du Grand Puits se encuentra el pozo más antiguo de la Cité

Considerado el pozo más antiguo de la Cité, su imponente bordillo de piedra se remonta al siglo XIV, mientras que las elegantes columnas y la característica herrería que lo coronan son ya aportaciones del Renacimiento. Sobre este emblemático pozo gravita además una fascinante leyenda popular que asegura que en sus profundidades se oculta un fabuloso tesoro. Un mito tan extendido que provocó que, en el año 1910, se llevaran a cabo excavaciones arqueológicas con la esperanza de dar con el botín; sin embargo, las pesquisas resultaron por completo infructuosas, dejando el misterio reducido al encanto del relato.

El Campamento Medieval de Carcassonne


Campamento Medieval de Carcassonne
El trovador Kaami te explicará algunas de las particularidades de vivir en el medievo

Hablando de encanto, en el 27 de la rue du Plô encontrarás un espacio didáctico y gratuito para sumergirte de una forma muy divertida en la vida medieval. Se trata de un Campamento Medieval donde encontrarás media docena de tiendas (de ahí lo de campamento) con escenas que explican temas tan interesantes como la higiene, la medicina, la música y los trovadores, pasando por los torneos, las armas y la guerra, entre otras facetas de la vida cotidiana en la Edad Media. Puedes leer el artículo completo dedicado al Campamento Medieval de Carcassonne, en el blog de viajes de Planeta Dunia.

La Basílica de Saint-Nazaire


Basílica de Saint-Nazaire
Transepto norte, catedral de Saint-Nazaire. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Tal y como le ocurrió a Stendhal y él mismo dejó escrito, la sorpresa dio paso a un deleite absoluto cuando, mientras vagaba sin rumbo por las callejuelas de la Cité, preguntó por la iglesia y «una joven de hermosos ojos me condujo hasta ella». El propio escritor dejó constancia de su asombro: «Quizás nunca antes había sentido con tanta intensidad la encantadora elegancia del estilo gótico». La actual Basílica de Saint-Nazaire —catalogada como monumento histórico desde 1840 y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1997— es un magnífico ejemplo de coexistencia armónica entre dos estilos arquitectónicos radicalmente diferenciados: el lado izquierdo corresponde a la sobria nave románica, mientras que el derecho acoge el crucero y la imponente nave gótica.

Una doble alma: Del románico austero al gótico radiante


Basílica de Saint-Nazaire
El flanco sur exterior de la basílica de Saint-Nazaire destaca por su arquitectura gótica

Los cimientos del templo hunden sus raíces en los albores del milenio. El primer documento auténtico que menciona la iglesia data del año 925, aunque fue el 12 de junio de 1096 cuando el papa Urbano II visitó Carcassonne para bendecir la primera piedra del edificio románico. De esta etapa primigenia se conservan la cripta —el vestigio más antiguo, que corresponde al ábside original— y la imponente nave románica de la primera mitad del siglo XII, caracterizada por sus robustas bóvedas de cañón y sus pilares alternos coronados con capiteles esculpidos.

Basílica de Saint-Nazaire
El coro gótico de la basílica destaca por su gran altura y la luminosidad de sus vidrieras medievales

Sin embargo, el contraste estalla al alzar la vista hacia la cabecera. A finales del siglo XIII, en plena efervescencia tras la conquista de la ciudad por los cruzados y el dominio real, el obispo y el cabildo impulsaron la ampliación del templo. A pesar de la estrechez del terreno, en 1269 obtuvieron el permiso para invadir la vía pública y levantar un imponente coro gótico. Construido a partir de 1275 bajo las directrices del gótico radiante, este espacio deslumbrante hizo que la iglesia fuera bautizada popularmente como «la Sainte-Chapelle del Sur».

Basílica de Saint-Nazaire
Antigua catedral de Saint-Nazaire. Fotografía de Gustave Le Gray (1851)

Sobre esta dualidad arquitectónica, Stendhal sentenció con absoluta precisión: «El coro de Saint-Nazaire —nombre de la iglesia, según supe una hora más tarde por un sacerdote de Saint-Vincent—, o más bien el interior de dicho coro, es una obra maestra del gótico elegante, realzada por el trasfondo románico de la nave».

Un relicario de luz, color y música


Basílica de Saint-Nazaire
Rosetón sur presidido por el Cristo en Majestad rodeado por los símbolos de los cuatro evangelistas

Al no poder desarrollar un deambulatorio clásico con capillas radiales debido a las limitaciones del espacio, el maestro de obras diseñó un transepto coronado por un gran ábside y seis capillas contiguas. Sus muros, ahuecados y reforzados con tirantes metálicos, otorgan al conjunto una transparencia excepcional, rematados por estructuras ojivales coronadas con una delicada balaustrada perforada de hojas lanceoladas y lóbulos redondeados, bajo cuyos cornisones desfila una expresiva fila de modillones esculpidos con cabezas de temática variada.

Basílica de Saint-Nazaire
Detalle de la vidriera del Árbol de la Vida con la representación de Adán y Eva

Este auténtico relicario de vidrio alberga algunas de las vidrieras más bellas del sur de Francia, que narran la historia de Cristo, de San Pedro y San Pablo, de los patronos locales y muestran la excepcional representación del Árbol de la Vida con Adán y Eva como protagonistas. Muy pocos saben que estas impresionantes vidrieras sirvieron de valiosa prueba técnica para realizar con posterioridad los grandes vitrales de la catedral de Notre-Dame de París. El interior se completa con uno de los órganos históricos más importantes de la región de Occitania.

Basílica de Saint-Nazaire
Rosetón norte presidido por la Virgen María con el Niño rodeada por ángeles y santos

A lo largo de los siglos, el templo ha cambiado de rango y funciones: constituyó el corazón del barrio episcopal y actuó como catedral de la diócesis hasta que, en 1801, perdió dicho estatus en favor de la iglesia de Saint-Michel, situada en la Bastida. Casi un siglo después, en 1898, el papa León XIII le concedió el título honorífico de basílica. Como sede episcopal, el templo de Saint-Nazaire conserva en su interior las tumbas de tres de sus obispos: Pierre de Rochefort, Guilhem Razouls y Gérard du Puy.

La salvación de la ciudadela


Basílica de Saint-Nazaire
Virgen con el Niño (izda.) y La Piedad de la Capilla de Santa Ana (dcha.)

El templo que hoy admiramos con tanta fascinación estuvo a punto de perderse para siempre. A mediados del siglo XIX, la iglesia se encontraba en un estado ruinoso y alarmante. Fue la meticulosa y titánica labor de restauración de la iglesia dirigida por Eugène Viollet-le-Duc, a partir de 1844, la que devolvió el esplendor a sus muros. Su intervención fue la clave que desató el reconocimiento general de la importancia de salvar la Cité de Carcassonne y dio inicio a su recuperación monumental íntegra.

Basílica de Saint-Nazaire
Campanario gótico de la Basílica de Saint-Nazaire

Hoy en día, con entrada libre y gratuita, visitar Saint-Nazaire permite conectar con la historia viva de Carcassonne. Eso sí, al terminar el recorrido es fácil comprender el estado físico con el que el célebre escritor cerraba su crónica de viaje, recordándonos el esfuerzo que implica patear cada rincón de esta fortaleza: «Este relato habría sido profundamente conmovedor de haberlo escrito allí mismo, en Saint-Nazaire; pero estoy agotado, extenuado, empapado en sudor, y hace frío».

La casa más bonita de Carcassonne


La Cité
Casa medieval con entramado de madera y cuerpo en voladizo en la Place Auguste Pierre Pont
Frente a la basílica de Saint-Nazaire, en la Place Auguste Pierre Pont, se encuentra mi rincón favorito de la Cité, la que considero, sin duda, la casa más bonita de Carcassonne. Con una silueta singular y atípica, caracterizada por un cuerpo superior en voladizo que sobresale a ambos lados y su estructura de madera, a modo de maison à colombages, en los laterales. Este edificio, que desprende un encanto único a Edad Media, antaño albergó el restaurante Chez Saskia, y hoy acoge la tradicional Boulangerie de la Cité. Desde este rincón entrañable, retomamos nuestra ruta por las bulliciosas Rue Saint-Louis y la Rue de la Porte d'Aude —plagadas de terrazas y comercios que invitan a detenerse— hasta desembocar finalmente en la animada Place du Château.

Place du Château


Place du Château
Monumento a Jean-Pierre Cros-Mayrevieille

El monumento con busto situado en la Place du Château está dedicado a Jean-Pierre Cros-Mayrevieille, el ilustre historiador, arqueólogo natural de Carcassonne cuya labor fue absolutamente decisiva para evitar que la fortaleza fuera borrada del mapa. Cros-Mayrevieille fue el gran pionero que, junto al inspector de monumentos históricos Prosper Mérimée, luchó con ahínco en el siglo XIX para paralizar la orden de demolición que pesaba sobre la Cité, logrando que el conjunto fuera catalogado oficialmente como monumento histórico.

Monumento a Jean-Pierre Cros-Mayrevieille
Detalle del friso circular en relieve que representa la Ciudadela de Carcassonne

Sin su persistencia y sus detallados estudios sobre el valor arquitectónico de las murallas, la restauración que posteriormente acometió Eugène Viollet-le-Duc jamás habría tenido lugar. El monumento a Jean-Pierre Cros-Mayrevieille de 1911 consta de una columna que sostiene un busto de bronce esculpido por Jean Rivière. Como detalle de gran valor simbólico, la estructura está rodeada por un friso en relieve que dibuja una panorámica circular de las propias murallas de la ciudadela, diseñado por el arquitecto y restaurador Paul Boeswillwald.

Castillo de Carcassonne
Visitantes cruzando el puente de piedra hacia el imponente Castillo Condal de Carcassonne

Y ahora ya sí, tras este apasionante recorrido por la Cité de Carcassonne, estamos listos para visitar el Castillo de Carcassonne, el broche de oro que te invito a descubrir en detalle en el artículo publicado en el blog de viajes de Planeta Dunia: Castillo de Carcassonne: Recorrido de la visita

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