30 enero 2009

País Bissa



A 80 Km. al sudeste de Ouagadougou, la capital de Burkina Faso, en la provincia del Boulgou, se encuentra la región llamada País Bissa o Busanga como es conocido entre sus vecinos los Mossi, la etnia mayoritaria del país.





La carretera asfaltada nos acompaña la mayor parte del trayecto, por delante nos quedan 209 Km. los más bellos que mis ojos han recorrido en mucho tiempo. El cielo en África es más inconmensurable, más “grande”, nítido y cercano, que en cualquier parte de los que he estado. La carretera se convierte en una recta línea roja de tierra, a ambos lados se extienden inmensos campos verdes de plantaciones de mijo y árboles inmensos, estamos en época de lluvias y el paisaje es exuberante.


Durante todo el recorrido, nuestro guía Yabre, nos irá explicando y enseñando diferentes tipos de vegetación, de frutas de nombres impronunciables, que amenizarán los trayectos largos y que nos dará la oportunidad de probar, multitud de frutos salvajes y conocer curiosas historias: como la de la receta mágica, para mejorar a los enfermos de malaria, haciendo vapores con hojas de eucalipto, hojas de guayaba y hojas del árbol de karité.



Entre la población de Banka y Massanga nos detenemos a ver una pequeña aldea Mossi, las mujeres están trabajando en el huerto, normalmente cultivan sorjo con el cual fabrican la cerveza tradicional, evitando que sus maridos se pasen el día en el bar bebiendo.



En las pequeñas ciudades como Kokologo y Boromo, los mercados son alegres y multicolores, las leyes de la oferta y la demanda no tienen gran importancia, lo que importa son las noticias, lo que se comenta, informarse de lo que acontece. Es en estas ciudades. y sobre todo en sus pequeñas aldeas de chozas de barro y paja, donde se pueden descubrir las costumbres de esta etnia que, allá por el siglo XII, se convirtió en un imperio, de la mano del legendario guerrero Ouédragogo.

Los Bissa representan sólo el 4% de la población total de Burkina Faso, aunque también los podemos encontrar en el norte de Ghana y en Togo. Su religión es el animismo y su idioma el Mande, una lengua hablada por diversas etnias en África Occidental. En sus poblados, las casas se disponen alrededor de un patio central, donde el Naaba; el jefe del poblado, imparte justicia y ejerce de intermediario entre los vivos y los ancestros.


La actividad económica se basa principalmente en el cultivo del maíz y cacahuete, de lo que se encargan mujeres y niños, mientras los hombres permanecen en los poblados o cuidan las incipientes plantaciones que se encuentran en sus inmediaciones. Los niños también juegan, pero sobretodo trabajan, ya sea moliendo mijo o cuidando de las cabras, ovejas y vacas de la familia, las mujeres trenzan sus sofisticados peinados, lavan cacharros en las orillas de los ríos, acarrean palanganas, cubos, cestos en su cabeza e hijos a sus espaldas, cultivan el huerto familiar, venden, cocinan, extraen el agua del pozo, son la fuerza, el color, el espíritu de África.



En el Mercado de Sakoulga, nuestra primera incursión a un mercado africano, es impresionante, se vende mijo blanco, mijo rojo, carne de burro, carne de cerdo, nueces de karité. Acostumbradas a los mercados asiáticos donde el color lo dan los productos expuestos, nos apasiona ver que en los mercados africanos quien da color y vida son sus bellísimas mujeres y sus espectaculares ropas.

Pasamos por Gogo y Gom-Boussugou y a las 15 h. llegamos al Mercado de Dendeogo, cercano a la aldea donde dormiremos esta noche. Los niños nos persiguen, las mujeres cuchichean y sonríen, algunos se acercan a saludarnos, nos dan la mano y nos preguntan cómo estamos, nos entendemos en francés.


El guía se acerca hasta un grupo de hombres que están bebiendo cerveza tradicional, nos invitan a un trago con una calabaza que ocupa nuestras dos manos abiertas, parece como si algún jefe de clan estuviera por allí, porque nos dan permiso para hacer fotografías.

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