06 julio 2016

Las mujeres detrás del velo son como tú y como yo

Yemen
Mercado de pescado de Hodeidah

La tarde del 12 de agosto del 2006 iba a marcar, para mi hermana y para mí, el resto de nuestras vacaciones y del viaje al Yemen. Por la mañana habíamos visitado el pintoresco mercado de pescado de Hodeidah y nos habíamos aprovisionado de algunas bolsas de galletas locales. Pusimos rumbo en dirección a las Montañas de Haraz. Tras visitar la maravillosa población de Al Hajjarah, enclavada a 3.000 metros de altura, llegamos a Manakha a la hora de comer.

Casa yemenita
Casa en Kahel (Jabal Haraz)

Tras una frugal pausa emprendimos el trekking por Jabal Haraz; la tercera montaña más alta del país. Las pequeñas aldeas quedaban diseminadas entre grandes terrazas de cultivo, fue en una de aquellas terrazas que encontramos a un grupo de mujeres y varios niños. Todos observaban con atención nuestra llegada y el deambular por aquel bello rincón de unas mujeres con pantalones y botas de montaña.

Hablar en el idioma del lugar te abre puertas
Saludamos con un efusivo “ahalan” -con acento español por supuesto- a dos mujeres tapadas por completo con velo negro y con apenas una rendija a la altura de los ojos. Tras una docena de días en Yemen, ya nos habíamos acostumbrado a adivinar sus expresiones faciales a través de la mirada. Se acercaron a mi hermana y a mí, y como ya va siendo habitual en cada viaje que hacemos, comenzaron a hablar en su idioma como si las entendiéramos. Tras la primera sorpresa de nuestra básica comprensión de árabe, entablamos una conversación entre gestos y palabras en varios idiomas hasta que poco a poco se fueron añadiendo más mujeres y un montón de niños que seguían tan interesante este acercamiento intercultural.

Yemen
Momento fotografiando el huerto

Tras miradas furtivas, sonrisas de los más pequeños y algo de revuelo, una de las mujeres señaló con un gesto firme y decidido hacia uno de los bancales donde crecían árboles y arbustos. Entendimos que era su huerto y como hasta el momento cuando alguien nos señalaba algo era para que lo fotografiáramos pues ya me veis a mí apuntando con la cámara al huerto. Tras parecerles cómico mi gesto, la mujer se dirigió a uno de los niños y tras decirle algo, el chaval se apresuró a traernos varios higos chumbos.

Son muchos los pensamientos que nos atacaron en ese momento ¿nos los están enseñando? ¿nos los están ofreciendo? Tras intercambiar impresiones y dudas con mi hermana referente a este amable gesto. La mujer al ver que no reaccionábamos, se puso a pelarlos delante de nosotras y como aquél que se sabe mimado, dimos buen acopio de aquellos sabrosos frutos de pie, en mitad de las montañas del Yemen y rodeadas de miradas sonrientes.

Casa en Yemen
Casa en las Montañas de Haraz

Entonces fue cuando recordé que unas horas antes nos habíamos aprovisionado de galletas y las saqué de mi mochila para compartirlas con ese pequeño grupo familiar yemenita que se divertía viéndonos “merendar”. Recuerdo que nadie se apresuró de forma desmedida, ni a coger, ni a comer aquellas galletas que llegaban de imprevisto a aquella apartada aldea. Todos se aseguraron de que había para todos y disfrutaban porque todos comían. Hoy al poner por escrito estas palabras, no puedo evitar recordar la guerra en Yemen y los años que llevan los medios de comunicación diciéndonos que son países peligrosos.

Como cuando nos toca despertar de un bonito sueño, Khaled el guía, se acercó para decirnos que debíamos irnos. Las mujeres le preguntaron por lo que acababa de decir, ya que nos lo había dicho en español, pero él era yemenita. Tras decirles en árabe que debíamos irnos, le pidieron con insistencia y gran alegría algo en árabe que nosotras desconocíamos, tras un intercambio de frases entre las mujeres y el guía nos enteramos que nos estaban invitando a su casa. Al principio creíamos que era una de esas formalidades que se dice a los viajeros: “la próxima vez mi casa, será tu casa”, “vuelve cuando quieras”... pero tras la insistencia de las mujeres, Khaled nos dijo que querían enseñarnos dónde vivían y que era un orgullo para ellas que dos extranjeras fueran sus invitadas.

Momento ¡vamos a visitar una casa en Yemen!

Tras poner unos ojos como platos y empezar a notar como nuestro interior saltaba de júbilo por la oportunidad, el entusiasmo fue “in crescendo”. Vinieron los diferentes pros y contras de la situación, Khaled se convirtió en padre protector y benevolente y tras varias combinaciones posibles, decidió dejarnos uno de los jeeps con un chófer esperando en la puerta, mientras nosotras visitábamos una auténtica casa yemenita.

Cómo es una casa yemenita
La mayoría de las casas construidas en las montañas en Yemen, son a base de bloques de piedra lo que le confieren un aspecto de fortaleza. Tras enseñarnos las estancias de la planta baja destinadas a los animales, el forraje y a las herramientas, subimos a la primera planta donde una gran sala con el suelo cubierto de alfombras permanecía como la más iluminada. Cojines alrededor de las paredes aseguraban un lugar para todos los miembros de la familia.

La vida privada de Yemen
Interior de una casa-museo

Nos hicieron sentarnos mientras el grupo de mujeres hablaban animadamente y una de ellas se iba a preparar algo a la cocina. Cuando regresó llevaba una bandeja en sus manos con una gran tetera ennegrecida por el fuego y un buen puñado de vasos para todos. Fue en ese momento, en la intimidad de su hogar cuando todas las mujeres se quitaron el velo y pudimos ver la belleza de la mujer yemenita. Rostros de piel fina como la mismísima Reina de Saba resplandecían de sincera alegría al sabernos con ellas y mostrarnos su expresión facial. Y mientras recuerdo paso a paso aquel día, escribo con los pelos de punta y lágrimas en los ojos.

Los minutos se aceleraban a un ritmo vertiginoso, mientras nuestra mirada y curiosidad descubrían todo ese cofre secreto de intimidad yemenita. Uno de los pequeños puso la radio y todos nos pusimos a bailar, entre risas y árabe que prácticamente no entendíamos. Tras sudar la camiseta, seguimos con la visita por aquella vivienda de cuatro pisos. Una rudimentaria cocina, una habitación decorada con estantes de yeso, una terraza con vistas agradables. Todos querían enseñarnos algo; una maceta, un fogón, un cuadro, eran unos guías hiperactivos de un museo único y fascinante que era real. 

Lo que verdaderamente importa
Lo más importante en Yemen es ...

Cuando ya decidimos que era hora de despedirnos, todos estuvieron de acuerdo que faltaba enseñarnos lo más importante del lugar, algo de lo que no podíamos correr el riesgo de perdernos -al menos eso es lo que interpretábamos nosotras-. ¿Qué sería lo más importante de enseñarnos en Yemen? Muchos pensarán ¿misiles?, ¿tanques?, ¿cinturones de explosivos? Estábamos a punto de saberlo, bajamos intrigadas hasta la planta baja, salimos a un pequeño corral y tras una valla, allí estaba: ¡su vaca!. También había un señor mayor que cuidaba del animal, pero tardaron en presentárnoslo. ¿Os imagináis lo importante que debía ser esa vaca para ellos? Que se olvidaron del abuelo hasta que no hicimos una fotografía a la vaca.

El chófer que nos esperaba pacientemente en la puerta, nos tradujo la última frase de la familia: - “cuando volváis al Yemen, podéis venir a casa”. Estoy segura que esta es la invitación más sincera que he recibido en cualquiera de mis viajes y que si alguna vez vuelvo a ese maravilloso país, las puertas de esa casa estarán abiertas para mi hermana y para mí. Lo que más me asusta es pensar si los encontraremos a todos vivos, después de una guerra que no debería haber empezado.

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