05 enero 2013

Yemen y los tres Reyes Magos


Yemen (en árabe اليمن Al-Yaman), deriva de la palabra Al-Yumn que significa bendición y prosperidad. Ptolomeo traduciría al griego el nombre como Eudaimon Arabia “Afortunada Arabia” y de ahí llegó el calificativo latino de “Arabia Felix” que ensalza las fértiles zonas de sus montañas y la abundancia de agua en contradicción con los desiertos de otras zonas de Arabia.

Yemen es la Arabia Feliz de los aromas a especias, del fragante incienso y de la enigmática mirra. Aromas exóticos y evocadores que los yemeníes han seguido utilizando a través del tiempo con sabiduría y talento. Aún es posible encontrar incienso y mirra a granel en sus mercados o zocos (en árabe سوق sūq).

Yemen fue dominado por tres civilizaciones sucesivas: los mineos, los sabeos y los himyaríes. El Reino de Ma'in gobernó en el noroeste del Yemen desde el siglo IX a.C. hasta el siglo I a.C., el bíblico Reino de Saba se extendió en la zona sur-occidental del Yemen desde el siglo IX a.C. hasta el 275 d.C. y por último provenientes de una antigua tribu semítica, los himyaríes se aliarían con los sabeos desde el siglo VIII a.C. hasta el siglo III d.C.

La economía y riqueza del Yemen se basó durante siglos en el cultivo de incienso, mirra y el comercio de especias. Todos estos productos fueron enormemente valorados por las civilizaciones antiguas y eran utilizados en ocasiones como productos mágicos. Se sabe que los hebreos valoraban el incienso y la mirra ¡cómo si se tratara de oro!. Esto nos lleva al célebre acontecimiento de la visita a Belén de los Reyes Magos de Oriente. Al recién nacido Jesús de Nazaret le obsequiarían con cofres cargados de oro, incienso y mirra, de reconocido valor.

Cuenta una leyenda (algunos dicen que está en la Biblia) que el Rey Melchor salió del punto más meridional de la Ruta del incienso en busca del nacimiento del Mesías. Ese lugar está localizado en el Golfo de Adén, entre las poblaciones de Adén y Al Mukalla, el puerto situado en el Índico es un hermoso lugar de aguas azules en contraste con el verdor de la vegetación. Desde antiguo este lugar servía para la llegada de los barcos de la Ruta del incienso y de enlace con las expediciones que viajaban a la India y a Oriente. En la actualidad las aguas transparentes de las playas de arena blanca, como ahora Bir’Ali, siguen salvajes y vírgenes, sin que ningún complejo hotelero se haya afincado. Entre arrecifes de coral se extienden hoy los antiguos ecos de la Ruta del incienso y un mar lleno de aventuras como telón de fondo. Con las luces del amanecer es posible contemplar grupos de delfines saltando sobre sus aguas. La naturaleza regala al viajero estupendas sorpresas en Yemen.

En el camino entre Ataq y el mar, concretamente entre Ar-Rawdah y Bir Ali, se encuentra una antigua población judía conocida con el nombre de Azzan, de aquí dicen que partió el Rey Baltasar para adorar al niño en el portal de Belén. En la actualidad la población es un bastión de al-Qaeda; esperemos que esto no sea un impedimento para que los Reyes Magos lleguen este año a nuestras casas ;)

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