01 enero 2013

Ponte Vecchio (Florencia)


Italia es el país que atesora los puentes más hermosos que he visto hasta ahora en mis viajes por el planeta. Uno de los que embellecen mi recuerdo es sin duda el Puente Viejo, símbolo de la ciudad de Florencia y al que toda guía de viajes le dedica al menos dos páginas. El Ponte Vecchio como se le conoce popularmente, fue construido en el año 1345 y es el más antiguo de los puentes que atraviesan el río Arno y que se conserva desde época medieval. Una calzada ancha bordeada de tiendas se extiende sobre tres robustos arcos de medio punto. Desde época romana las dos riberas del Arno; la ribera de la ciudad y su orilla opuesta comúnmente llamada por los florentinos “Oltrarno”, han estado unidas por algún tipo de construcción, primero en madera y después en piedra.

La autoría del Ponte Vecchio es controvertida, los nombres de dos artistas de la época salen a la palestra: Taddeo Gaddi (1300-1366) y Neri di Fioravante (1340-1384). Sea como fuere, desde siempre el Ponte Vecchio ha acogido a vendedores y mercaderes bajo sus pórticos. Por encima de la fila de talleres y tiendas se construyó en 1565 el Corredor de Vasari; un pasillo de un kilómetro de largo utilizado por la familia Médicis para trasladarse con la máxima seguridad, desde su residencia ubicada en el Palacio Pitti hasta la sede del gobierno situada en el Palazzo Vecchio; atravesaban el río Arno sin pisar la calle.

No fue hasta el año 1594 que Fernando I de Médicis decidió que era preferible que se instalaran talleres de orfebres a ambos lados del puente y no carniceros o curtidores que ensuciaban el maravilloso puente y las aguas que lo surcaban, con los respectivos malos olores que él sufría cuando andaba por el corredor.

Sobre la arcada central se interrumpe la fila de comercios y edificaciones y se alza el busto de uno de los mayores orfebres florentinos: Benvenuto Cellini (1500-1571), autor entre otras muchas obras, de la escultura de Perseo que domina la Loggia dei Lanzi, también de Florencia.

A todas horas el Ponte Vecchio es un hervidero de gente, pero es al caer el sol; cuando el reflejo del puente se dibuja sobre el río Arno, cuando hay que estar preparado para contemplar una imagen inolvidable.

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