28 enero 2013

Piazza San Marco (Venecia)


Cualquier viaje a la Serenissima debería comenzar en la Piazza San Marco. Aparecer al despuntar el alba, cuando todavía no se han apagado, las diminutas luces que iluminan tenuemente las ventanas de las Procuratie. Cuando apenas se distingue entre la bruma matinal, lo real de lo onírico.

Estamos delante de una de las plazas más bonitas del mundo y la más grande de la ciudad de Venecia. La única a la que llaman piazza, piazza sólo hay una: la Piazza San Marco. Ya en el nombre se pone de manifiesto su condición única (las demás plazas reciben el nombre de Campo y si son más pequeñas Campiello o Piazzetta).

Napoleón dijo de ella que era “el más bello Salón de Europa”, pero quien mejor supo trasladar su esencia en palabras fue John Ruskin. El escritor británico autor del libro Las piedras de Venecia, detalla la Piazza San Marco en una página de su diario de noviembre de 1849: Allí, durante diez siglos, los deseos de los hombres han sufrido las metamorfosis del mar; allí sus mentes se han dado encuentro viniendo del este y del oeste, y las corrientes de cien naciones se han reunido en un apretado torbellino, donde una gloria siempre nueva emerge de la espuma: el severo pisano y el soñador griego y el árabe inquieto, el lánguido otomano y el poderoso teutón; allí, la paciencia de la temprana cristiandad y el entusiasmo de la superstición medieval, y el fuego de los antiguos y el racionalismo de los infieles recientes, todos han encontrado su trabajo, y todos su tiempo. Allí han sido esculpidos los mármoles de mil montañas, cada una por quienes vivían a los pies de sus laderas, y las ofertas de mil islas se han reunido en una nube de incienso y de esta máscara y danza moruna de reinos y de épocas surgió la salvaje armonía del mar, la más dulce que el alma humana haya podido concebir.

Mientras, sin darnos cuenta, el sol aparecerá tras la Basílica de San Marco, la luz cegadora de un nuevo día iluminará las otras joyas que nos aguardan en esta plaza: la Torre dell’Orologio, el Palazzo Ducale y el soberbio Campanile, pero será otro día cuando os relate su historia. Hoy dejémonos ensimismar por el centro de la vida veneciana.

Los primeros habitantes de Venecia construyeron en este lugar el Palacio Ducal y la Basílica de San Marco a comienzos del siglo IX. La plaza era más pequeña que la actual y estaba atravesada por un canal que fue cubierto con tierra a finales del siglo XII. Con el pasar de los años fue escenario de ceremonias, fiestas, torneos y cabalgatas, hasta el día de hoy, que preside las fiestas de Carnaval.

Uno puede viajar a Venecia sin ser Carnaval, pero no debe marcharse sin haber pisado la Piazza San Marco.

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